Capítulo 2 – "Celos"
El sol apenas empezaba a colarse por las enormes ventanas del foro cuando Kenneth y Cyrus cruzaron la entrada principal con la vestimenta que tenían que usar para sus personajes. Todavía se sentía raro, raro de la forma bonita, como ponerse ropa nueva y descubrir que sí te queda.
El aire olía a maquillaje, café recién hecho y cables ardientes de iluminación. Gente caminaba de un lado a otro con audífonos, carpetas y radios sonando sin parar y aun así... Kenneth seguía viéndolo todo con ojos de morro emocionado.
Kenneth: —Bro... —dijo por quinta vez desde que llegaron—. ¿Te das cuenta? Estamos en Televisa grabando una novela. —Alzó los brazos mientras caminaban por el pasillo como si quisiera abrazar todo el lugar. —¡Una novela, güey! —Cyrus soltó una risa bajita.
Cyrus: —Sí... está increíble. —Pero la sonrisa no le terminó de llegar a los ojos, porque mientras Kenneth parecía flotar de emoción... Cyrus traía el estómago hecho nudo desde que despertó y no quería pensar demasiado en por qué.
Mariana apareció unos segundos después, caminando rápido con una carpeta pegada al pecho.
Mariana: —¡Buenos días, estrellas infantiles! —Kenneth se rio al instante.
Kenneth: —Todavía no me acostumbro a que nos digan eso.
Mariana: —Pues acostúmbrate, porque ayer en la presentación de la novela, ustedes dieron mucho de qué hablar; el público estaba feliz de verlos trabajar juntos nuevamente después del capítulo del dicho que se mandaron. —Kenneth abrió los ojos.
Kenneth: —¿Neta?
Mariana: —Neta. —Volteó hacia Cyrus. —La gente está diciendo que su química frente a cámara se siente demasiado natural. —Kenneth soltó una carcajada.
Kenneth: —Pues es que llevamos años molestándonos. —Cyrus sonrió apenas.
Cyrus: —Sí... práctica no falta. —Pero algo en esa frase se sintió distinto, más bajito, más personal.
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En vestuario todo fue más relajado. Kenneth no dejaba de verse al espejo mientras acomodaban la ropa de Memo sobre él: la chamarra sencilla, los tenis gastados, el pantalón un poco flojo... todo hacía que el personaje se sintiera más real.
Kenneth: —No manches... sí parezco morro que se la ha rifado duro, ¿eh? —La vestuarista soltó una risa mientras le acomodaba el cuello de la sudadera.
Vestuarista: —Pues acostúmbrate, Memo López Guerrero. —Cyrus, sentado al lado mientras le arreglaban el cabello, lo miró por el espejo y sonrió sin querer, porque Kenneth feliz era contagioso, siempre lo había sido. Kenneth agarró la mochila del personaje y se la colgó exageradamente al hombro.
Kenneth: —"Mamá, te juro que ahora sí voy a empezar una nueva vida en el barrio..." —Hizo voz dramática de novela. —...pero primero déjame echarme unos taquitos. —Cyrus ya no aguantó y soltó la risa.
Cyrus: —No manches, güey, das pena.
Kenneth: —Pero me amas. —Silencio, pequeño, minúsculo, pero suficiente para que Cyrus desviara la mirada antes de responder.
Cyrus: —Cállate ya. —Kenneth no lo notó o quizá sí, pero ninguno dijo nada.
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Las escenas de la novela comenzaron a grabarse. En este caso, es a Kenneth a quien le tocaba primero entrar en escena, ya que el personaje de Cyrus se integraba más adelante. Kenneth lograba interpretar a la perfección a un niño con la discapacidad motriz que tiene de no poder caminar bien y no solo eso, sino que además venía llegando con su madre a vivir a un nuevo barrio huyendo de los maltratos de su padre. Todos estaban convencidos de que sin duda el público conectaría muchísimo con el personaje.
Las semanas de las grabaciones fueron pasando hasta que por fin le tocaría entrar en escena a Emi, el personaje que haría Cyrus. Todo partiría de la siguiente manera: Memo encontraría a Emi en un callejón abandonado y ahí estaba en el suelo tirado; se veía abandonado. A Memo le dolió mucho ver eso e intentó acercarse, pero Emi era muy desconfiado por todo lo que ha tenido que sufrir. Costó muchísimo que Memo lograra ganarse su confianza, pero finalmente lo logró.
Cuando ya los dos personajes empezaron a entrar en confianza, todo fluyó de manera automática. Las bromas salieron naturales, las miradas, las pausas, como si no estuvieran actuando. El director observaba desde el monitor con una sonrisa cada vez más radiante.
Director: —Y... ¡Corte! —El set entero se relajó. —No inventen... estos chavos son oro puro. —Un camarógrafo levantó el pulgar.
Camarógrafo: —Se sienten reales. —Kenneth chocó el hombro con Cyrus.
Kenneth: —¿Viste? Somos unos destacados Cy. —Cyrus soltó una risa.
Cyrus: —Sí, cómo no. —Pero verlo feliz... seguía siendo imposible de ignorar.
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Horas después, Mariana les enseñó algunas tomas en el monitor. En pantalla, Kenneth y Cyrus se veían exactamente como eran fuera de cámara, cómodos, cercanos, con esa confianza que no se puede fingir.