La noticia del nacimiento del primer dragón y de su vinculación con Lucian se extendió por el castillo con la velocidad de un incendio en un bosque seco. No había forma de ocultarlo, aunque Kael hubiera querido hacerlo. Los sirvientes que trabajaban en el Templo de los Originales habían oído el crujido del huevo al romperse; los guardias que custodiaban la entrada habían visto el resplandor dorado que envolvió al príncipe y a la cría; y los magos que asistían a Theron en el cuidado de los huevos habían sentido la onda de energía mágica que recorrió la cripta como un relámpago subterráneo. Para el mediodía, todo Draxcan sabía que el heredero al trono tenía un dragón.
Las reacciones fueron tan variadas como los distritos que componían el reino. En el distrito humano, los comerciantes y artesanos lo celebraron con un optimismo cauteloso: un dragón aliado era una bendición para la defensa del reino, y si además estaba vinculado al príncipe, significaba que la dinastía Kraxter gozaba del favor de los antiguos. En el distrito elfo, los eruditos discutían acaloradamente sobre el significado de la impronta, citando textos antiguos que hablaban de "el Nexo y la Bestia Alada" como dos caras de una misma profecía. En el distrito mago, los académicos debatían sobre las implicaciones mágicas del vínculo, preguntándose si el dragón amplificaría los poderes del príncipe o si, por el contrario, el príncipe acabaría dominando al dragón. Y en el distrito Elemens, los herreros ya estaban diseñando una armadura especial para la cría, "por si acaso", como dijo Maelt con su pragmatismo característico.
Sólo en el distrito original reinaba el silencio. Theron, que era el único original que se relacionaba regularmente con la corte, se había encerrado en la cripta con los huevos restantes, negándose a hacer declaraciones hasta que todas las crías hubieran nacido. "Cada dragón tiene su momento", había dicho a Kael antes de desaparecer por la escalera del templo. "No podemos apresurarlos."
Pero los acontecimientos se apresuraron solos.
En los tres días siguientes, dos huevos más eclosionaron. El primero en romper el cascarón fue un dragón de escamas azul zafiro, más pequeño que el rojo de Lucian pero de movimientos más rápidos y precisos. La cría, nada más nacer, se dirigió hacia Ysilla, que estaba supervisando los sortilegios de contención, y se enroscó alrededor de su tobillo como un gato en busca de calor. El resplandor dorado de la impronta volvió a aparecer, y la maga se convirtió en la segunda jinete de dragón de Draxcan.
—Parece que tienes una nueva mascota —comentó Gerik, que observaba la escena con una mezcla de fascinación y alivio por no haber sido el elegido.
—No es una mascota —respondió Ysilla, acariciando la cabeza de la cría con una ternura que pocos le habían visto—. Es una compañera. Puedo sentir sus emociones. Su hambre, su curiosidad, su... alegría. Es como si una parte de mí hubiera estado dormida y acabara de despertar.
—Qué poético.
—No es poesía. Es magia. Magia muy antigua. —Ysilla alzó a la cría, que emitió un gorjeo de protesta—. Voy a llamarla Zafira. ¿Te gusta, pequeña?
La cría respondió con un leve eructo de humo azul, que Gerik interpretó como un sí.
La segunda eclosión se produjo al anochecer del día siguiente. Esta vez fue un dragón de escamas verdes, más robusto que los anteriores, con unos ojos dorados que recordaban a los de un felino. La cría ignoró a todos los presentes —incluidos Kael, Lyssara y Lucian, que habían acudido a presenciar el nacimiento— y se dirigió directamente hacia Gerik, que estaba apoyado contra una columna con los brazos cruzados.
—No. No, no, no. —Gerik retrocedió, alzando las manos—. Yo no soy un jinete de dragones. Soy un soldado. Un soldado normal. Busca a otra persona.
La cría ladeó la cabeza, emitió un sonido que sonaba sospechosamente a una risa, y saltó sobre él. El resplandor dorado envolvió a ambos, y cuando se disipó, Gerik estaba tumbado en el suelo con un dragón verde acurrucado sobre su pecho.
—Esto es humillante —murmuró.
—Es un honor —lo corrigió Brenna, que no podía disimular una sonrisa—. El dragón te ha elegido. Deberías sentirte orgulloso.
—Lo que siento es un dolor de espalda. Esta cosa pesa más de lo que parece.
—Es una cría. Imagínate cuando sea adulto.
—Prefiero no imaginarlo. —Gerik se incorporó con esfuerzo, sosteniendo al dragón en brazos—. Supongo que ahora tengo que ponerle nombre. ¿Qué tal... Verdor?
—Eres muy original —dijo Thalion, con ironía.
—¿Tú qué sugieres, elfo?
—Algo más digno. Escamasverdes. O Fuego de Bosque.
—Fuego de Bosque. —Gerik miró a la cría, que lo observaba con sus ojos dorados—. ¿Te gusta ese nombre, pequeño?
La cría emitió un gorjeo que podía ser de aprobación o de hambre. Gerik decidió interpretarlo como lo primero.
—Fuego de Bosque será. Pero le llamaré Bosque para abreviar.
—Eso es un nombre de perro —dijo Brenna.
—Es un nombre de dragón. Mi dragón. Yo le pongo el nombre que quiero.
—Como digas, capitán.
Los dos huevos restantes permanecieron sin eclosionar durante varios días más. Theron explicó que era normal: algunos dragones tardaban más en desarrollarse, especialmente los de escamas negras, que según los textos antiguos eran los más poderosos y longevos. Kael ordenó que se reforzaran los sortilegios de contención y que se mantuviera una guardia permanente en la cripta. Si aquellos huevos eran tan especiales como Theron decía, Varkhar haría cualquier cosa por conseguirlos.
Mientras tanto, la vida en el castillo se adaptó a la presencia de los dragones con una rapidez sorprendente. El dragón rojo de Lucian —al que el niño había bautizado como "Fénix", por su color escarlata— dormía en una cesta junto a la cama del príncipe, y lo seguía a todas partes como un perrito faldero. Zafira, la dragona azul de Ysilla, había hecho su nido en la torre de los magos, donde la hechicera pasaba horas estudiando su comportamiento y tomando notas para la Academia. Y Bosque, el dragón verde de Gerik, se había convertido en la mascota no oficial del cuartel, donde los soldados lo alimentaban con trozos de carne y le enseñaban a reconocer órdenes básicas como "quieto", "ven" y "no quemes eso".
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Editado: 24.07.2026