Isabella
No estoy pensando con claridad.
Solo sé que en el momento en que veo lo que esa mujer publicó sobre mi hijo enloquezco y, sin darme cuenta, corro hacia la puerta sabiendo que debo darme prisa. Es una suerte que las llaves del coche de Logan estén en mi pantalón porque ni siquiera pierdo el tiempo en el ascensor. Yo corro escaleras abajo con la única intención de encontrar a Kitty y matarla.
No me importaría si todas sus acusaciones giraran en torno a mí, pero no permitiré que ella arruine a mi hijo con la mierda que me lanza. No es mi culpa que Logan nunca la haya querido y que ella sea una maldita acomplejada.
Los gritos de todos los escucho a mi espalda, pero sigo bajando y cuando llego al estacionamiento estoy sin aliento. Aun así corro hacia el coche de Logan viendo cómo las puertas del ascensor se abren y él sale, pero ubico su coche y me subo, lo enciendo y arranco sin darle tiempo a que pueda meterse para detenerme.
Sé dónde vive Kitty gracias a sus múltiples videos, pero aun así, con la mano libre, me abrocho el cinturón de seguridad y con la otra conduzco. Luego saco mi teléfono y entro a Instagram buscando sus últimas historias. Me doy cuenta de que se encuentra en un bar subiendo videos como si estuviera animando el ambiente, es por eso que pongo la ubicación y luego emprendo el camino, posiblemente aumentando la velocidad del coche con cada segundo que pasa.
No bromeaba cuando dije que no le iba a permitir a nadie que se metiera con mi hijo. Thiago es sagrado y nadie lo hará sentir como un estorbo, a nadie le permito querer arruinar algo hermoso como él, el niño por el que he dejado sangre y lágrimas.
Mi teléfono suena con múltiples llamadas de Logan que ignoro. Solo sé que media hora después llego al maldito bar, bajo del coche en cuanto estaciono, me recojo bien el pelo, me quito los pendientes y el collar y, con el coraje que ha ido en aumento, entro al lugar.
Está todo lleno de gente. En otra ocasión estaría pensando correctamente las consecuencias de lo que haré, pero ahora mismo no pienso en nada de eso. Busco entre las personas y siento decepción al pensar que quizás llegué tarde y ella ya se fue, pero cuando mis ojos encuentran a Kitty aprieto los labios con fuerza. Ella está riendo de algo que dice una persona a su lado y la rabia escala a un nuevo nivel cuando me encuentro con América a su lado.
No lo pienso cuando me abro paso entre las personas y, para cuando América me ve, es tarde, porque no le da tiempo a Kitty de reaccionar. Yo cierro mi puño y, cuando ella me mira, le rompo la nariz.
El grito que suelta hace que algunas personas nos miren, pero la tomo del pelo y golpeo su rostro contra la mesa. Todas las bebidas caen al suelo, la respiración la tengo agitada y entonces miro a Kitty, a quien le está sangrando la nariz.
—¡Te demandaré por eso, perra desquiciada! —chilla y yo aprieto su pelo con más fuerza.
—¡Yo te demandaré a ti! —le grito—¡No vuelvas a meterte con mi hijo porque te voy a destruir! —grito antes de golpear nuevamente su rostro.
No escucho los gritos a mi alrededor, tampoco las personas que intentan acercarse mientras Kitty llora y trata de cubrirse el rostro. Solo veo su cara, esa misma cara que tuvo el descaro de sonreír después de escribir semejante basura sobre mi hijo. La vuelvo a golpearla con fuerza y ella intenta arañarme, pero esquivo su mano y la empujo contra la mesa una vez más. Los vasos terminan de caer al suelo haciéndose añicos y alguien comienza a gritar que llamen a seguridad. Me da igual. Que llamen a quien quieran. Nadie va a convencerme de que ella no merece cada segundo del miedo que está sintiendo ahora mismo.
—¡Estás loca! ¡Suéltala! —escucho la voz de América.
La siento tirar de mi brazo, pero la aparto de un empujón que la hace trastabillar varios pasos hacia atrás. No pienso tocarla porque ella no es mi objetivo, pero si vuelve a ponerse delante no responderé por mis actos. Kitty aprovecha esos segundos para intentar soltarse de mi agarre, aunque vuelvo a sujetarla del cabello antes de que pueda escapar. La obligo a mirarme directamente mientras las lágrimas comienzan a mezclarse con la sangre que cae de su nariz.
—¿Tan valiente eres detrás de una pantalla? —escupo con rabia—¿Te sentiste importante metiéndote con un niño? ¿Con mi hijo? ¡Vuelve a nombrarlo y te juro que no habrá lugar donde puedas esconderte de mí!
Kitty rompe a llorar mientras trata de quitar mis dedos de su cabello. Alrededor nuestro las personas ya forman un círculo, algunos sacan sus teléfonos para grabar y otros simplemente observan como si esto fuera un espectáculo. Eso solo consigue enfurecerme más. Thiago se ha convertido en tema de conversación por culpa de esa maldita mujer y ahora todos quieren mirar. Mi respiración sale entrecortada, las manos me tiemblan y siento el pecho arder con una fuerza que jamás había experimentado.
—¡Isabella! —la voz de Logan atraviesa el ruido del bar.
No necesito girarme para reconocerla, pero tampoco me detengo. Kitty intenta aprovechar mi distracción y logra zafarse apenas unos centímetros, suficientes para que vuelva a levantar el puño con intención de golpearla otra vez. Sin embargo, antes de que pueda hacerlo, unos brazos fuertes rodean mi cintura desde atrás y me apartan con firmeza. Me revuelvo inmediatamente intentando liberarme, golpeando el pecho de quien me sostiene, hasta que el olor de su perfume termina por hacerme entender quién es.
—Suéltame, Logan. ¡Suéltame! —grito completamente fuera de mí mientras intento volver hacia Kitty—¡No ha terminado! ¡Esa maldita se metió con nuestro hijo!
Logan no responde enseguida. Solo aprieta el abrazo con más fuerza mientras siento su respiración agitada junto a mi oído. Sé que también está furioso, puedo sentir cómo todo su cuerpo está rígido, pero aun así no me deja ir. Delante de nosotros, Kitty continúa llorando mientras América la ayuda a ponerse de pie y varias personas comienzan a apartarse al ver entrar a los guardias de seguridad del bar. Entonces comprendo que esto ya dejó de ser solamente una pelea.