Temporada 1: Los gigantes del escenario.

Capítulo 3

Capítulo 3 – Detrás de las luces

El sol se iba escondiendo detrás de los enormes ventanales del foro. Las luces blancas se apagaban una a una, dejando encendidos solo los reflectores que apuntaban al escenario. El ambiente ya no era el mismo del programa en vivo: sin cámaras, sin gritos, sin aplausos, solo murmullos, risas lejanas y el cansancio del día.

Cyrus estaba sentado en una banca metálica, con las manos juntas y la espalda un poco encorvada. Desde ahí observaba a Kenneth, que reía a carcajadas mientras hablaba con Marisol al otro lado del pasillo. Ella se acercaba demasiado, tocándole el brazo, diciéndole algo al oído. Kenneth sonreía como siempre, relajado, seguro, haciendo gestos con las manos como si estuviera contando una anécdota divertida.

Dilan: —Bro, ya, neta —dijo, dándole un codazo—. ¿Qué esperas? ¿Qué te mande invitación por WhatsApp o qué? —Cyrus desvió la mirada de inmediato.

Cyrus: —Es que... no sé qué decirle.

Dilan: —Pues "hola", no manches —respondió, rodando los ojos—. Tú quieres ser su compa, ¿no? Pues hazlo antes de que esa morra se lo coma vivo. —Señaló a Marisol con gesto burlón. Cyrus soltó una risa nerviosa, casi inaudible.

Cyrus: —Ella es... no sé, supersegura.

Dilan: —Y tú cantas mejor, así que ya tienes ventaja —dijo con una sonrisa maliciosa—. Ándale, bro, hazlo, yo me tengo que ir, pero cuando te mande un mensaje no quiero que me digas que no lo hiciste, bro. —Dilan se fue. Cyrus respiró hondo. ¿Y si piensa que soy un menso? ¿Y si ni le caigo bien? Se levantó de golpe, decidido.

Cyrus: —Está bien. Voy. —Pero apenas dio tres pasos, Marisol se atravesó justo frente a él, como si lo hubiera calculado.

Marisol: —Hola, Cyrus, ¿no? —dijo con voz melosa, sonriendo demasiado.

Cyrus: —Eh... sí —respondió él, parpadeando.

Marisol: —Oye, Kenneth y yo vamos a practicar un poco de baile. ¿No quieres ver cómo se hace de verdad? —añadió, con una sonrisa que parecía más reto que invitación. Antes de que Cyrus pudiera contestar, la voz de Kenneth sonó desde lejos.

Kenneth: —¡Marisol! Ya está lista la pista. —Ella le guiñó un ojo a Cyrus y salió corriendo. (Claro... ella siempre va un paso adelante.) Cyrus se quedó ahí, de pie, sintiendo cómo el valor que había juntado se le deshacía entre los dedos.

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Esa noche, el sueño no llegó. Cyrus daba vueltas en la cama mientras la melodía seguía sonando en su cabeza. El silencio del dormitorio le pesaba; sentía que, si no cantaba, si no sacaba todo eso que traía dentro, iba a explotar. Se levantó con cuidado, tomó su botella de agua y caminó en puntitas hasta el foro. El lugar estaba oscuro, enorme, casi intimidante. Encendió un par de luces del escenario y conectó la pista en su celular. Su voz empezó suave, temblorosa... y poco a poco fue creciendo. Cerró los ojos; ahí, sin nadie mirándolo, sin cámaras, sin presión, era libre.

Kenneth: —Cantas bien cuando nadie te ve, ¿verdad? —El corazón de Cyrus casi se le sale del pecho. Se volteó de golpe. Kenneth estaba recargado en una bocina, con los brazos cruzados y una sonrisa tranquila, de esas que no sabías si eran burla o admiración.

Cyrus: —¿Q-Qué... qué haces aquí? —preguntó, nervioso. Kenneth se encogió de hombros.

Kenneth: —No podía dormir. Pasé y escuché. —Se acercó despacio—. La neta... cantas chido. Mejor que en la audición. —Cyrus sintió cómo se le calentaban las mejillas.

Cyrus: —Gracias... supongo. —Kenneth sonrió más, confiado.

Kenneth: —Te digo algo... no pensé que fueras tan bueno. Creí que eras de esos que se ponen nerviosos y ya.

Cyrus: —Pues... sí me pongo nervioso —admitió—, pero cuando canto se me olvida todo. —Kenneth lo miró fijo, serio por primera vez.

Kenneth: —Eso está chido. Neta. —Luego sonrió—. Te respeto, bro. —Algo se movió dentro de Cyrus. Algo nuevo.

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Un estuche de plástico cayó al suelo. Kenneth lo recogió y leyó la portada.

Kenneth: —¿Tienes el FIFA? —Cyrus sonrió, relajándose por primera vez.

Cyrus: —Sí. ¿Juegas? —Kenneth soltó una carcajada.

Kenneth: —¿Que si juego? Soy una bestia en FIFA.

Cyrus: —Ah, ¿sí? —levantó la ceja—. Porque nadie quiere perder conmigo. ¿O tú sí quieres perder, Kenneth? —Kenneth se quedó mirándolo un segundo... y luego se rio de verdad.

Kenneth: —¡Órale! Va, pues. A ver si es cierto. —Entre goles, reclamos y risas, las horas volaron. Gritos de "¡No manches!", empujones amistosos y bromas llenaron la sala. Este morro... es diferente. Me cae bien. —Pensó Kenneth. Cuando el reloj marcó casi la medianoche, ambos bostezaron. —Ya estuvo, bro. Mañana hay programa —dijo.

Cyrus: —Sí... gracias por jugar —respondió, sonriendo.

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En el texto hay: amistad, kennethlavill, cyrus

Editado: 21.06.2026

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