Capítulo 6 — "Hasta la madre del Día de los Muertos"
Volviendo dentro de la casa.
Esmeralda: —Pues yo creo que debemos dar por terminado el funeral; nadie más va a venir.
Francisco: —No.
Esmeralda: —Por.
Lidia: —Nos podemos esperar un ratito más, señor.
Sofia: —Si pa, deberías aprovechar y decir unas palabras.
Francisco: —Y yo por qué.
Manuel: —Porque era tu hermano, pa, seguramente lo extrañas, aunque hay hermanas que prefieres que te vayas de la paz de la tierra.
Sofía: —Manuel, por favor.
Francisco: —Es que no sé qué decir, Sofi.
Sofía: —Pues piensa algo, algún recuerdo entrañable que tengas con él.
Francisco: —Ah, sí, cuando éramos chicos vendimos limonada en nuestra calle, y nos fue muy bien, ganamos mucho dinero. Por mi parte, yo me quería comprar un yoyó y unas canicas, pero...
Manuel: —Pero, ¿qué, papá?
Francisco: —Pero Jorge se quedó con todo, porque según él había partido los limones y le puso el azúcar al agua. —Todos quedan en shock.
Esmeralda: — ¿No hay alguien más que quiera compartir una anécdota con nosotros?
Lalo: —Yo... a veces me hacía reír... por ejemplo, en mi cumple. Teníamos un juego: él se ponía dinero en una de sus manos y, si yo le atinaba, me quedaba con el dinero; si no, yo se lo tenía que dar a él. —Nuevamente, todos quedan en shock.
Santi: —¿Y en serio con todo eso que cuentas no se dieron cuenta cómo era en verdad? —En eso se escucha la puerta.
Lalo: —Yo corro a los niños.
Santi: —Y yo le sigo. —Cuando Lalo y Santi abren la puerta, se dan cuenta de que en realidad hay un señor.
Lalo: —Hola señor, me gusta su disfraz, pero aquí no tenemos dulces, además usted ya está demasiado viejo para estar pidiendo no —Santi interfiere
Santi: —Algo me dice que no viene a eso, Lalo.
Humberto: —Aquí es el funeral de Jorge San Román.
Lalo: —Pues sí.
Humberto: —Quítense —El hombre entra sin que Lalo y Santi puedan evitarlo.
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Volvemos adentro, donde Francisco y Humberto están frente a las cenizas de Jorge.
Francisco: —No pensé que fueras a venir, Humberto.
Humberto: —Solo vine para asegurarme que se murió, hay teoría de que fingió todo para quedarse con el dinero.
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Emilio: —A mí me encantan las teorías de conspiración. Seguro que el tío Jorge se fue a vivir a la misma isla donde viven Michael Jackson, Elvis Presley y Juan Gabriel.
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Francisco: —Ahí están sus cenizas.
Humberto: —Y las analizaron; puede ser polvo.
Francisco: —No había pensado en eso.
Humberto: —Si me das un tóper me las llevo al laboratorio para que las analicen.
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Francisco: —Hasta cree que le voy a dar un tóper, y si no me lo regresa.
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Luego se ve cómo en la casa ya se hace de noche, y se ve ahora mucha gente en el lugar; ahí Francisco se encuentra con una cara conocida.
Francisco: —Tú eres la que adivina el futuro, ¿no?
Adivinadora: —Sí, soy yo.
Francisco: —Me hubieras avisado, ¿sabes si va a venir Marta? —En eso la mujer empieza a concentrarse, pero justo aparece Esmeralda diciéndole a Francisco que necesita hablar con él, así que se lo lleva.
Esmeralda: —Todos estos que están aquí no vinieron a despedirse de tu hermano, vienen a aventarle la madre.
Francisco: —Y que tiene.
Esmeralda: —Pues me parece una falta de respeto para el difunto, bueno yo también le he aventado la madre varias veces, pero siempre rodeada de gente de confianza.
Francisco: —Se están desahogando, déjalos.
Esmeralda: —De saber que vendría la chatita, les hubiera echado más ganas a las galletas. —En eso se ve cómo una mujer rubia se acerca a la urna y empieza a llorar, llamando la atención de todos, incluso de Lalo y Santi, pero sobre todo de Francisco, porque él piensa que seguro esa mujer es Marta.
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En una habitación del fondo, Manuel y Lidia estaban hablando a solas.
Lidia: —Ya le avisaste a tu familia.
Manuel: —Estoy en eso.
Lidia: —No es que te quiera presionar... solo quería que supieras que tengo que dar una respuesta a los del trabajo hoy.
Manuel: —Sí mi amor, yo lo sé.