The Last Chance

Capitulo 1 - Parte 2: Hikari

Un tiempo después, Bryan estaba sentado en una habitación oscura que parecía más un calabozo. La estancia apenas contaba con una cama y un pequeño ventanuco en la puerta de metal. Bryan observaba sus brazos cubiertos de moretones y cortes, al igual que su rostro. Suspiró, pasando el antebrazo por su mejilla mientras mantenía la cabeza baja.

De repente, unos pequeños ojos aparecieron en la mirilla de la puerta. Chocolate daba pequeños saltitos para alcanzar a ver el interior. Bryan giró la cabeza hacia la rendija, pero no vio nada. Volvió a escuchar los saltitos y, al mirar de nuevo, encontró los ojos curiosos de Chocolate observándolo. Luego, notó que algo se deslizaba por debajo de la puerta: era una bolsa transparente con un pan dentro, el mismo del desayuno.

Bryan miró el pan por unos instantes antes de soltar una pequeña risa. Luego, lo devolvió pasándolo de nuevo bajo la puerta.

—Aquí es difícil conseguir comida adicional, niña. No la desperdicies; podría ser lo único que comas en toda la semana.

Se arrodilló frente a la puerta y apoyó la espalda contra ella. En ese instante, sintió nuevamente cómo la bolsa con el pan volvía a pasar por debajo de la puerta. Frunció el ceño y observó el pan, su mirada pasando de seria a confundida.

—¿No escuchaste lo que te dije? —preguntó, ya algo irritado.

Devolvió el pan una vez más y escondió el rostro entre sus piernas. Sin embargo, unos segundos después, volvió a sentir cómo el pan se deslizaba hacia él. Esta vez, acompañado de la suave voz de Chocolate.

—Sarah dice que la mejor forma de agradecerle a alguien su ayuda es darle algo que sea valioso para ti.

Bryan levantó la mirada hacia la oscuridad de la habitación. La única luz provenía de la pequeña mirilla en la puerta. Tras unos instantes en silencio, finalmente tomó el pan y lo observó detenidamente.

—Vi que… te golpearon muy fuerte… ¿Te duele? —preguntó Chocolate con timidez.

Bryan soltó una leve risa y apoyó la nuca en la puerta mientras cerraba los ojos.

—¿Desde cuándo los golpes no duelen?

Chocolate guardó silencio; luego se sentó apoyando la espalda en el otro lado de la puerta. Abrazó sus piernas y escondió su rostro entre ellas.

—Oye, niña… ¿Cómo te llamas? —preguntó Bryan tras unos segundos.

Chocolate permaneció callada por unos momentos, mirando la nada, hasta que finalmente respondió.

—No tengo nombre… Aunque… todos me llaman Chocolate. Fue por el día en que nos dieron chocolate en la cena. Recuerdo cómo Tom se levantó de la mesa y dijo en voz alta que, si yo fuera comestible, ese sería mi sabor. Todos se rieron y, hasta el día de hoy, me llaman Chocolate…

Bryan la escuchó en silencio, sintiendo cómo la inocencia en su voz calmaba el dolor de sus heridas. Soltó una pequeña risa hasta que, de repente, recordó algo.

—Aaahh… ya veo. Eres la niña que apareció en una caja en la entrada del orfanato… la que tiene una cicatriz en el cuello. Ya decía que reconocía tu voz.

Chocolate rió un poco y confirmó su suposición.

—¡¿Qué?! ¡¿Hablaste con Bryan?!

Tiempo después de la charla con Bryan, Chocolate se encontraba en su habitación junto a Sarah y Tom. Tom estaba demasiado cerca de ella, con un rostro lleno de emoción tras enterarse de que había hablado con Bryan.

—Muchos niños lo admiran, pero es la primera vez que alguien habla con él directamente. ¿Cómo te fue? —preguntó Sarah mientras doblaba y guardaba un poco de ropa.

Chocolate la miró, bajó la mirada y mordió su pulgar.

—Es… raro… Su voz y sus ojos eran aterradores… pero… fue muy bueno conmigo cuando hablábamos, a pesar de su forma de hablar.

En ese momento, Sarah sonrió y los tomó a ambos por los hombros.

—Sea como sea... No deberías hablar mucho con él... Siempre ocasiona problemas, así que puede que termine involucrándote sin querer. Por eso, no te acerques mucho a él, ¿de acuerdo?

Chocolate, al principio, la miró confundida, pero poco a poco su expresión cambió y miró hacia otro lado sin decir nada. Desde ese día, Chocolate pasaba por el calabozo donde Bryan estaba encerrado, llevándole comida. Se sentaban a ambos lados de la puerta y hablaban durante horas. Bryan, poco a poco, empezó a sonreír más seguido. Aunque no podía verla a los ojos, lograba sentir su presencia cada día detrás de la puerta… hasta que, un día, algo cambió.
Ese día, Chocolate descendía las escaleras con entusiasmo, su corazón latiendo con fuerza mientras se dirigía al calabozo. Sin embargo, al doblar la esquina, su alegría se desvaneció al ver a lo lejos una figura familiar: el hombre, acompañado por varios adultos. Rápidamente se escondió detrás de un muro, asomando apenas la cabeza para observarlos. Su pecho se oprimió cuando los vio dirigirse al calabozo. Sin pensarlo, salió de su escondite y los siguió en silencio.

—Bryan... —susurró con preocupación.

Dentro del calabozo, Bryan estaba sentado en su cama, la mirada fija en la nada. La oscuridad era su única compañía hasta que el sonido de la cerradura rompió el silencio. Su expresión cambió de inmediato, tornándose hostil cuando la puerta se abrió lentamente, revelando la presencia del hombre y su séquito.

—Mírate, Bryan —dijo el hombre con frialdad, sus manos ocultas tras la espalda—. Seis meses en este calabozo, sobreviviendo solo con pan y agua. ¿Qué más debemos hacer para que aprendas a no causar problemas?

Bryan lo fulminó con la mirada, apretando los puños. Solo escuchar su voz lo llenaba de rabia. Desde su escondite, Chocolate contuvo la respiración, sintiendo su propio corazón latir desbocado.

—Dejaré de causar problemas el día que ustedes dejen de tocar a esos niños —espetó Bryan con furia contenida.

El hombre esbozó una sonrisa fría.

—Pudiste librarte de esto hace mucho —comentó—. Pero mira... Todas las familias que te adoptaron te devolvieron en cuestión de días.

Las risas de los adultos llenaron la habitación, pero Bryan no reaccionó. El hombre se acercó lentamente.



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En el texto hay: accion, tragedias y muerte, drama psicológico

Editado: 16.10.2026

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