Isabella
Observo con curiosidad cómo Camille observa al entrenador Ruff este día. Ella parece realmente sumergida en sus pensamientos mientras no le quita los ojos de encima. Hay muchas emociones pasando por esa mirada que no me veo capaz de seguir mi camino aun cuando no debería involucrarme en lo que no me piden; sin embargo, me veo incapaz de no escucharla cuando Camille es lo más cercano a una amiga que he hecho aquí. Aunque es mi jefa, no se ha comportado como tal porque aún nadie sabe que tengo un hijo de Logan o hace tiempo es posible que hubiese terminado echada a la calle sin empleo.
Me aclaro la garganta y ella se sobresalta. Sus ojos pasan a mí y tengo que controlar la sonrisa que se me quiere escapar. Ella se pone recta y me sonríe con algo de tensión. Tengo que morderme el labio para no reírme porque ahora sé que es verdad, de alguna manera todo ese odio y desagrado que se profesaban es una mentira. A Camille le gusta el entrenador de alguna manera y no la puedo juzgar. El hombre se ve realmente bien, más que bien, y siempre ha sido amable conmigo, por lo que no tengo quejas.
—Isabella —se aclara la garganta luciendo algo nerviosa, cosa que me sorprende aún más porque Camille es la persona más segura que conozco. Es por eso que me acerco a ella y le pongo una mano en la frente.
—No tienes fiebre —es lo que digo en voz alta y ella frunce el ceño, recomponiéndose y dándome la mirada fuerte que siempre trae consigo.
—Estoy bien, solo estaba pensativa. ¿Necesitas algo? —inquiere y asiento.
—Necesito felicitarte por tu cumpleaños —saco el pequeño pastel que mantuve guardado toda la mañana de mi espalda con una sonrisa—. Feliz cumpleaños, Camille. —Ella me mira fijamente, abriendo los labios mientras una hermosa sonrisa se va posando en ellos.
—¿Cómo sabías que estaba de cumpleaños? —cuestiona con interés—. He ocultado esta fecha por años.
Sonrío divertida.
—Cuando estuve analizando algunas muestras, dejaste tu expediente. Sin saber que era tuyo lo vi —le guiño un ojo—. ¿No planeaste nada? —Ella niega.
—No soy de celebrarlo, pero gracias, es todo un detalle.
La abrazo y miro detrás de ella cómo la mirada del entrenador pasa a Camille y luego la aparta. Realmente siento curiosidad por esos dos, pero no digo nada.
—Thiago me ayudó a prepararlo —le aseguro y ella sonríe mirándolo.
—Dile a ese ángel que muchas gracias, está hermoso. —La veo morderse el labio. —Eres una gran amiga, Isabella.
Siento un nudo de emoción en la garganta porque la última persona que me dijo esas palabras es la misma persona que, por más que he bloqueado, sigue escribiéndome desde diferentes números.
No sé realmente cuál es el problema de América. Sigue insistiendo en que debemos hablar cuando realmente no quiero nada que ver con ella. Creo que ya escuché demasiado lo que tenía por decir y no fue nada agradable de escuchar. América arruinó todo entre nosotras, por lo que no quiero perder el tiempo en una persona como ella.
—Gracias —ella suspira y me hace caminar. Cuando entramos al pasillo desierto se muerde el labio inferior.
—La verdad es que estaba pensando este sábado hacer una pequeña fiesta, aunque no iban a saber a qué se debía, pensé que era buena idea. ¿Quieres venir? —cuestiona luciendo ansiosa—. Sé que tienes a Thiago, pero puedo buscar a una persona para que lo cuide, te prometo que yo misma evaluaré que sea de confianza y...
—Está bien —me río—. Estaba pensando que mi hijo puede pasar tiempo con sus abuelos, creo que es una buena oportunidad, aunque siendo sincera se me hace difícil alejarme de él cuando siempre hemos sido solo dos. Y ahora tiene a su padre, a sus abuelos y a todos ustedes.
Ella sonríe.
—Ya te dije que no debes sentirte ansiosa. Cuando quieras integrarás al niño, pero te puedo asegurar que todos lo amarán. Es tan precioso y tan inteligente. Eres una gran madre, Isabella, eso hasta yo puedo verlo —ella me sonríe y suspira—. Y como sé que tú estarás, sé que Logan confirmará. Realmente al hombre lo traes arrastrándose por ti. —Me sonrojo un poco y ella se ríe. —Sigue así —me guiña un ojo.
—Estaremos encantados de ir. —Camille asiente y suspira.
—Debo ir a verificar algo, puedes irte por hoy, no tengo problemas con que salgas antes.
Asiento mientras me despido para caminar a buscar mis pertenencias. Cuando ingreso en el área de enfermería mis compañeras ya se marcharon, así que me coloco un abrigo porque tengo algo de frío y cuando siento una presencia detrás de mí sonrío un poco.
Las manos de Logan se quedan en mis caderas y puedo sentir el beso que deposita en mi cuello. Todavía queda el aroma de su perfume mezclado con algo de sudor.
—¿Ya te vas? —inquiere y lo miro sobre el hombro tomando mi bolso.
—Sí, iré por Thiago, quiero llevarlo a comprar más colores. —Él se ríe.
—Ya te dije que quería darle el...
—Sí, sí, sí —lo interrumpo—. Si te dejo llevas la tienda completa —ruedo los ojos y él se ríe—. Por cierto, este sábado estaba pensando en dejar a Thiago con tus padres para que pase tiempo con ellos.
Me muerdo el labio inferior a la espera de qué le parece y Logan parece sorprendido cuando me giro por completo a mirarlo.
—¿Es de verdad? —Asiento y él sonríe. —Estarán muy felices. Gracias, Isa, te prometo que ellos lo cuidarán bien. —Suspiro y me muerdo el labio inferior.
—Aún no me acostumbro a que otras personas lo tengan. —Logan me besa la boca y se aparta.
—Lo sé, pero no tienes que hacerlo sola nunca más —me asegura mientras me acomoda un mechón de cabello detrás de la oreja—. Te acostumbrarás poco a poco.
Asiento porque sé que tiene razón, pero una parte de mí todavía sigue siendo aquella chica que se quedó sola de un día para otro, la misma que tuvo que aprender a ser madre mientras lloraba por las noches porque no sabía si estaba haciendo las cosas bien. Durante mucho tiempo solo fuimos Thiago y yo contra el mundo, así que dejar que otras personas entren en nuestra vida sigue siendo un proceso complicado para mí.