Logan
La fiesta de Camille es linda.
En ella solo estamos el equipo de hockey, su equipo de trabajo, el entrenador Ruff y algunas otras personas cercanas a ella. El penthouse en el que vive es enorme y me pregunto cómo es que una sola persona es capaz de no sentirse sola, pero luego recuerdo que mi casa es enorme para mí solo. Cuando dirijo mi vista hacia Isabella sonrío, porque estoy esperando que pronto ella forme parte de mi vida y de mi casa de manera permanente.
Dexter pasa una mano por mis hombros y me hace mirarlo de reojo. No puedo evitar sonreír un poco porque sé que ya está un poco achispado. Sus ojos se dirigen hacia Isa, quien está hablando con Camille y la otra chica de la que siempre olvido el nombre, creo que es Laura. Dexter no deja de mirar en esa dirección, haciendo que lo empuje de manera sutil.
—¿Por qué estás mirando a mi mujer? —cuestiono, frunciendo el ceño hacia él.
Los ojos de Dexter se abren sorprendidos.
—No estoy mirando a tu mujer —es su respuesta, por lo que vuelvo a mirar en esa dirección y entonces me fijo en a quién está mirando realmente.
—¿Por qué la estás mirando? —cuestiono y la chica siente nuestra mirada porque aparta los ojos en cuanto se da cuenta de que es Dexter quien la observa.
—Creo que hice una estupidez borracho y la ofendí de alguna manera —me dice y frunce el ceño—. Sí, creo que cometí un delito enorme, hermano.
Por la manera en que Laura parece cabreada, supongo que le daré la razón a mi mejor amigo, pero me quedo callado porque se supone que esos no son mis problemas.
—Espero que te disculpes, se ve que está cabreada. —Él hace una mueca.
—Tú pareces cabreado de no estar pegado a Isabella, deberías hacerlo, dudo que alguien aquí diga algo sobre ustedes —se encoge de hombros—. Es momento de que comiencen a relacionarlos, las mentiras no se mantienen toda la vida y en algún momento descubrirán que ambos están juntos, es por eso que te recomiendo que lo hagas con tiempo. —Me palmea el hombro. —¡Te ves preciosa, Isa! —El grito de Dexter hace que todos nos miren, por lo cual lo golpeo.
Casi pienso que Isabella nos va a reprender con la mirada, pero ella se ríe y levanta la copa que está tomando hacia nosotros.
—¡Gracias, Dex!
Frunzo el ceño porque estos parecen estar muy de amiguitos y no sé en qué momento se supone que eso pasó, así que ladeo la cabeza hacia ella, mirándola con intensidad, porque Dexter tiene razón, está hermosa y quiero besarla.
Aunque decir que solamente quiero besarla es mentir. No dejo de pensar en lo que pasó en su cocina y quiero mucho más. Mi cuerpo parece haber revivido la pasión y el deseo, porque últimamente me imagino a Isabella y a mí, en una cama, solos, tomándolo todo del otro. Sin embargo, no quiero que ella se sienta de alguna manera presionada.
No me doy cuenta de que me quedé observándola hasta que Isabella gira apenas la cabeza y nuestras miradas se encuentran al otro lado del salón. Una pequeña sonrisa aparece en sus labios y siento que todo el ruido de la fiesta desaparece por un segundo. Es ridículo el efecto que tiene sobre mí, porque alrededor hay música, personas hablando, vasos chocando y hasta Dexter discutiendo con uno de los chicos por quién es peor cocinando, pero nada consigue llamar mi atención como ella. Lleva el pantalón negro y la blusa blanca con la que fue a dejar a Thiago a casa de mis padres y, aunque es un conjunto sencillo, consigue verse preciosa. Levanto mi copa en su dirección y ella hace lo mismo antes de darle otro sorbo al vino.
—Hermano, deja de mirarla de esa manera o terminarás embarazándola otra vez con los ojos —la voz de Dexter me hace volver a la realidad.
Lo miro con el ceño fruncido y él suelta una carcajada mientras da otro trago a su cerveza. Estoy a punto de responderle alguna estupidez cuando Isabella se despide de las chicas y comienza a caminar hacia nosotros. Cada paso que da hace que mi atención vuelva a centrarse únicamente en ella. No necesita un vestido elegante ni ropa llamativa para volverme completamente loco; creo que jamás había conocido a una mujer que pudiera verse tan hermosa con algo tan sencillo y, al mismo tiempo, hacer que me cueste apartar los ojos de ella.
—¿Qué tanto hablan ustedes dos? —pregunta deteniéndose frente a nosotros.
Tengo el impulso de tomarla de la cintura y besarla, pero me contengo. Todavía nadie debe saber que estamos juntos y no pienso ser yo quien eche todo a perder. Me conformo con regalarle una sonrisa que solo ella parece entender.
—Le estaba diciendo a este idiota que vaya a disculparse con Laura antes de que lo denuncie por imbécil —respondo. Dexter rueda los ojos.
—Exagerado.
—No está exagerando —dice Isabella divertida—. Laura puede ser muy dulce, pero cuando alguien la hace enojar guarda el rencor durante semanas.
—¿Ves? Hasta Isa me da la razón. —Dexter resopla con dramatismo y termina vaciando el resto de la cerveza de un solo trago.
—Está bien, iré a disculparme, pero si no regreso es porque me asesinó con un tenedor. —Lo vemos alejarse hacia donde está Laura y no puedo evitar negar con la cabeza.
—Ese hombre algún día va a meterse en problemas de verdad.
—Lo dices como si tú nunca te hubieras metido en ninguno. —La miro de reojo y sonrío.
—La diferencia es que yo siempre tuve a alguien que me sacara de ellos. —Ella arquea una ceja.
—¿Y quién era? —No aparto la mirada de sus ojos.
—Tú... aunque todavía no lo supieras.
Isabella guarda silencio unos segundos y noto cómo sus mejillas adquieren un ligero tono rosado. Baja la vista con una sonrisa tímida mientras juega con la copa que sostiene entre los dedos. Me gustaría acercarme, rozar su mano o besar su frente, pero solo puedo observarla porque todavía estamos fingiendo delante de los demás.
—No me mires así —murmura casi en un susurro.
—¿Así cómo?
—Como si solo existiera yo. —Sonrío de lado.