The King of Kingdoms: El Hijo del Castillo

Capítulo VIII: El Despertar del Poder

El Bosque de los Susurros se extendía ante ellos como un mar de verdes y dorados, sus árboles ancestrales alzándose hacia el cielo como pilares de un templo olvidado. La luz del amanecer se filtraba a través del dosel de hojas, creando patrones de luz y sombra que bailaban sobre el suelo cubierto de musgo y hojas secas. El aire era fresco y puro, cargado con el olor a tierra húmeda, a madera vieja y a algo más, algo que Tilio no podía identificar pero que sentía en lo más profundo de su ser: la presencia de la magia antigua.

Habían caminado durante tres días desde las ruinas de la capilla, evitando los caminos principales y moviéndose a través de los campos y los bosques que bordeaban el Distrito Norte. Durante el viaje, Tilio había sentido que el calor en su pecho se intensificaba a medida que se acercaban al bosque, como si algo dentro de él reconociera el lugar al que se dirigían. Ahora, rodeado por los árboles y el susurro constante del viento, sentía que su cuerpo vibraba con una energía que no podía controlar.

Seraphine caminaba a su lado, su mano en la empuñadura de su espada, sus ojos azules escaneando constantemente el entorno en busca de peligros. Llevaba su armadura de cuero manchada por el viaje, y su cabello oscuro estaba recogido en un moño apretado que apenas ocultaba el cansancio en su rostro. A pesar de todo, había una determinación en ella que Tilio admiraba profundamente.

—El bosque está despierto —dijo Seraphine, deteniéndose en un claro donde la luz del sol caía directamente sobre un círculo de piedras cubiertas de musgo—. Puedo sentirlo en el aire. Los Originales caminaron por estos senderos hace mil años, y su magia aún perdura.

Tilio se detuvo a su lado, sus ojos recorriendo el círculo de piedras. Eran grandes, más altas que él, y estaban dispuestas en un patrón que parecía seguir las estrellas. En el centro del círculo, una losa de piedra plana y negra descansaba sobre el suelo, su superficie pulida por el tiempo y la lluvia.

—¿Qué es este lugar? —preguntó, su voz apenas un susurro, como si temiera perturbar la paz del bosque.

—Es un altar de los Originales —respondió Seraphine—. Aquí es donde se reunían para comunicarse con los dioses. Donde realizaban sus rituales y compartían sus visiones. Mi madre me trajo aquí una vez, cuando era niña. Me dijo que este lugar era sagrado, que solo los que llevaban la sangre de los Originales podían sentir realmente su poder.

Tilio sintió que el calor en su pecho se intensificaba a medida que se acercaba al altar. Sus pasos eran lentos, cautelosos, como si caminara sobre un terreno sagrado que podía romperse bajo sus pies. Cuando llegó al centro del círculo, se arrodilló y tocó la losa de piedra negra con sus dedos.

El contacto fue como una descarga eléctrica. Una oleada de calor recorrió su cuerpo, y por un momento, todo a su alrededor se desvaneció. Ya no estaba en el bosque. Estaba en otro lugar, en otro tiempo.

La visión lo envolvió como un manto de fuego. Vio un campo de batalla bajo un cielo rojo sangre, donde dos ejércitos se enfrentaban en una lucha que parecía no tener fin. En el centro del campo, una figura de luz y fuego alzaba una espada hacia el cielo, y su voz resonaba como un trueno.

—¡Por el futuro de Daus! ¡Por los reinos que construirán nuestros hijos!

La figura se giró hacia él, y Tilio vio su rostro: era un hombre de cabello dorado y ojos de fuego, su piel brillando con una luz que parecía venir de su interior. Sus ojos se encontraron con los de Tilio, y una sonrisa se extendió por sus labios.

—Eres tú —dijo la figura, su voz como el rugido de un dragón—. El que llevará mi legado. El que unificará los reinos. No temas, hijo mío. El poder está dentro de ti. Solo tienes que aprender a despertarlo.

La visión se desvaneció tan repentinamente como había llegado, y Tilio se encontró de nuevo en el altar, arrodillado sobre la losa de piedra negra, con las manos temblorosas y el corazón latiendo con fuerza.

—¿Tilio? —la voz de Seraphine llegó desde algún lugar lejano, preocupada y urgente—. ¿Tilio, estás bien? ¿Qué pasó?

Tilio levantó la vista hacia ella, y en sus ojos había una luz que antes no estaba. Una luz dorada y brillante que parpadeaba como una llama en la oscuridad.

—Vi a Aric —dijo, su voz apenas un susurro—. Vi su poder, su gloria, su caída. Y me habló. Me dijo que el poder está dentro de mí. Que tengo que aprender a despertarlo.

Seraphine se arrodilló frente a él, sus manos en sus hombros, sus ojos azules examinando su rostro con intensidad.

—¿Qué más te dijo? ¿Qué más viste?

Tilio cerró los ojos, tratando de recordar los detalles de la visión. Las imágenes eran borrosas, como un sueño que se desvanece al despertar, pero las palabras de Aric resonaban en su mente con claridad.

—Dijo que el poder está dentro de mí —repitió—. Que solo tengo que aprender a despertarlo. Y que la princesa... que la princesa no puede detenerme. Que mi destino es unificar los reinos.

Seraphine lo miró durante un largo momento, y luego asintió lentamente.

—Entonces tendremos que enseñarte a controlar ese poder —dijo—. Pero no será fácil. La magia de los Originales no es como la magia elemental común. Es más salvaje, más impredecible. Y si no aprendes a controlarla, podría destruirte.

Tilio sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no retrocedió.

—Enseñame —dijo, su voz firme—. Enséñame a controlarlo.

Los días siguientes fueron un torbellino de entrenamiento y descubrimiento. Seraphine lo guió a través de los senderos del bosque, mostrándole los lugares donde el poder elemental era más fuerte: arroyos donde el agua brillaba con luz propia, cuevas donde el fuego ardía sin combustible, claros donde el viento susurraba en lenguas antiguas.

—La magia elemental se basa en la conexión con el mundo que te rodea —explicó Seraphine, deteniéndose junto a un arroyo de aguas cristalinas—. Los Elemens nacen con esa conexión. Nosotros sentimos el fuego en nuestra sangre, el agua en nuestras venas, el viento en nuestros pulmones. Pero tú no eres un Elemens común. Tu sangre es más antigua, más pura. Y eso significa que tu conexión es más profunda.



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En el texto hay: romance prohibido, altafantasia, intrigapolitica

Editado: 24.06.2026

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