Isabella
Es curioso cómo un día crees que tienes a una persona en la que puedes confiar toda tu vida y, de pronto, te das cuenta de que nunca la conociste.
Tenía siete años cuando conocí a America. Desde que estábamos pequeñas fuimos inseparables; ella fue la única amiga que tuve y la única por la que podía poner mi pecho con tal de que no se hiciera daño. Si me hubiesen dicho lo que ella era capaz de hacer antes de que me diera la espalda ese día, cuando fui en su búsqueda llorando, no lo habría creído.
Sin embargo, fue la misma America quien me dijo que su madre no le permitía estar cerca de mí, que mi reputación dañaría la suya, un sinfín de cosas que debieron decirme que el cariño que le tenía nunca fue recíproco.
—Isabella, vamos, tenemos que celebrar la victoria.
La voz de Logan suena relajada porque, al parecer, no se ha dado cuenta de la mujer que tiene a unos pasos de él. Los labios de America forman una fina línea, como si no estuviese feliz de escuchar a Logan hablarme.
—Iré en un momento, por favor no vengas, debo hablar con alguien —mi voz suena calmada porque no quiero que Logan se dé cuenta de lo incómoda que estoy—. Los chicos te esperan. —Giro el rostro hacia él y le doy una sonrisa. —En unos minutos estaré contigo. —Él me observa con curiosidad, pero asiente.
—Bien, no tardes, quiero celebrar contigo.
Sonrío un poco mientras escucho los gritos de los chicos. Logan me lanza una última mirada antes de irse y, cuando desaparece, noto cómo los ojos de America me observan de una forma que deja en claro cuánto me detesta.
¿Siempre fue así y no me di cuenta?
No recuerdo realmente si America era así de venenosa o si simplemente la quise tanto que nunca busqué verle la maldad.
—Así que finalmente lo conseguiste. —Aprieta con fuerza los labios y el lindo gesto que tenía antes de verme se ha esfumado por completo. —No entiendo realmente cómo logras engañarlo de esa manera.
Sonrío despacio porque no dejaré que ella vea cuánto me afecta.
—¿Conseguir qué? —cuestiono, dando un paso al frente. Ni su costosa ropa ni lo hermosa que está me intimidan. Aun cuando con sus altos tacones me lleva varios centímetros y eso me obliga a levantar la mirada, no le doy el gusto de que me vea débil—. ¿Que el padre de mi hijo esté conmigo? ¿Que no pudiste cumplir el propósito de alejarlo de mí? —Ella se tensa y sonrío. —Dime, ¿en qué momento te hice tanto daño para que me odiaras de la manera en que lo haces, America?
Me trago el nudo en la garganta. No dejaré que ella vea la manera en que sigue doliéndome su traición.
—¡Él iba a ser mío! ¡Debió ser mío! —Su grito no me hace sentir pena. —Me gustó primero, lo vi primero, pero tú me lo robaste y me echabas en la cara tu perfecta maldita relación cuando todo lo que tenías debió ser mío.
Niego despacio.
—¿Te estás escuchando? ¿Por un chico? ¿Por un chico me apuñalaste por la espalda? ¿Por un chico me dejaste sola cuando más te necesitaba? Vete a la mierda. Logan nunca gustó de ti, nunca te miró como algo más que mi mejor amiga. ¿O lograste algo cuando desaparecí? —Ella se queda en silencio. —No lograste nada y jamás lo harás, porque no importa cuántas mentiras le digas, cuántas fotos inventes, Logan siempre estará conmigo. Así que ahórrate el maldito teatro de la loca del momento y mejor aleja tus garras de mi hombre —gruño finalmente, molesta.
America me observa como si quisiera atravesarme con la mirada. Durante un instante creo que va a gritar de nuevo, que va a perder el control como acaba de hacerlo, pero en lugar de eso se ríe. Es una risa amarga, vacía, una que no se parece en nada a la de la niña que alguna vez compartió secretos conmigo bajo las sábanas mientras imaginábamos cómo sería nuestro futuro.
—Claro, Isabella, sigue creyendo eso si te hace sentir mejor —dice con una sonrisa cruel—. Sigue pensando que todo fue por Logan porque es más fácil que aceptar la verdad. —Frunzo el ceño.
—¿Qué verdad?
—Que siempre lo tuviste todo. —La respuesta me toma por sorpresa.
—¿De qué demonios hablas?
—De todo —escupe con resentimiento—. Tenías una familia que te adoraba, tenías amigos que te defendían, tenías a Logan siguiéndote como un cachorro enamorado, tenías sueños, oportunidades. Incluso cuando tu vida se volvió un desastre, seguías teniendo gente dispuesta a ayudarte. ¿Y sabes qué tenía yo? Nada. Absolutamente nada.
La observo sin saber qué decir. Hay rabia en sus ojos, pero también algo más oscuro, algo que parece haber estado creciendo dentro de ella durante años.
—De verdad, estás loca —susurro negando, porque ella realmente no tiene idea de lo mal que la pasé cuando todos me dieron la espalda.
—¿Crees que no veía cómo te miraban todos? —continúa—. ¿Crees que no notaba que siempre eras tú la que importaba? Yo era la amiga, la sombra, la chica que estaba a tu lado mientras todos hablaban de ti.
—Eso no es culpa mía.
—No, pero tampoco hiciste nada para cambiarlo. —La incredulidad me golpea de lleno.
—¿Hablas en serio? ¿Esperabas que me disculpara porque la gente me hablaba?
—Esperaba que vieras algo más allá de tu maldita burbuja. —Suelto una carcajada seca.
—No, lo que esperabas era ocupar mi lugar. —Su expresión se endurece.
—Tal vez sí.
El silencio cae entre nosotras durante unos segundos. Por primera vez America no intenta negarlo. No busca excusas ni mentiras. Simplemente lo acepta. Y eso duele más de lo que debería. Porque significa que todos esos años de amistad estuvieron construidos sobre algo podrido.
—Eras mi hermana —susurro con la garganta cerrándose—. Te defendí más veces de las que puedo contar. Lloré contigo. Compartí todo contigo. Te consideraba mi familia. —Por una fracción de segundo veo algo parecido a la culpa cruzar por su rostro, pero desaparece tan rápido que llego a preguntarme si lo imaginé.