Capítulo 8 – "Lo que no dije"
La azotea estaba casi vacía. Abajo todavía se alcanzaba a escuchar el caos del foro: asistentes corriendo, gente desmontando cámaras, risas cansadas después del último día de grabación, pero allá arriba todo parecía suspendido en otro tiempo. El viento movía suave las lonas publicitarias y el cielo se había pintado de naranja, rosa y violeta, como si la ciudad de México entero hubiera decidido guardar silencio para verlos a ellos dos.
Kenneth cerró la puerta metálica detrás de sí y respiró hondo; sentía el corazón golpeándole el pecho tan fuerte que juraba que Cyrus podía escucharlo. Tenía las manos sudadas, las ideas revueltas y una sensación rarísima en el cuerpo, como cuando sabes que estás a punto de cambiar algo para siempre.
Cyrus estaba recargado en la barandilla, mirando la ciudad; las luces empezaban a encenderse abajo, pequeñas y temblorosas. Kenneth tragó saliva.
Kenneth: —Cyrus... —Él volteó apenas y entonces Kenneth lo vio de verdad, no al Cyrus del canal, no al que hacía bromas, no al que improvisaba canciones para sacar una risa en medio de una grabación; vio al Cyrus cansado, vulnerable, al que llevaba semanas cargando algo enorme en silencio. Kenneth bajó la mirada un segundo antes de volver a levantarla. —Esa canción... —La voz se le quebró tantito—. ¿La hiciste para mí? —El aire se congeló. Cyrus apretó la mandíbula y soltó una risa nerviosa, chiquita, triste.
Cyrus: —N-No... n-no debiste escucharla. —Desvió la mirada hacia el suelo. —No estaba listo para que supieras eso. —Kenneth sintió un nudo horrible en el pecho, porque de pronto todo tenía sentido: las miradas largas, los silencios incómodos, la distancia, los celos, la forma en que Cyrus se apagaba cada vez que él aparecía con Valentina y, sobre todo... esa canción, una canción tan llena de dolor que todavía le ardía en el pecho desde la primera vez que la escuchó.
Cyrus respiró hondo, intentando mantenerse firme.
Cyrus: —Ni siquiera sabía cómo decirlo, nomás... salió; supongo que cantar era más fácil que hablar. —Kenneth sintió los ojos húmedos y, antes de pensar cualquier cosa, dio un paso al frente y lo abrazó, fuerte, con desesperación, como si hubiera pasado meses conteniendo eso. Cyrus se quedó tieso apenas un segundo, sorprendido... pero luego se aferró también. Cerró los ojos y escondió la cara en su hombro y ahí, por fin, el mundo dejó de sentirse tan pesado.
Kenneth: —Perdóname... —Susurró, con la voz rota—. Perdóname por no darme cuenta, por alejarte así. —Cyrus negó despacito.
Cyrus: —No fue tu culpa.
Kenneth: —Sí lo fue un poquito... —Soltó una risa triste—. Me clavé tanto en todo esto de la novela, las entrevistas, las escenas... que dejé de verte como antes. —El viento sopló más fuerte. Kenneth cerró los ojos. —Y yo no quiero perderte, Cyrus, neta no. —Sintió cómo Cyrus respiraba tembloroso contra su hombro. Kenneth se separó apenas lo suficiente para mirarlo. —Tú eres... —Se quedó atorado unos segundos buscando palabras—. Eres la mejor parte de todo esto. —Cyrus bajó la mirada, completamente desarmado. Kenneth sonrió chiquito. —Y gracias.
Cyrus: —¿Gracias por qué? —Kenneth soltó aire por la nariz.
Kenneth: —Por hacerme entender que juntos somos otra cosa, algo más grande, más fuerte, más real. —Los ojos de Cyrus brillaron; o sea, es cierto que no le están poniendo un nombre a lo que sienten, pero el silencio entre ellos ya no dolía, ahora abrazaba. Kenneth soltó una risa nerviosa. —Qué loco, ¿no?
Cyrus: —¿Qué cosa?
Kenneth: —Que una canción casi nos destruye... y al mismo tiempo nos arregló. —Cyrus sonrió por primera vez en semanas, una sonrisa real, de esas que le iluminaban toda la cara.
Cyrus: —Supongo que siempre hablamos mejor cantando. —Kenneth soltó la carcajada.
Kenneth: —Eso sí. —Y por primera vez en mucho tiempo, volvieron a sentirse ellos, sin miedo, sin distancia, solo Kenneth y Cyrus contra el mundo.
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Tiempo después, el auditorio parecía otro planeta. Kenneth y Cyrus fueron invitados a un show especial porque cuando se estrenó la escena de la teleserie donde los dos cantaron juntos, fue una escena que se volvió viral por la increíble voz que hacen juntos, así que les pidieron a ambos que cantaran para todos.
Luces moviéndose por todas partes, gritos que hacían vibrar el piso, pancartas gigantes con frases del canal, fans llorando desde antes de que empezara el show.
"KENYRUS FOREVER"
"BRILLANDO SIN MIEDO"
"USTEDES SON HOGAR"
Kenneth miró todo desde backstage y sintió que las piernas le temblaban.
Kenneth: —Bro... esto está cañón. —Cyrus, afinando la guitarra, soltó una sonrisa nerviosa.
Cyrus: —¿Y si nos desmayamos?
Kenneth: —Pues nos desmayamos juntos. —Ambos soltaron la risa y ese pequeño momento bastó para calmar el miedo.
Cuando salieron al escenario, el auditorio explotó, miles de voces gritando sus nombres, miles. Kenneth sintió la piel erizarse completa, tomó el micrófono intentando no quebrarse, Cyrus hizo lo mismo y cuando los dos ya estaban listos, empezaron a cantar, primero su primer tema brillando sin miedo, luego el tema por el que se volvieron virales, amor sincero, y entonces cuando parecía que todo había terminado, Kenneth tomó nuevamente el micrófono; al parecer tenía algo más que decir.