Capítulo 6 – La noche más larga
El foro ya estaba casi vacío, los globos desinflados y los papelitos de colores seguían regados por el piso, como restos de una celebración que había terminado demasiado rápido. Afuera, la noche de la Ciudad de México parecía no tener fin, iluminada por las luces de los estudios y el eco lejano de la producción apagando cámaras. Cyrus estaba sentado en una esquina del pasillo, con la chamarra colgada sobre los hombros y la mirada clavada en el suelo. El ruido ya no importaba, solo una frase seguía repitiéndose en su cabeza, una y otra vez: "No pienso perder contra él." Sentía el pecho apretado, como si algo se hubiera quedado atorado ahí.
Dilan: —¿Me das chance? —La voz lo sacó de sus pensamientos. Dilan apareció con su sonrisa de siempre y un chocolate en la mano. —Te vi medio apagado, bro. ¿Qué onda? —Cyrus levantó la vista y aceptó el chocolate, aunque no tenía hambre.
Cyrus: —Nada... cosas mías.
Dilan: —¿Cosas tuyas? —se sentó a su lado—. No inventes. Te conozco desde que cantabas en el cuarto de ensayo. Traes esa cara desde el pleito de allá atrás, y seguro que tiene que ver con Kenneth. —Cyrus se tensó.
Cyrus: —¿Cómo sabes...?
Dilan: —Pues porque medio mundo se ha dado cuenta de la distancia que has marcado con él. —Se encogió de hombros—. Pero no te claves; sea lo que haya pasado, seguro fue un malentendido. Kenneth no se ve mala onda, ¿o sí? —Cyrus bajó la mirada, dudando.
Cyrus: —No sé... yo pensé que éramos amigos. —Dilan lo miró serio por primera vez.
Dilan: —Y lo son, bro. Mira, aquí si no hablas, te come el silencio. Si algo te dolió, díselo, así de simple. —Cyrus asintió despacio, cuando de pronto unos pasos resonaron en el pasillo.
Kenneth: —¿Podemos hablar? —Kenneth estaba ahí, de pie, con el ceño apenas fruncido y la voz más seria de lo habitual. Dilan se levantó de inmediato.
Dilan: —Los dejo —dijo, dándole una palmada a Cyrus—. Suerte, bro. —Kenneth se sentó frente a él. No había cámaras, no había público, solo ellos.
Kenneth: —¿Qué te pasa, Cyrus? —preguntó directo—. Desde hace rato andas raro conmigo. —Cyrus tragó saliva; el momento había llegado.
Cyrus: —Escuché lo que dijiste... a Marisol —confesó—. Eso de que no querías perder contra mí. —Kenneth abrió los ojos un segundo y luego negó con la cabeza, soltando una pequeña risa.
Kenneth: —¿Eso era? No, no, no... —dijo rápido—. No lo dije en mala onda, neta. —Su tono era honesto—. Lo dije porque competir contigo me emociona, eres bueno, Cyrus, me haces querer dar lo mejor de mí. —Cyrus lo miró, sorprendido.
Cyrus: —¿De verdad?
Kenneth: —Claro —le dio un golpecito en el hombro—. ¿Pensaste que andaba de villano o qué? —Cyrus soltó una risa nerviosa y luego otra más sincera. La tensión empezó a deshacerse, como si alguien hubiera soltado un nudo invisible.
Cyrus: —Perdón... —murmuró.
Kenneth: —Nah, todo bien —respondió—. Para eso se habla. —Se quedaron ahí, platicando como antes; hablaron de sus familias, de lo raro que era estar lejos de casa, de lo que habían dejado atrás para estar en el programa. Cuando Cyrus reveló que sus padres murieron en un grave accidente y que ahora solo tiene a su tía Lety, Kenneth no lo pensó dos veces y lo abrazó con todas sus fuerzas para consolarlo. Kenneth confesó que soñaba con llenar estadios, que la música era todo para él y que su sueño era algún día debutar en un grupo como cantante. Cyrus, con la voz más baja, dijo que quería que la gente lo recordara no por ganar, sino por lo que sentían al escucharlo. Kenneth se levantó de pronto, con esa chispa que siempre traía. —Oye... —¿Y si ensayamos juntos? —propuso—. Mañana es la final, ¿qué mejor que cerrar la noche cantando? —Cyrus dudó apenas un segundo.
Cyrus: —Va. —Encontraron una sala casi a oscuras, con un piano al fondo y dos micrófonos olvidados. Kenneth tocó las primeras notas, Cyrus entró con la voz, luego Kenneth se unió. Por primera vez, cantaron juntos; las voces se mezclaron de una forma natural, poderosa, como si siempre hubieran estado hechas para encontrarse. No era solo un ensayo, era algo más profundo... algo que ninguno de los dos iba a olvidar. Cuando terminaron, el silencio los envolvió; luego ambos rieron, sin poder evitarlo.
Kenneth: —Esto estuvo brutal —dijo, con esa seguridad tan suya—. Pase lo que pase mañana, Cyrus... ya somos gigantes. —Cyrus asintió, con el corazón latiendo fuerte.
Cyrus: —Sí... ya somos gigantes. —Bajo las luces apagadas del foro, entendieron que esa noche, la más larga, los había cambiado para siempre.