Tiempo Extra

Capítulo 17

Logan

Logré evitar que Isabella amaneciera en la comisaría, pero lo que no he logrado es que deje el enojo que tiene. Me he mantenido al teléfono hablando con mi abogado para proceder con la demanda mientras observo a Isabella dar vueltas por todo mi salón.

Todos nuestros amigos ya son conscientes de que tengo un hijo con ella y, a pesar de que estaban preocupados por Isabella, les hice saber que necesitábamos tiempo a solas. Es por eso que le quité las llaves del coche y la traje a casa luego de que la policía la llevara desde el bar.

Conozco bien a Isabella y por eso le estoy dando tiempo para canalizar su ira, así que me mantengo al teléfono, pero sin quitarle los ojos de encima en ningún momento. Cuando ella parece más relajada, termino la llamada con el abogado y luego me levanto.

Camino hasta ella y la encuentro derramando lágrimas que me hacen enfurecer. Isabella la estaba pasando bien, estaba teniendo una noche divertida que se merecía y esas dos bastardas la arruinaron. Es por eso que haré que Kitty pierda todo y no me sentiré mal por eso. Ella usó la imagen de un menor de edad para su mierda, así que utilizaré todo mi dinero e influencia para que recuerde quién tiene más a su favor y quién está por debajo en este juego.

Tomo el rostro de Isabella entre mis manos y limpio sus húmedas mejillas. Sé por qué esto le afectó tanto. Yo estoy que quiero salir, gritar y matarlas, pero sé que ella siente mucho más porque es quien se ha encargado de ese pequeño desde el momento en que descubrió que crecía en su vientre.

—Estoy tan molesta —su voz ahora es más ronca—. Todavía quiero hacerles daño, Logan, quiero que sientan y que se den cuenta de que no permitiré que lo dañen. Es mi bebé. —Suspiro y pego su frente a la mía.

—Lo sé, preciosa, y te prometo que lo haremos, haremos que se arrepientan. Ya hablé con mi abogado para que inicie la demanda, la llevaremos a juicio. Esta será la primera advertencia para que todos sepan que no dejaremos que nadie se atreva a hablar de nuestro pequeño. —Isabella asiente, pero aún las lágrimas de enojo no se detienen.

—Quería evitar esto y mira cómo terminó. —Ella niega—. Odio que las personas se sientan con el derecho de juzgar mi vida, de comentar cosas terribles sobre mi bebé y seguramente ahora mismo hay cientos de videos de cómo me peleé con Kitty. —Suspiro y le acaricio el cuello.

—Al menos puedes decir que Isaac te enseñó bien y que le diste una enorme paliza. —Eso finalmente le saca una risa y ella niega.

—No soy una persona violenta. —Suspira agitada y yo le acaricio las mejillas.

—Eso lo sé, pero también sé que tu detonador es nuestro hijo y ellas se metieron con él. Por ahora no quiero que pienses más en eso, necesito que descanses, ¿puedes hacerlo? —Ella se muerde el labio inferior y asiente.

—Trataré de hacerlo —susurra.

—Bien, vamos arriba para que te des una ducha. —Ella asiente despacio y me permite ayudarla a subir las escaleras. Parece que toda la adrenalina comienza a salir de su cuerpo porque tiembla ligeramente.

Entro con ella al baño sin soltar su mano. No dice nada, solo permanece de pie mientras observo cómo evita mirarse al espejo. Conozco esa expresión, la he visto antes de los partidos más importantes, cuando la presión parecía querer aplastarme. La diferencia es que yo elegía entrar al hielo, Isabella jamás eligió que expusieran su vida ni que utilizaran la imagen de nuestro hijo para hacerle daño.

Abro el grifo de la ducha y espero a que el agua tome la temperatura adecuada. Luego regreso hasta ella y comienzo a apartarle el cabello del rostro con cuidado. Sus ojos están hinchados, el maquillaje corrido y las mejillas todavía húmedas, pero incluso así sigue pareciéndome la mujer más hermosa que he visto. No porque esté perfecta, sino porque cada una de esas lágrimas me recuerda la madre tan increíble que es. Thiago tiene la inmensa suerte de haber llegado al mundo a través de una mujer que sería capaz de enfrentarse a cualquiera por protegerlo.

—Déjame ayudarte.

Isabella no dice nada, solo traga en seco y asiente sin protestar. Levanata los brazos y yo le quito la blusa tan bonita que lleva hoy y evito mirar su sujetador, no es momento para ponerme intenso con ella cuando ha pasado demasiado el día de hoy, es por eso que suelto un suspiro y beso su frente. No hay deseo en este momento, solo la necesidad de cuidar de ella igual que ella ha cuidado de nuestro hijo durante todos estos años.

—Puedo sola... —susurra con la voz quebrada.

—Lo sé, preciosa. Nunca he dudado de que puedas sola, pero ya no tienes por qué hacerlo.

Sus ojos vuelven a llenarse de lágrimas y antes de que pueda decir algo la abrazo con fuerza. La siento romperse entre mis brazos, aferrándose a mi camiseta mientras los sollozos vuelven a sacudir su cuerpo. No intento detenerla ni decirle que todo estará bien. Hay heridas que necesitan salir antes de comenzar a sanar y esta noche Isabella tiene derecho a desmoronarse todo lo que necesite.

—Tengo miedo... —confiesa entre lágrimas y cierro los ojos con fuerza.

Esa confesión me atraviesa el pecho de una manera que ninguna otra cosa podría hacerlo.

—¿De qué?

—De que esto no termine aquí. De que alguien más quiera hacerle daño a Thiago para lastimarnos a nosotros. De que él crezca y un día lea todas esas cosas horribles que dijeron. No quiero que mi bebé piense que hizo algo malo por existir.

Aprieto la mandíbula con tanta fuerza que llega a dolerme.

—Escúchame bien, Isabella. —Espero hasta que levanta la cabeza y clava esos ojos marrones en los míos—. Thiago jamás va a crecer creyendo una sola mentira sobre él porque nosotros estaremos ahí para contarle quién es realmente. Va a saber cuánto lo amamos, cuánto luchamos por él y cuánto nos importó protegerlo incluso antes de que pudiera entender lo que estaba pasando. Nadie va a definir quién es nuestro hijo, mucho menos un par de mujeres resentidas que creen que hacer daño las hace importantes.




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