Capítulo 1 — "Amores queridos han de ser reñidos"
ESCENA 7
El coche avanzó entre árboles enormes mientras el cielo comenzaba a nublarse lentamente y cuando finalmente llegaron... Raúl prácticamente se quedó con la boca abierta. Frente a ellos había una casa enorme con alberca, terraza y un jardín gigantesco.
Raúl: —¡No manches! —Dennis también se quedó impresionado.
Dennis: —Está bien, bonita. —Carolina bajó primero del auto sonriendo orgullosa. Raúl volteó confundido alrededor.
Raúl: —Oye, Carolina... —¿Y tus papás ya llegaron? —Carolina soltó una risita.
Carolina: —Ay, Raulito... —¿De verdad pensaste que venían? —Raúl parpadeó confundido.
Raúl: —¿Entonces por qué eso les dijeron a mis papás? —Gerardo intervino inmediatamente.
Gerardo: —Pues porque si no, no nos iban a dejar venir, chaparro. —Raúl abrió muchísimo los ojos. —Pero relájate, solo somos nosotros cinco. —Romina sonrió intentando tranquilizarlo.
Romina: —No te preocupes, somos responsables y los vamos a cuidar, aunque no lo crean. —Raúl soltó una risa incrédula.
Raúl: —Órale, pasaron de no querer incluirme... a hacer planes de adultos mentirosos. —Dennis soltó una carcajada. Raúl levantó las manos. —Pero no se preocupen. Yo no diré nada. —Dennis hizo una cruz imaginaria sobre su pecho.
Dennis: —Y yo tampoco. Soy una tumba. —Después volvió a mirar la casa. —Además, el lugar está hermoso. —Carolina aplaudió emocionada.
Carolina: —Bueno, antes de que empiece a llover, cada quien escoja su cuarto, pónganse traje de baño y nos vemos en la alberca —y así lo hicieron.
Minutos después... los cinco estaban dentro de la piscina entre gritos, salpicaduras y carcajadas. Raúl y Dennis competían por ver quién aguantaba más tiempo bajo el agua; Gerardo cargaba a Romina para aventarla, aunque ella gritaba que no, y Carolina observaba todo desde el borde de la alberca, sonriendo, pero pensando demasiado, pensando en el plan que ya tenía preparado entre manos.
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ESCENA 8
La noche cayó lentamente sobre la casa; la lluvia comenzaba a escucharse a lo lejos mientras la alberca seguía iluminada con luces azules. Raúl y Dennis seguían jugando dentro del agua como si todavía fueran niños chiquitos; Gerardo estaba sentado afuera muerto de frío.
Gerardo: —Ya salgan o se van a arrugar horrible. —Carolina soltó una risa.
Carolina: —Déjalos. Son chicos y se están divirtiendo. —Romina negó divertida.
Romina: —Sí, pero mañana van a parecer viejitos. —Raúl hizo una mueca dramática.
Raúl: —Aguafiestas. —Dennis suspiró resignado.
Dennis: —Bueno, ya vámonos porque sí tengo frío. —Los dos salieron de la alberca y subieron empapados hacia las habitaciones, todavía riéndose y, poco después... la casa quedó completamente en silencio o casi, porque Carolina abrió lentamente la puerta del cuarto donde dormían Raúl y Dennis.
Entró con muchísimo cuidado; Dennis seguía profundamente dormido. Raúl apenas se movió cuando ella lo sacudió poquito.
Raúl: —¿Qué pasó...? —Carolina habló bajito.
Carolina: —Abajo hay un juego de mesa bien divertido, vente. —Raúl seguía medio dormido.
Raúl: —¿Ahorita? —Carolina asintió rápidamente. Raúl bostezó.
Raúl: —¿Y Dennis? —Carolina sonrió.
Carolina: —Tú baja primero y ahorita despierto a Dennis. —Raúl, todavía confundido y adormilado, aceptó.
Bajó lentamente las escaleras mientras se tallaba los ojos; la casa estaba oscura, silenciosa, extrañamente silenciosa. Raúl caminó buscando a sus hermanos y entonces... vio movimiento afuera. Volteó hacia la alberca y el mundo se le detuvo por completo, porque ahí estaban Gerardo y Romina, besándose en medio de la alberca como si no existiera nadie más.
El corazón de Raúl se desplomó de golpe, sus ojos se abrieron completamente en shock y justo en ese momento... Gerardo y Romina levantaron la mirada, lo vieron ahí parado y el terror les atravesó el rostro al instante, porque Raúl acababa de descubrir el secreto que llevaban semanas escondiendo.
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ESCENA 9
El ambiente en la casa se había vuelto insoportable desde que regresaron del viaje; todo se sentía raro, pesado, como si hubiera una tormenta atorada dentro de las paredes esperando explotar en cualquier momento. Gerardo y Romina tenían un miedo constante de que Raúl hablara, de que en cualquier segundo fuera con sus padres y les contara todo lo que había visto aquella noche en la alberca, y eso los estaba consumiendo.
Esa tarde estaban encerrados en el cuarto de Romina hablando en voz baja mientras la ansiedad les carcomía el pecho. Gerardo caminaba de un lado a otro.
Gerardo: —No te preocupes... ya veremos qué hacemos. —Se pasó ambas manos por el cabello desesperado. —Aunque la neta... al final el viaje no sirvió de nada. —Pero lo que no sabían... era que alguien había escuchado todo. La puerta se abrió de golpe; Raúl estaba ahí con los ojos llenos de tristeza y decepción.