Tiempo Extra

Capítulo 11

Logan

Cuando llego a casa de Isabella espero encontrar a mi pequeño hombrecito esperándome como todos los días, pero me encuentro a Isabella. A Isabella en un vestido sencillo que hace que me ponga tenso porque se le marca toda la silueta y, a veces, trato de ser respetuoso, todo lo posible con ella. Sin embargo, esta mujer me trae completamente loco. Es por eso que respiro hondo y me acerco aún más a ella, tomándola de la cintura y depositando un beso en la comisura de sus labios que la hace jadear con sorpresa por el movimiento repentino.

—Hola, preciosa. —Ella sonríe y juro que mi mundo parece iluminarse con su sola presencia.

—Hola, Logan.

Deposita un suave beso en mis labios antes de dejarme ir. Isabella da un paso atrás dándome espacio para que entre. Escucho cómo cierra la puerta y con la mirada busco a mi hijo. Frunzo el ceño cuando no lo encuentro.

—¿Dónde está Thiago? —cuestiono girando hacia ella.

—Salió con Isaac, quiso tener un momento con su sobrino —se encoge de hombros—. Estaba por comenzar a preparar la cena, ven. —La sigo a la cocina viendo cómo ella está pelando algunas cosas cuando se coloca frente al mesón. Me acerco a lavarme las manos y sacar otro cuchillo para ayudarla.

—Quiero sacar un día a mi hijo —le digo y ella se tensa antes de suspirar.

—Lo harás, solo dame un poco de tiempo. —Asiento sin querer presionarla y luego deposito un beso en su hombro. —¿Sabes qué le pasa a mi hermano? Thiago me dijo que ustedes hablaron mucho, pero Isaac ha estado muy callado últimamente. No sé qué tiene, está muy pensativo y no me quiere decir nada, comienzo a preocuparme. —Me muerdo la lengua porque no es mi deber decirle lo que pasa con su madre.

Aunque Isabella no era muy apegada a ella, la amaba muchísimo, pero no comprendo cómo esa mujer simplemente le dio la espalda a su hija embarazada, todavía no lo comprendo. Siempre fue algo estricta, pero miraba a su hija con amor. Parece que el amor que profesaba era lo más vacío que existía.

—No lo sé, pero sabes cómo es Isaac, cuando se sienta cómodo te lo dirá. —Sus ojos caen en los míos y tengo que controlarme porque es tan hermosa que la necesidad de tocarla es más fuerte que la razón.

—Entiendo eso —la veo morderse el labio y aprieto con fuerza el cuchillo, sabiendo que puedo cortarme porque estoy muy distraído. Lo dejo y me enfoco en mirarla a ella—, pero eso no quita que esté preocupada. Creo que rompió con su prometida, le pregunté por ella y no me respondió. —Me muevo para lavarme las manos.

—Me sorprendió saber que tenía una prometida. —Isa se ríe.

—La verdad es que no traté mucho con ella por el tiempo, pero se vio amigable en cierta forma, aunque creo que chocaban mucho en que ella no quería hijos y mi hermano lo respetaba, aunque él si quiere tenerlos. Pero él ama a Thiago y con eso tiene. Creo que una vez discutieron por el tiempo que pasaba con nosotros —se encoge de hombros—. A veces siento que he robado mucho de su tiempo. Mi hermano tiene una vida, pero es como si la necesidad de cuidar de todos los que ama fuese más fuerte y a veces se olvida por completo de él. —Me quedo en silencio porque eso es justamente lo que está pasando.

Hago que ella detenga lo que está haciendo y me mire, hay cierta culpa en sus ojos y eso lo odio, ella no debería sentirse culpable porque alguien la ame y siempre la tenga de prioridad.

—Isaac es fuerte, si algo pasó con ella te lo dirá, si lo abrumas mucho se cierra, es terco, pero te ama mucho Isa —acaricio su mejilla y suspiro—, a veces realmente me pregunto cómo es posible que haya sobrevivido a cinco años sin tenerte y tocarte —murmuro y sus labios se abren un poco, sorprendida por mis palabras.

—Estamos hablando de mi hermano —me recuerda y yo me río.

—Y yo cambiando el tema porque no me gusta la expresión que tienes ahora, necesito que te olvides de los problemas. Ya has pasado por mucho, Isabella, no trates de cargar con los problemas de los demás también. Tu hermano está bien, con problemas, pero todos los tenemos, es terco, pero siempre muéstrale tu apoyo y con eso, con eso le estarás dando mucho más de lo que él seguramente espera —le guiño un ojo y ella sonríe limpiando sus manos.

—Está bien, esas palabras bonitas hacen que quiera besarte —me río agachándome para rozar sus labios con los míos, sus párpados caen de inmediato y no controlo la sensación de poder que siento, es por eso que entierro mis dedos en su pelo y la beso.

Sus labios son dulces y contra los míos me recuerdan que pase lo que pase ella es la única mujer que amaré siempre. Ahora que tengo tiempo extra, seguiré conquistándola, seguiré amándola, seguiré haciendo que no olvide que soy una buena opción para ella.

Isabella coloca las manos en mis hombros y yo la tomo de la cintura alzándola un poco para tener más acceso a su boca, Isabella suelta un suspiro que atrapo y le muerdo el labio inferior subiendo la temperatura, siento que comienzo a enloquecer con su dulce sabor, esa es la razón por la cual mi beso se vuelve más invasivo, mi lengua navega entre su boca y la pruebo sin contención alguna, siento que ambos necesitamos oxígeno, pero es como si a ninguno de los dos nos importara poco eso.

El beso se vuelve mucho más sucio, hambriento y cargado de una desesperación que lleva cinco años contenida en mi pecho. Cinco años sin tenerla, cinco años de pura abstinencia y de volverme loco imaginando este momento exacto. La empujo hacia atrás hasta que sus caderas chocan contra el mesón de la cocina. Sin molestarme en romper el beso, extiendo el brazo y barro de un manotazo violento todo lo que hay encima; el ruido de los objetos cayendo y rompiéndose queda completamente ahogado por el sonido húmedo, caótico y obsceno de nuestras bocas devorándose. No hay delicadeza aquí, solo la urgencia salvaje de recuperar cada maldito segundo perdido.

La agarro del traser con fuerza, enterrando mis dedos en su carne con una posesividad que me quema, y la alzo para sentarla en el borde. Isabella abre las piernas instintivamente, rodeando mi cintura, y me encajo brutalmente en medio, aplastando la dureza de mi erección contra su intimidad a través de la ropa. Joder, el dolor de desearla tanto tiempo casi me hace perder la cabeza. Me aparto de su boca solo para bajar los dientes por su mandíbula, mordiéndole el cuello con una rabia y un amor tan intensos que le arranco un gemido ronco, directo del fondo de su garganta. Sigo bajando, lamiendo su piel caliente, devorando cada rincón que me fue prohibido, hasta llegar al escote; ahí empiezo a besarla con desesperación a través de la tela del vestido, empapándola con la lengua mientras ella se arquea, suplicando por más fricción contra mí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.