Tiempo Extra

Capítulo 13

Logan

Tanto Isaac como yo estamos en silencio, sentados en un banco que queda justo frente al edificio de Rett. Ninguno de los dos ha querido hablar porque ambos sabemos a lo que venimos y esa es la razón por la cual él se mantiene al teléfono y yo me mantengo mirando el cielo nublado, sabiendo que pronto lloverá. Hace frío esta mañana porque aún el sol ni siquiera ha salido, pero, según la información que me dieron, ese maldito bastardo de Rett siempre sale a correr temprano y la información se confirma cuando lo veo salir del edificio preparado para su rutina matutina, toco el hombro de Isaac y ambos nos levantamos.

Rett va muy calmado escuchando música porque lleva sus auriculares puestos mientras trota, lo seguimos a una distancia prudente mientras lo observo detenidamente, lo vamos siguiendo al menos diez minutos hasta que él ingresa en un parque solitario y sonrío sabiendo que este es nuestro momento, avanzo con más rapidez corriendo hasta pasar por su lado y luego detenerme para que él tenga que detener el paso.

Su respiración es agitada como la mía mientras se quita los auriculares y me mira fijamente, enarca una ceja mientras me evalúa, Isaac se sienta en uno de los bancos a esperar su turno, porque no somos tan hijos de puta cobardes como para atacarlo entre los dos al mismo tiempo.

—¿Qué quieres, Reed? —cuestiona con una sonrisa irritante que me provoca ganas de golpearlo de verdad.

Este imbécil siempre la quiso, pero jamás la pudo tener. No soy idiota, desde que me enamoré de Isabella, desde que la besé por primera vez, sabía que tenía una joya entre mis manos que muchos codiciaban y no podían tener, así que cuando vi a este hijo de puta en esas fotos y luego lo vi besarla, sentí que todo mi mundo se derrumbaba, no puedo creer que fui tan débil, pero ahora mismo quiero vengarme de este maldito lunático que junto a esa infeliz de América drogó a Isabella para hacerle dichas fotos. Siento rabia de lo que pudieron hacerle mientras ella estaba insconciente porque ella no recuerda nada de eso.

—Tenemos una conversación pendiente, hijo de puta —ladro sin controlarme, él enarca una ceja sonriendo levemente.

—Supongo que se trata de Isabella, ya te dije que fue buena en la cama mientras duró, pero ya deberías superar eso, muchas mujeres hay en el mundo para ensañarte con la misma una y otra vez —rueda los ojos y yo sonrío un poco haciéndole creer que la mierda de palabras que ha dicho me convencen.

Creo que no se espera el puñetazo que le rompe la nariz y que hace que, cuando me mire, comience a sangrarle, muevo el cuello para librar un poco de la tensión que siento antes de sonreírle.

—¿Así que pensaste que le tomarías una foto a mi mujer, la drogarías y luego dejaría todo en paz? —cuestiono mientras él cuadra su cuerpo para pelear conmigo.

—Ya te dije que no hice nada de eso, ella fue la que quiso...

Él no es lo suficientemente rápido para interceptar el otro puñetazo que le destroza la mandíbula y luego el siguiente en el abdomen, pero toda la rabia que me había guardado hasta ahora es que puedo expresarla. Sé que Isabella va en contra de la violencia, pero soy la parte de la relación que tomará cartas en el asunto con sus propias manos.

No alcanzo a darle tiempo para recuperarse cuando vuelvo a lanzarme sobre él, esta vez es él quien intenta responder con un golpe que logro esquivar inclinando apenas el cuerpo, mi puño vuelve a impactar contra su rostro y siento los nudillos arder mientras él retrocede trastabillando, llevo demasiado tiempo imaginando este momento, demasiado tiempo recordando el rostro destrozado de Isabella, las lágrimas que derramó creyendo que había perdido todo por culpa de estos malditos, así que no pienso detenerme hasta que entienda que ya no volverá a acercarse a ella nunca más.

—Escúchame bien, porque solo voy a decirlo una vez —gruño sujetándolo del cuello de la camiseta antes de volver a empujarlo contra el suelo—. Isabella ya no está sola, ¿me oyes? Ya no tienes a una mujer indefensa para jugar con ella, ahora nos tiene a nosotros, me tiene a mí y tiene a su hermano, pero, sobre todo, tiene un hijo al que voy a proteger de cualquier basura como tú aunque tenga que romperme las manos haciéndolo.

Rett escupe sangre a un lado y suelta una carcajada que consigue que toda la rabia vuelva a recorrerme el cuerpo, intenta ponerse de pie tambaleándose y apenas lo logra cuando vuelve a buscarme con otro golpe, esta vez consigue rozarme el pómulo, pero no es suficiente para detenerme, respondo con un derechazo que vuelve a hacerlo perder el equilibrio y cuando cae de rodillas lo sujeto por la camiseta obligándolo a mirarme de frente.

—La próxima vez que pronuncies el nombre de Isabella será para pedirle perdón por todo lo que le hiciste —le digo apretando los dientes—. Porque si vuelves a acercarte a ella, si vuelves a intentar hacerle daño o siquiera mirar a mi familia, no va a haber rincón donde puedas esconderte de mí.

Lo suelto con desprecio y él cae nuevamente al suelo respirando con dificultad, durante unos segundos solo se escucha el sonido de nuestras respiraciones agitadas mezclándose con el viento frío de la mañana, siento la sangre correr por uno de mis nudillos abiertos y aun así no me arrepiento de absolutamente nada, porque por primera vez desde que toda esta mierda comenzó siento que estoy haciendo lo que debí hacer desde el principio: proteger a la mujer que amo.

—¿Terminaste? —pregunta Isaac desde el banco con una calma que pone la piel de gallina.

Asiento sin apartar la mirada de Rett y doy un paso hacia atrás mientras limpio la sangre de mis nudillos contra el pantalón, Isaac se pone de pie con una tranquilidad inquietante, acomoda las mangas de su sudadera y comienza a caminar hacia nosotros sin apresurarse, como si hubiera esperado pacientemente el momento que le correspondía.

—Perfecto —murmura cuando pasa a mi lado—. Ahora me toca a mí.




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