Logan
Algo pasó.
Conozco a Isabella y ha estado actuando extraño, es como si estuviese enfadada o rabiosa, y no conmigo, porque se sigue comportando dulce e igual que antes, pero sé que algo la hizo enojar.
Así que ahora estoy terminando de vestir a Thiago para llevarlo a dormir mientras que ella se encarga de la cocina. Siempre que está aquí le gusta hacerlo y yo cada vez que estamos en mi casa soy quien lo hace, es como una regla entre nosotros no establecida. Discutir con ella es imposible, así como ganarle cuando se pone en ese plan.
Miro a mi hijo con una sonrisa, se ve cansado luego de que hayamos pasado horas jugando mientras que Isabella hacía la cena para los dos. Ahora mismo solo tengo que besarle la frente, arroparlo y de inmediato se duerme. Besándole la frente una vez más, apago la luz y salgo de la habitación en silencio.
Cuando llego a la cocina me encuentro a Isabella perdida en sus pensamientos. Me acerco a paso sigiloso y ella se sobresalta cuando la abrazo desde atrás, luego la siento relajarse.
—¿Me dirás qué fue lo que te hizo enfadar? —cuestiono con interés.
Noto la manera en la que ella se tensa, pero no responde. No me le despego hasta que termina de limpiar la cocina y luego, con un suspiro agotado, se gira hacia mí.
—América fue a buscarme hoy.
Me tenso enseguida y la miro de arriba abajo como si buscara algún daño que le haya hecho esa mujer. Esta misma noche comenzaré a buscar respuestas de por qué esa mujer es tan irritante e insistente.
—¿Qué te dijo? —Isabella se muerde el labio inferior y luego mira hacia la pared. Le tomo el mentón haciendo que su mirada caiga en la mía. —¿Qué te dijo esa mujer? —cuestiono más que furioso.
Isabella se muerde el labio inferior antes de soltarlo y aclararse la garganta.
—Le llamó bastardo a mi hijo.
Me tenso enseguida. Entiendo entonces por qué Isabella ha estado furiosa todo el día. Joder, yo mismo siento cómo la furia pasa a formar parte de mi cuerpo y América de verdad contará sus malditos días porque haré todo lo que tenga en mis manos para joderla un poco. Debió quedarse donde sea que estaba, porque mientras más lejos de Isabella y de mí, mucho mejor. No la quiero cerca de nosotros después de toda la mierda que hizo.
—¿Qué más te dijo? —Mi voz sale baja y peligrosa. Ella aparta los ojos y aprieta los dientes con fuerza.
—Me dijo que Thiago no era tu hijo. —Me tenso y la miro fijamente. —Me dijo que es posible que por la vez que me drogó yo realmente haya acabado en la cama de...
—Basta —la corto—. Thiago es mi hijo, es una copia de mí, es absurdo lo que ella dice y si ese maldito infeliz se atrevió a ponerte realmente las manos encima, lo mataré yo mismo, te lo juro —gruño.
Ella niega.
—Le dejé en claro que Thiago es tuyo, jamás estaría con alguien más —se encoge de hombros—, pero ella no pareció muy conforme. Sé que comenzará a molestarnos, Logan, lo presiento. —Hago una mueca y pego mi frente a la suya aspirando su aroma.
—Es un fastidio, parece que esos dos no tienen una vida que llevar y siempre estarán rondando como moscas molestas —susurro—, pero te prometo que daré todo de mí, Isa. No dejaré que nadie te aparte de mi lado de nuevo. Eres mía y yo soy tuyo. Fue del amor que nació Thiago, de nosotros y de nuestra historia —susurro antes de besarla con suavidad.
Isabella responde al beso de inmediato, como si también necesitara aferrarse a algo que le recordara que estamos juntos en esto. Deslizo una mano hasta su cintura y la atraigo más hacia mí, ignorando por unos segundos todo lo demás. América, ese imbécil que la drogó, los problemas que parecen empeñados en perseguirnos incluso cuando las cosas comienzan a ir bien. Nada de eso existe mientras tengo a Isabella entre mis brazos. Ella termina apoyando la frente contra mi pecho y cierro los ojos un instante, disfrutando de la tranquilidad que pocas veces encuentro en mi vida. Porque la verdad es que cuando ella está cerca todo parece más simple, incluso los problemas que podrían volver loco a cualquiera.
—No quiero que te preocupes por ellos —murmuro acariciándole el cabello—. Ya nos quitaron demasiado tiempo, Isa. No pienso permitir que vuelvan a hacerlo.
Ella no responde enseguida. Se limita a rodearme la cintura con los brazos y permanece así unos segundos. Sé que está pensando, probablemente imaginando todos los escenarios posibles porque así funciona su cabeza. Siempre intenta prepararse para lo peor para evitar salir lastimada. Pero yo ya estoy cansado de que ella tenga que vivir esperando el siguiente golpe.
—No me preocupa lo que puedan hacerme a mí —susurra finalmente—. Me preocupa Thiago. —Aprieto los dientes, porque a mí también.
—No dejaré que se acerquen a él.
—Logan...
—Lo digo en serio —la interrumpo—. América puede decir lo que quiera, puede aparecer donde quiera, pero no permitiré que le haga daño a nuestro hijo. Ni a él ni a ti.
Ella levanta la cabeza para mirarme y por un momento veo algo de alivio en sus ojos. No desaparece la preocupación, pero al menos parece más ligera. Entonces estira una mano y me acaricia la mejilla.
—A veces olvido lo terco que eres. —Resoplo.
—No soy terco.
—Lo eres.
—Solo cuando tengo razón.
Ella termina soltando una pequeña risa y siento cómo parte de la tensión abandona su cuerpo. Esa era exactamente mi intención. Odio verla preocupada, odio verla triste y odio todavía más saber que alguien es responsable de ello.
—Ven aquí.
La tomo de la mano y la guío fuera de la cocina, cuando llegamos al pasillo ambos nos detenemos frente a la habitación de Thiago. Abro la puerta apenas unos centímetros para comprobar que sigue dormido y me encuentro a mi hijo completamente atravesado en la cama, abrazando uno de los peluches que Isabella le compró hace unas semanas.
—Definitivamente duerme igual que tú —susurro.