The War of Continents: Las Llamas de Varkhar

Capítulo VI: La Sombra del Traidor

El regreso de la flota aliada a Draxcan fue muy diferente de las entradas triunfales que habían seguido a las victorias anteriores. No hubo multitudes vitoreando en los muelles, ni pétalos de flores arrojados desde los balcones, ni campanas repicando en los templos. En su lugar, un silencio denso y cargado de desilusión envolvía el puerto como un sudario. Los ciudadanos que se habían congregado para recibir a sus seres queridos lo hacían con rostros sombríos, buscando entre los heridos que desembarcaban los rostros de sus hijos, esposos y hermanos. Algunos los encontraban y los abrazaban con lágrimas de alivio. Otros, los menos afortunados, recibían la noticia de que sus seres queridos ya no volverían.

Kael Kraxter desembarcó de la Estrella del Alba con el rostro pétreo y la mirada fija en el castillo. Caminaba con paso firme, pero sus hombros estaban hundidos, y su mano derecha, apoyada en la empuñadura de su espada, temblaba ligeramente. No era miedo. Era rabia. Una rabia fría, contenida, que amenazaba con desbordarse en cualquier momento. Luz, la dragona dorada, caminaba a su lado, con el flanco vendado y la cabeza gacha. La herida que había sufrido en Puerto Drakar no era grave, pero el orgullo de la dragona —y el de su jinete— había recibido un golpe mucho más profundo.

—Majestad. —Aren Elmer los esperaba en el muelle, con el rostro demacrado por la falta de sueño. Había pasado los últimos días coordinando la logística de la retirada, enviando mensajes a los aliados y preparando la capital para lo que se avecinaba—. He convocado al Consejo de los Cinco para esta tarde. Los representantes de todos los reinos aliados estarán presentes.

—Bien. —Kael asintió sin detenerse—. ¿Hay noticias de Varkhar?

—Varias. La flota de Rashan se está reagrupando en Vorlagar. Nuestros exploradores informan que están reparando los astilleros que conseguimos dañar. Y hay algo más. —Aren bajó la voz—. Hemos interceptado un mensaje cifrado. Al parecer, Kaelen Vor ha sido recompensado por su traición. Rashan lo ha nombrado comandante de una nueva división de Cazadores de Dragones.

—Vor. —Kael apretó los puños—. Ese hombre nos ha costado la ofensiva.

—Y no sólo eso. Según el mensaje, Vor está planeando algo más. Algo contra vuestra familia.

—¿Contra mi familia? —Kael se detuvo en seco y se giró hacia Aren—. ¿Qué clase de algo?

—No lo sabemos con certeza. El mensaje hablaba de "un veneno que duerme" y de "un viejo amigo en el castillo". Nuestros criptógrafos no han podido descifrar más.

—Un viejo amigo en el castillo. —Kael sintió un escalofrío—. Eso significa que tenemos un traidor entre nosotros.

—Eso parece, majestad.

—Averigua quién es. Utiliza todos los recursos que necesites. No quiero que nadie se acerque a mi familia sin que yo lo sepa.

—Sí, majestad. Pero hay cientos de personas en el castillo. Sirvientes, guardias, cortesanos. Encontrar al traidor podría llevar semanas.

—No tenemos semanas. —Kael reanudó la marcha—. Si Vor está planeando algo contra mi familia, actuará pronto. Tenemos que anticiparnos.

El Consejo de los Cinco se reunió aquella tarde en la sala de audiencias del castillo. Asistieron todos los representantes de los reinos aliados: Alariel de Lythara, el almirante Kaelen de las Islas del Alba, Ysilla en representación de Vortham, Maelt Rosmar por los Elemens, y Aren Elmer como representante temporal de los señoríos del sur, tras la traición de Havelock. También estaban presentes Kael, Lyssara, Lucian, Talaida, Gerik y, por primera vez en una reunión de ese nivel, Alyssandra Vaelthorne —invitada por Lucian, y aceptada a regañadientes por Maelt—.

—La ofensiva ha fracasado —comenzó Kael, sin preámbulos—. Hemos perdido doce barcos, más de dos mil hombres, y varias wyvern. Pero lo peor no son las pérdidas materiales. Lo peor es que el enemigo conocía nuestros planes.

—¿Cómo es posible? —preguntó Alariel—. Sólo los miembros de este Consejo sabían los detalles de la operación.

—Porque hubo una filtración. Kaelen Vor, el comandante de los Cazadores de Dragones, escapó de nuestras mazmorras durante la batalla de Torheim y regresó a Varkhar con información. Información que había obtenido durante su cautiverio.

—¿Y cómo pudo obtener esa información? —preguntó Maelt—. Estaba en una celda de máxima seguridad.

—Porque no estaba solo. —Kael los miró a todos—. Hay un traidor en este castillo. Alguien que ha estado pasando información a Varkhar. Alguien que conoce nuestros movimientos, nuestras estrategias, nuestras debilidades.

Un murmullo de incredulidad recorrió la sala. Los representantes intercambiaron miradas de desconfianza.

—¿Tenéis idea de quién puede ser? —preguntó el almirante Kaelen.

—Todavía no. Pero hemos interceptado un mensaje de Vor en el que habla de "un viejo amigo en el castillo". Alguien que le debe un favor. Alguien que puede acceder a las cocinas reales.

—¿A las cocinas? —Lyssara frunció el ceño—. Eso significa que planean envenenar a alguien.

—A nosotros. A nuestra familia. —Kael la miró—. Vor quiere capturar a Lucian, a Elyse, a ti. Quiere usarnos como rehenes para obligarme a rendirme.

—Pues tendrá que pasar por encima de mi cadáver —dijo Lyssara, con una frialdad que heló la sala.

—Y del mío —añadió Lucian.

—Y del mío —dijo Alyssandra, poniéndose en pie—. Sé que soy nueva aquí, y que algunos de vosotros no confiáis en mí. Pero yo también lucharé por proteger a esta familia.

Maelt la observó con escepticismo.

—Hablas con valentía, muchacha. Pero, ¿estás dispuesta a respaldar tus palabras con hechos?

—Lo he hecho. En Torheim. En Bahía de Alara. Y lo haré de nuevo. —Alyssandra le sostuvo la mirada—. Soy una Vaelthorne. Los Vaelthorne siempre cumplen sus promesas.

—Los Vaelthorne son una familia noble menor de Lythara —dijo Maelt—. No tienen un historial de guerreros destacados.

—Entonces, yo seré la primera. —Alyssandra no se amilanó—. Con vuestro permiso o sin él.




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