The King of Kingdoms: El Hijo del Castillo

Capítulo XIII: La Batalla en el Castillo

El rugido del Dragón de los Originales resonó a través de los pasillos del Castillo Dracking como un trueno que despertaba a los muertos. Las paredes de piedra temblaron, el polvo cayó de los techos, y los soldados de la princesa Francesca sintieron que el miedo se apoderaba de ellos mientras la bestia de fuego avanzaba a través de los corredores, sus alas de llamas iluminando la oscuridad como un sol naciente. La energía que emanaba del dragón era tan intensa que las antorchas de las paredes se inclinaban hacia él, como si estuvieran rindiendo homenaje a un poder superior.

Tilio caminaba junto al dragón, su cuerpo envuelto en una luz dorada que palpitaba al unísono con el latido de su corazón. La conexión que había establecido con la bestia era profunda y poderosa, como si sus almas estuvieran entrelazadas en un vínculo que trascendía el tiempo y el espacio. Podía sentir el calor del dragón en su propia piel, sus emociones, sus pensamientos, sus recuerdos de la guerra de los Originales y de los siglos de silencio bajo el castillo. Era una experiencia abrumadora, pero también liberadora, como si finalmente hubiera encontrado una parte de sí mismo que siempre había estado perdida.

Seraphine caminaba a su lado, su espada desenvainada y lista, sus ojos azules escaneando cada rincón en busca de peligros. Su armadura de cuero estaba manchada por el polvo y el sudor del viaje, pero su postura era firme y su determinación inquebrantable. Había visto a Tilio transformarse de un simple sirviente a un portador del poder de los Originales, y su fe en él no había hecho más que crecer con cada paso.

—Los soldados están retrocediendo —dijo ella, señalando hacia el final del pasillo donde un grupo de guardias huía en desorden—. El dragón los ha asustado.

—No todos —respondió Tilio, sintiendo una presencia oscura que se aproximaba desde el otro extremo del pasillo—. Los magos oscuros de la princesa están aquí.

El aire a su alrededor se volvió frío y pesado, y una neblina negra comenzó a formarse en el pasillo, extendiéndose como una marea de oscuridad que devoraba la luz de las antorchas. De la neblina emergieron tres figuras envueltas en capas de tela negra, sus rostros ocultos por capuchas y sus manos brillando con energía oscura.

—El sirviente —dijo una de las figuras, su voz áspera y distorsionada como el crujir de huesos secos—. La princesa nos ha ordenado que te llevemos con vida. Pero no ha dicho nada sobre tus acompañantes.

Tilio sintió que la ira se apoderaba de él, pero se obligó a mantener la calma. Había aprendido a controlar su poder, al menos lo suficiente para no perder el control en momentos de peligro.

—No tocaréis a ninguno de ellos —dijo, su voz firme y autoritaria—. Si queréis tenerme, tendréis que pasar por mí.

Los magos oscuros rieron, un sonido hueco y desagradable que resonó en el pasillo como el eco de una tumba.

—No subestimes nuestro poder, sirviente. Hemos estado estudiando la magia oscura durante décadas. Sabemos cómo quebrantar la voluntad de los mortales.

Uno de los magos levantó su mano y lanzó una flecha de energía negra hacia Tilio. La flecha se movía a una velocidad imposible, pero antes de que pudiera alcanzarlo, el dragón de fuego se interpuso, absorbiendo el ataque en su pecho de llamas y devolviéndolo con un rugido que hizo temblar las paredes.

—¡El dragón! —gritó otro de los magos, su voz llena de temor—. ¡La princesa dijo que estaba bajo su control!

—La princesa se equivocó —respondió Tilio, una sonrisa fría en sus labios—. El dragón está bajo mi control ahora.

Levantó su mano, y la luz dorada que brillaba en su interior se extendió como una ola, envolviendo a los magos oscuros y rompiendo sus conjuros. La neblina negra se disipó, y los magos cayeron al suelo, sus cuerpos temblando mientras la energía oscura que los alimentaba era absorbida por la luz de Tilio.

—Imposible —susurró uno de ellos, su voz apenas audible—. ¿Cómo... cómo has hecho eso?

Tilio se acercó a él y se arrodilló a su lado, sus ojos dorados brillando con una luz que no era completamente humana.

—El poder de los Originales es más fuerte que cualquier magia oscura —dijo, su voz suave pero firme—. No importa cuánto tiempo hayáis estudiado, nunca podréis vencerlo. Porque no es magia. Es la esencia de la creación misma.

El mago oscuro lo miró con sus ojos, y en ellos Tilio vio el miedo, el mismo miedo que había visto en los ojos de la princesa Francesca cuando había despertado su poder en la biblioteca.

—Mátame —susurró el mago—. Termina con esto.

Tilio negó con la cabeza.

—No te mataré. No soy como la princesa. Pero te advierto: si vuelves a enfrentarte a mí, no seré tan clemente.

El mago oscuro asintió lentamente y se retiró con sus compañeros, sus cuerpos desapareciendo en las sombras como si nunca hubieran estado allí.

Seraphine se acercó a Tilio, su rostro iluminado por una sonrisa de asombro.

—¿Cómo has hecho eso? —preguntó—. ¿Cómo has derrotado a tres magos oscuros sin siquiera esforzarte?

Tilio la miró, y en sus ojos dorados brilló una luz que antes no estaba.

—El poder de los Originales es más fuerte de lo que imaginaba —dijo—. Y cuanto más lo uso, más fuerte se vuelve. Es como un músculo que se ejercita. Pero también es peligroso. Si pierdo el control, podría hacer daño a personas inocentes.

Seraphine puso su mano sobre la de él, y Tilio sintió el calor reconfortante de su contacto.

—No perderás el control —dijo—. Porque yo estaré a tu lado para ayudarte a mantenerlo.

El grupo continuó avanzando a través de los pasillos del castillo, el dragón de fuego abriéndoles el camino con su poder elemental. Los soldados de la princesa huían a su paso, algunos arrojando sus armas y rindiéndose sin luchar, otros escondiéndose en las sombras con la esperanza de no ser vistos.

Cuando llegaron a la gran sala del trono, Tilio sintió que el corazón se le aceleraba. La sala estaba iluminada por antorchas de fuego verde, la misma magia oscura que habían visto en la sala del dragón. En el centro, sentada en el trono de Draxcan, la princesa Francesca los esperaba, su vestido de seda roja brillando bajo la luz de las llamas.



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En el texto hay: romance prohibido, altafantasia, intrigapolitica

Editado: 24.06.2026

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