Capítulo 10: Hermanos
La habitación de la residencia permanecía en silencio; la única luz que iluminaba el lugar era la que provenía de la pantalla del celular de Cyrus, donde todavía seguía abierto aquel mensaje que acababa de cambiarlo todo. Kenneth tenía el teléfono entre las manos, su respiración era rápida y pesada, sus ojos no podían apartarse de aquellas palabras enviadas por Celiwaki, confirmando que ella era quien estaba detrás del odio que Cyrus había estado recibiendo durante todo ese tiempo.
Sin pensarlo dos veces, buscó su contacto.
Kenneth: —Se acabó. —Murmuró con la mandíbula apretada—. Esto se termina ahora mismo. —Presionó el botón para iniciar la llamada, pero antes de que el teléfono alcanzara siquiera a marcar, una mano sujetó suavemente su muñeca.
Kenneth levantó la vista; era Cyrus.
Cyrus: —No. —dijo con calma. Kenneth respiraba con fuerza.
Kenneth: —¿Cómo qué no? —¡Cyrus, mira todo lo que te hizo! —¡Todo este tiempo te ha estado haciendo daño! —¡Tengo que hablar con ella ahora mismo! —Cyrus volvió a negar.
Cyrus: —No tienes que resolver esto por teléfono. —Kenneth seguía completamente alterado.
Kenneth: —¡Entonces, ¿qué hago! ¿Quedarme de brazos cruzados?
Cyrus: —No. —Cyrus respiró hondo antes de continuar. —Esto lo tienes que resolver en persona con ella... no por una llamada. —Aquellas palabras hicieron que Kenneth guardara silencio por unos segundos. Cyrus continuó hablando con una serenidad que contrastaba completamente con la rabia que tenía su amigo. —Y hay otra cosa que necesito pedirte... —Kenneth lo miró fijamente. —No dejes que esto te desconcentre de la competencia. —Hubo un pequeño silencio. —Por favor... —Cyrus bajó la mirada. —Porque si todo esto termina afectándote aquí... eso sí que nunca me lo voy a perdonar. —Aquella frase golpeó directamente el corazón de Kenneth; toda la rabia que sentía comenzó a desaparecer poco a poco.
Miró nuevamente el teléfono, después volvió a mirar a Cyrus; sin decir una palabra, canceló la llamada, guardó el celular lentamente, respiró profundamente varias veces hasta recuperar la calma. Finalmente habló.
Kenneth: —Perdóname, Cyrus. —Su voz sonaba completamente distinta, más tranquila, más sincera. —Me siento... de verdad responsable por todo esto. —Cyrus negó suavemente.
Cyrus: —No... —Pero Kenneth lo interrumpió.
Kenneth: —Sí. —Sus ojos comenzaban a humedecerse. —Y quiero prometerte algo. —Se acercó un paso más. —Se acabó. —Cyrus levantó la vista; Kenneth sonrió apenas. —No pienso permitir que nadie vuelva a lastimarte nunca más. —Las palabras salieron desde lo más profundo de su corazón.
Cyrus no respondió, simplemente dio un paso al frente y abrazó a Kenneth con fuerza. Kenneth correspondió el abrazo inmediatamente; los dos permanecieron así durante varios segundos; no hacían falta más palabras.
Sin embargo... mientras abrazaba a Cyrus... los pensamientos de Kenneth eran completamente distintos.
"Qué cobarde fui..."
Sentía un enorme peso sobre su pecho; entendió que Celiwaki no era la única responsable de todo esto, porque parte de la culpa también es suya. Cerró lentamente los ojos.
"Si hubiera tenido el valor de luchar por Cyrus desde el principio..."
"Si hubiera aceptado lo que sentía..."
"Si no hubiera empezado una relación con Celiwaki..."
"Quizás hoy nada de esto estaría pasando."
Aquella idea le atravesó el corazón; no podía seguir engañándose. Celiwaki era responsable de sus propias acciones, pero él también había cometido errores y lo sabía perfectamente. Mientras seguía abrazando a Cyrus, tomó una decisión que llevaba demasiado tiempo postergando.
"Cuando todo esto termine..."
"Voy a hacer por fin lo correcto."
Respiró profundamente.
"Voy a terminar mi relación con Celiwaki."
Su corazón latía con fuerza.
"Y si todavía no es demasiado tarde..."
Miró de reojo a Cyrus.
"Voy a intentar entrar en el corazón de Cyrus..."
"Aunque primero tenga que reparar todo el daño que le hice."
No sabía si aún tendría una oportunidad, si Cyrus algún día podría volver a confiar completamente en él, pero había algo de lo que sí estaba seguro: esta vez no volvería a esconder sus sentimientos, esta vez lucharía por ellos.
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A la mañana siguiente, el reality retomó su ritmo habitual; después de una nueva eliminación, únicamente quedaban doce participantes dentro de Santos Bravos, y cada día que pasaba hacía sentir mucho más cerca la gran final. Sin embargo, antes de volver a los entrenamientos, la producción tenía preparada una actividad especial para despejar la mente de los concursantes.