Capítulo 6 "Primero es la obligación que la devoción."
Habían pasado algunos días desde aquella noche, la noche donde todo cambió, donde Cyrus finalmente había contado la verdad, donde Kenneth había descubierto que la persona que siempre tenía a su lado había estado luchando una batalla completamente solo y, aunque después de eso las cosas parecían volver a la normalidad... algo era diferente.
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El canal seguía, los retos seguían, las risas seguían, pero había momentos donde Cyrus se quedaba mirando a Kenneth, lo observaba como intentando descubrir algo que no estaba diciendo, porque lo conocía demasiado bien, sabía cuándo Kenneth estaba feliz, cuándo estaba nervioso y también sabía cuándo algo le pasaba, aunque dijera que no.
Un día estaban grabando un video para el canal; Paula estaba haciendo una broma, Paulo intentaba convencer a Iker de hacer un reto imposible.
Iker: —No voy a comer eso, hermano.
Paulo: —Vamos, es contenido.
Iker: —Eso no es contenido, eso es una amenaza. —Todos comenzaron a reír, Cyrus también, pero por dentro seguía esa sensación, esa pequeña voz.
"Algo no está bien."
Más tarde, cuando quedaron solos un momento... Cyrus miró a Kenneth.
Cyrus: —Bro. Kenneth volteó.
Kenneth: —¿Qué pasó? —Cyrus dudó.
Cyrus: —¿Seguro estás bien? —Kenneth se quedó quieto un segundo, después sonrió.
Kenneth: —Sí, obvio.
Cyrus: —¿De verdad?
Kenneth: —Sí, Cyrus... ya pasó todo. —Cyrus bajó la mirada, porque quería creerle, necesitaba creerle.
Cyrus: —Va.
Kenneth: —Ey. —Cyrus levantó la mirada. —No pienses cosas raras. —Le sonrió. —Estamos bien. —Cyrus sonrió de vuelta, pero esa sensación no desapareció.
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Y entonces una tarde ocurrió lo que al parecer tanto Cyrus se estaba temiendo. Cyrus iba llegando a la casa cuando escuchó a Kenneth hablando por teléfono; no quería escuchar, de verdad no quería, pero una frase llegó hasta él.
Kenneth: —No, todavía no... no sé cómo hacerlo. —Cyrus se quedó quieto, su corazón dio un pequeño salto, pero antes de imaginar cosas... Kenneth salió del cuarto; Cyrus cambió la expresión rápidamente. —¿Qué onda?
Cyrus: —Nada.
Kenneth: —¿Todo bien?
Cyrus: —Sí... —¿Quién era? —Kenneth se quedó unos segundos; no se esperaba que Cyrus alcanzara a escuchar su conversación.
Kenneth: —Nadie importante. —Cyrus lo miró y esa respuesta le dolió un poquito, pero recordó algo, recordó todo lo que él había ocultado, cuánto daño había causado guardar silencio; entonces decidió confiar.
Cyrus: —Ah... va.
Kenneth: —¿Seguro?
Cyrus: —Sí. —Sonrió. —Confío en ti. —Y aunque lo dijo con sinceridad... por dentro una parte de él tenía miedo, porque ahora sentía que no tenía derecho a preguntar, no después de haber escondido tanto.
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Mientras tanto... el problema de los haters finalmente había terminado. Después del directo de Kenneth, las investigaciones habían encontrado a los responsables; las personas que habían estado atacando a Cyrus tuvieron consecuencias, las redes cambiaron, los mensajes de odio empezaron a desaparecer y, por primera vez en mucho tiempo... Cyrus podía respirar, pero había algo que nadie veía; el problema ya no estaba afuera, ahora estaba entre ellos, una pequeña grieta, una que ninguno quería mirar demasiado.
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Al día siguiente, como siempre, la casa de Kenneth era un caos: Paula grabando, Iker preparando ideas, Valentina revisando cosas del canal. Paulo bailando mientras hacía cualquier cosa.
Paulo: —Les digo que ese paso va a romper internet.
Iker: —Va a romper algo, eso seguro. —Todos rieron y entonces... el celular de Kenneth sonó, miró la pantalla, su expresión cambió, Cyrus lo notó.
Kenneth: —Es producción de El dicho. —Todos voltearon.
Paula: —¿Otra vez? —Kenneth contestó; unos minutos después colgó.
Kenneth: —Nos invitaron a hacer otro capítulo. —Cyrus sonrió.
Cyrus: —¿Neta?
Kenneth: —Sí.
Paulo: —Y no lo van a creer, pero también me llamaron a mí. —Kenneth rio.
Kenneth: —Entonces que no se diga más, a vivir una nueva aventura. —Paulo levantó los brazos.
Paulo: —¡Vámonos!
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Cuando llegaron a la producción de Cómo dice el dicho, algo llamó su atención: el productor los estaba esperando.
Productor: —Qué bueno que llegaron.