Temporada 6: Ahora o nunca.

Capítulo 2 parte 2

Capítulo 2: Así como las princesas, los príncipes tampoco deben callar

Este capítulo cuenta con la participación especial de Jonathan Ochoa e Iker Beltrán (si se preguntan quién es este último, lo sabrán leyendo el capítulo).

Dato importante: Dilan y Jonathan no son parientes, solo tienen un apellido en común.

Escena 9

Adrián llevaba todo el día encerrado en su pieza, con la cabeza hecha un nudo; repasaba una y otra vez lo que había pasado los últimos días y sentía el pecho apretado. No quería más problemas; solo pensar que su padre pudiera enterarse de la verdad le provocaba un miedo helado que le recorría la espalda, pero justo cuando creía que al menos tendría una tarde de silencio, su teléfono vibró. Era el Kevin; el nombre en la pantalla le aceleró el corazón a golpes. Sin pensarlo, y con la rabia temblándole en los dedos, le mandó un mensaje de voz:

Adrián: —¿En qué idioma tengo que decirte que ya no eres mi novio? Así que me puedes dejar en paz de una vez. —Apenas terminó de hablar, la puerta de su pieza se abrió con una violencia que hizo retumbar las paredes; era su padre, había escuchado todo. Adrián sintió que la sangre se le iba a los pies; el pánico le cerró la garganta. Lo que más temía se había cumplido.

Filomeno: —¿Qué fue lo que dijiste, marica?

Adrián: —P-papá, te juro que no es lo que... —No alcanzó a terminar; la bofetada fue tan fuerte que lo tiró al suelo. El golpe le zumbó en el oído y el sabor metálico de la sangre le llenó la boca.

Filomeno: —Cállate, no puedo creer que lo que más me temía, lo que más te pedí que no fueras, se cumplió. ¿Un hijo marica? Eso no lo pienso permitir, pero te voy a corregir ahora mismo. —Empezaron las patadas, sin compasión. Adrián se cubría la cabeza con los brazos mientras suplicaba entre sollozos que parara, que por favor parara, hasta que una voz firme cortó el aire.

Moira: —¡Ya basta! No voy a permitir que le sigas poniendo la mano encima y te lo advierto: si le sigues pegando, no solo te denuncio por el maltrato a nuestro hijo, también voy a decir que a mí también me estabas golpeando. —El padre, con la cara roja de furia y los puños apretados, bufó y se fue dando un portazo que cimbró toda la casa. Se encerró en su cuarto.

Moira corrió a levantar a Adrián, que temblaba en el suelo, llorando, con la mejilla hinchada y un corte en el labio; mientras le limpiaba la sangre con un paño húmedo y le ponía un poco de hielo envuelto en una toalla, Moira intentó hablarle con calma, aunque la voz se le quebraba.

Moira: —Hijo... necesito que me digas quién es tu novio. —¿Con quién estabas? —Adrián negó con la cabeza, encogido, sin poder mirar a su madre a los ojos; se negaba a hablar. —Más vale que lo digas, Adrián, porque seguro tu padre va a pensar que es Eddy, por eso que pasó el otro día cuando estaban bailando en el patio... Y yo no voy a poder evitar que algo le pase a Eddy; si tu padre lo quiere, lo muele a golpes. —Adrián estaba en shock total, tenía los labios partidos, la respiración entrecortada y los ojos perdidos; no era capaz de decir una sola palabra.

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Al día siguiente, el desayuno fue un campo minado; en la mesa solo estaban el padre y Moira. El silencio era espeso, incómodo; Adrián seguía encerrado.

Filomeno: —¿Qué? ¿Acaso me vas a seguir aplicando la ley del hielo? ¿O acaso de verdad no te entra en la cabeza lo que hizo nuestro hijo? El hecho de solo imaginarme en mi cabeza verlo con otro hombre... e incluso algo peor, que haya intimado con uno, se me revuelve el estómago. ¿Sabes cómo me siento? Decepcionado, lleno de rabia y coraje, porque lo único que yo pedí en esta vida es que no me saliera con un hijo marica. ¿Y sabes qué? Todo esto es culpa tuya, porque no supiste educarlo de buena manera. —Ese comentario fue la gota que rebasó el vaso. Moira no dijo nada, solo se levantó de la mesa con los cubiertos temblándole en la mano y se dirigió directo a la habitación de Adrián, que llevaba ahí encerrado desde el día anterior.

Entró sin tocar; Adrián estaba hecho bolita en la cama, con la misma ropa del día anterior.

Moira: —¿Por qué no te has levantado para ir a la escuela?

Adrián: —No quiero, lo único que quiero es morirme. —Moira se sentó en la orilla de la cama y lo abrazó fuerte, conteniendo las lágrimas. Le acarició el pelo pegoteado de sudor.

Moira: —No importa cómo tú seas o lo que decidas ser, tú siempre vas a ser mi hijo, solo que a tu padre le va a costar muchísimo más poder aceptarlo, pero ya verás que lo hará.

Adrián: —Justamente nunca dije nada por miedo a mi padre... a su reacción y ahora siento que me odia.

Moira: —No es así, no quiero que te sientas culpable por amar diferente. Además, te diré algo... Si es Eddy con quien has estado a escondidas, a mí él me parece un buen muchacho, siempre me ha caído bien y ha sido un gran amigo tuyo desde siempre, aunque temo lo que tu padre pueda llegar a hacerle, si es así. —Adrián se le quedó mirando, con los ojos hinchados.

Adrián: —Mi padre podrá ser muchas cosas, podrá tener muchos defectos, sobre todo por cómo me trató ayer... pero no puedo evitar sentir que le fallé como hijo. —Moira no respondió, solo pudo abrazar a su hijo mientras él desahogaba toda su pena en su hombro, mojándole la blusa con lágrimas calientes.



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En el texto hay: kennethlavill, cyrus, santos bravos

Editado: 23.08.2026

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