The King of Kingdoms: El Hijo del Castillo

Capítulo XII: El Dragón de los Originales

El camino de regreso al Castillo Dracking fue largo y peligroso, pero Tilio y sus aliados avanzaron con determinación, impulsados por la urgencia de detener a la princesa Francesca antes de que pudiera despertar al Dragón de los Originales. El bosque se abría ante ellos como un mar de verdes y dorados, pero la belleza del paisaje contrastaba con la tensión que se respiraba en el aire. Sabían que la princesa los esperaba, que había preparado trampas y defensas para detenerlos, y que la batalla que se avecinaba sería la más difícil de todas.

Tilio caminaba al frente del grupo, su cuerpo aún vibrando con la energía del poder que había despertado en el altar de los Originales. La luz dorada que había brillado en sus manos durante la prueba de la sangre seguía presente, latiendo bajo su piel como un segundo corazón. Podía sentir los árboles, el viento, la tierra, todo conectado a él en una red de energía que se extendía por todo el bosque. Era una sensación embriagadora y aterradora al mismo tiempo, como si el mundo entero estuviera a su alcance y pudiera moldearlo a su voluntad.

—Tilio —la voz de Seraphine lo sacó de sus pensamientos—. Estás haciendo eso otra vez.

Tilio parpadeó y se dio cuenta de que sus manos estaban brillando con una luz dorada tenue, y que las hojas de los árboles a su alrededor se inclinaban hacia él como si estuvieran saludando a un viejo amigo.

—Lo siento —dijo, cerrando los puños y tratando de controlar la energía—. A veces se me escapa.

Seraphine sonrió, pero había preocupación en sus ojos azules.

—No tienes que disculparte. Es parte de lo que eres ahora. Pero tienes que aprender a controlarlo, especialmente cuando lleguemos al castillo. La princesa tiene magos oscuros que pueden sentir el poder elemental a distancia. Si te detectan antes de que estemos listos, todo estará perdido.

Tilio asintió y tomó una respiración profunda, concentrándose en el calor en su pecho y sintiendo cómo se calmaba lentamente. La luz dorada se desvaneció, y sus manos volvieron a su aspecto normal.

—Lo controlaré —dijo, su voz firme—. No dejaré que mi poder nos ponga en peligro.

Paul Elmer, que caminaba detrás de ellos con el pergamino del Dragón de los Originales en su mano, se acercó y señaló hacia el horizonte. A lo lejos, las torres del Castillo Dracking se alzaban sobre la ciudad de Draxcan, sus siluetas oscuras recortadas contra el cielo naranja del atardecer.

—Estamos cerca —dijo Paul—. La princesa sabe que venimos. Ha cerrado las puertas y ha reforzado las murallas. No podremos entrar por la fuerza.

Tilio miró las torres del castillo, sintiendo una mezcla de miedo y determinación.

—Entonces usaremos otra entrada. El túnel que me llevó fuera del castillo. El que está en las bodegas.

Seraphine lo miró con sorpresa.

—¿Crees que la princesa no ha sellado ese túnel? Después de que escapaste, seguro que lo encontró y lo bloqueó.

Tilio sonrió, y en sus ojos brilló una luz astuta.

—La princesa es inteligente, pero no conoce todos los secretos del castillo. El túnel que usé era solo uno de muchos. Hay otro, más antiguo, que lleva directamente a las mazmorras. Lo encontré en los archivos de la biblioteca, en un libro sobre la construcción del castillo.

Paul levantó una ceja, intrigado.

—¿Un libro sobre la construcción del castillo? ¿Dónde lo encontraste?

—En la cámara secreta —respondió Tilio—. El mismo lugar donde encontré el pergamino sobre mi origen. Hay muchos secretos allí, Paul. Secretos que la princesa no conoce.

Paul asintió lentamente, una sonrisa en sus labios.

—Entonces usaremos ese túnel. Pero tendremos que ser cuidadosos. La princesa tiene espías en todas partes, y si nos ve llegar...

—No nos verá —interrumpió el Gran Sabio Caleus, que había permanecido en silencio hasta ese momento—. Tengo un hechizo que puede ocultarnos de la vista de los magos oscuros. No durará mucho, pero nos dará tiempo suficiente para llegar al castillo.

Tilio sintió una oleada de gratitud hacia el anciano Elemens. Había llegado al bosque justo a tiempo para ayudarlos, y su sabiduría y poder habían sido invaluables.

—Gracias, Gran Sabio —dijo—. No sé cómo podremos pagarte.

Caleus sonrió, y en sus ojos pálidos brilló una luz antigua.

—No necesitas pagarme, Tilio. Solo necesitas cumplir tu destino. Eso es suficiente para mí.

El grupo avanzó hacia el castillo, moviéndose en silencio a través de los campos del Distrito Norte. El sol se ocultó en el horizonte, y la noche cayó sobre ellos como un manto de oscuridad. Caleus levantó sus manos y susurró palabras en una lengua antigua, y una neblina plateada los envolvió, ocultándolos de la vista de los centinelas que patrullaban las murallas.

Llegaron a la entrada del túnel secreto, oculta detrás de un montículo de tierra y maleza en el lado norte del castillo. Tilio apartó las ramas y las hojas, revelando una puerta de hierro oxidado cubierta de musgo y enredaderas.

—Aquí es —dijo, sacando la llave que había encontrado en la cámara secreta—. Este túnel lleva directamente a las mazmorras. Desde allí, podremos llegar a la sala donde está el Dragón de los Originales.

Insertó la llave en la cerradura, y con un chirrido metálico, la puerta se abrió. El túnel era oscuro y húmedo, y el olor a tierra y moho llenaba el aire. Tilio encendió una linterna y entró primero, seguido por Seraphine, Paul y Caleus.

El túnel era más largo de lo que recordaba, y las paredes estaban cubiertas de inscripciones antiguas que parecían brillar a la luz de la linterna. A medida que avanzaban, Tilio sintió que el calor en su pecho se intensificaba, y supo que se estaban acercando a su destino.

—¿Qué son estas inscripciones? —preguntó Seraphine, tocando una de las paredes con sus dedos.

—Son sellos —respondió Caleus—. Sellos que los Originales pusieron para contener el poder del Dragón. Si la princesa los ha roto, el dragón podría estar despierto ya.



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En el texto hay: romance prohibido, altafantasia, intrigapolitica

Editado: 24.06.2026

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