Capítulo 2 – Los Astros contra Los Superestrellas
El foro estaba lleno de murmullos. Las luces calentaban el aire y las cámaras se movían de un lado a otro, listas para capturar sonrisas, lágrimas... o decepciones. Cyrus tenía los puños apretados sobre las rodillas. Sentía el corazón golpeándole el pecho como si quisiera salirse. Desde la tribuna, Tía Lety lo miraba con atención, y a su lado, Dilan no dejaba de moverse, inquieto.
Juez: —Y los niños que formarán parte de esta temporada de Pequeños Gigantes son... —anunció, alargando la frase mientras la música de suspenso hacía lo suyo. Un nombre. Pausa. Otro nombre. Cyrus tragaba saliva con cada silencio. —Kenneth Lagunes. —El foro explotó. Gritos, aplausos, carteles levantándose de golpe. #TeamKenneth se leía en más de uno. Kenneth sonrió, saludó a la cámara con naturalidad y se puso de pie con esa seguridad que parecía venirle de fábrica. Cyrus cerró los ojos un segundo. Eso sí lo esperaba. Los nombres de los niños siguieron saliendo hasta que ocurrió lo que Cyrus no esperaba en absoluto. —... y Cyrus Ríos. —Por un momento pensó que había escuchado mal.
Cyrus: —¿Qué? —susurró.
Dilan: —¡ESO, BRO! —gritó desde las gradas—. ¡TE LO DIJE! —El corazón le dio un brinco tan fuerte que casi se le sale por la boca. Tía Lety aplaudía con calma, pero sus ojos brillaban orgullosos. Cyrus subió al escenario con las piernas pesadas. La conductora le puso una mano en el hombro.
Conductora: —Bienvenido, campeón. —Y entonces lo sintió. La mirada de Kenneth, fija en él. No sonreía. No aplaudía. Solo lo observaba, como si lo estuviera midiendo. ¿Qué le pasa?, pensó Cyrus. ¿Por qué me ve así?
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Más tarde, en los camerinos, Dilan apareció corriendo con su gorra roja chueca.
Dilan: —¡BRO! —le dio un abrazo tan fuerte que casi lo tumba—. ¡Lo lograste!
Cyrus: —No... no me la creo —dijo, todavía en shock.
Dilan: —Yo sí. Porque eres un crack. —Se separó un poco—. Ahora me toca verte en la tele, ¿eh? Pero te voy a estar echando porras en cada programa, te lo juro. —Cyrus sonrió. Sentía una mezcla rara en el pecho: emoción... y miedo.
Cyrus: —Gracias, Dilan.
Dilan: —Nada. ¡Demuéstrales quién eres! —le guiñó un ojo antes de irse. Tía Lety se acercó después y lo abrazó con fuerza.
Tía Lety: —Estoy orgullosa, mijo, pero acuérdate: aquí no venimos a marearnos, venimos a darlo todo.
Cyrus: —Sí, tía —respondió, bajando la mirada, pero sonriendo.
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La conductora volvió a reunir a todos los niños en el escenario.
Conductora: —Ahora vamos a formar los equipos que competirán cada semana. —Cyrus sintió que el aire se le atoraba en la garganta. —En Los Superestrellas: Kenneth Lagunes... Marisol Díaz... —Una niña alta, de pelo lacio y sonrisa deslumbrante, levantó la mano y saludó a la cámara como si llevara años haciéndolo. Marisol se colocó junto a Kenneth sin dudar.
Marisol: —Hola, Kenneth —dijo con confianza—. Vamos a arrasar. —Kenneth sonrió de medio lado.
Kennet: —Obvio. —Cyrus desvió la mirada.
Conductora: —En Los Astros: Cyrus Ríos. ¡Bienvenido, campeón! —Algunos niños se acercaron a felicitarlo, pero él no dejaba de mirar, de reojo, al otro equipo. Se ven tan seguros..., pensó. Yo solo quiero cantar bien.
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El primer reto fue sencillo en papel: cantar en grupo para demostrar química y talento. Los Superestrellas salieron primero. El foro se vino abajo cuando Kenneth tomó el micrófono; no solo cantaba: dominaba el escenario, sonreía a la cámara, giraba con naturalidad, hacía señas al público como si todo fuera un juego. Marisol bailaba a su lado, lanzando miradas y sonrisas, robándose focos sin esfuerzo. Cuando terminaron, los aplausos fueron ensordecedores. Hasta los jueces se miraron entre ellos, impresionados. Cyrus tragó saliva. ¿Cómo compito con eso?
Llegó el turno de Los Astros. Cyrus cerró los ojos, respiró hondo, no buscó cámaras, no pensó en el público; cuando cantó, lo hizo con el corazón. Su voz salió limpia, intensa; por unos segundos, el foro se quedó en silencio. Tía Lety se llevó la mano al pecho.
Tía Lety: —Ese es mi niño... —El aplauso no fue tan escandaloso, pero fue real, honesto. Desde el otro lado del escenario, Kenneth lo observaba con los brazos cruzados; no sonreía, sus ojos brillaban con algo distinto, interés.
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Tras bambalinas, mientras los jueces deliberaban, Marisol se acercó a Kenneth.
Marisol: —La rompiste —dijo, empujándolo con el hombro—. Estuviste increíble.
Kenneth: —Gracias —respondió él, relajado—. Tú también bailas muy bien. —Marisol sonrió, acercándose un poco más.
Marisol: —Hacemos buen equipo, ¿no crees? —Kenneth soltó una risita.
Kenneth: —Obvio. Vamos a ganar, eso ni se pregunta. —Cyrus, que estaba cerca tomando agua, sintió un nudo raro en el estómago. No entendía por qué... pero le molestó.
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El programa terminó entre luces y música de cierre. Los niños salían con bolsas de dulces y recuerdos del primer día. Cyrus caminaba cansado pero contento... hasta que escuchó:
Kenneth: —¡Eh, tú! —Se volteó. Kenneth venía hacia él, con paso seguro. Cyrus tragó saliva.
Cyrus: —¿Q-Qué... qué pasó? —Kenneth se detuvo frente a él y lo miró directo a los ojos.