Tiempo Extra

Capítulo 21

Logan

Hoy es de esas noches en las que Isabella está cocinando con música puesta y sin nadie más que yo observándola, ya que nuestro hijo cenó temprano, jugó mucho y, luego de un baño, cayó rendido.

Miro a la preciosa mujer que mueve la cabeza al ritmo de la música y podría pensar que está concentrada en lo que está haciendo, pero la conozco mejor que nadie y sé que su concentración se debe a otra cosa.

Isabella, aunque físicamente está aquí, mentalmente está navegando en todo lo que está pasando últimamente. Conozco a la mujer de la que me he enamorado desde joven y esa es la razón por la cual ingreso a la cocina despacio y, sin que se dé cuenta, pongo mis manos en su cintura y pego su espalda a mi pecho. Isa se sobresalta haciendo que algo de harina se caiga en la ropa y suspira levantando la mirada hacia mí. Mis dedos van y retiran la harina que le cayó en la barbilla y luego le beso la frente.

—¿Qué te mantiene tan pensativa?—cuestiono con interés, suspirando despacio hacia su cuello.

Isabella se queda en silencio y comienza a amasar la masa sin importarle que esté pegado a ella como un chicle y qué bueno que me deje, porque tampoco quiero alejarme. Me gusta cuando tenemos estos momentos nosotros dos; me permite relajarme.

—Iré en unos días a ver a mi madre. —No puedo evitar tensarme y ella lo nota porque deja lo que está haciendo y me hace soltarla. Isabella va y se lava las manos para luego mirarme. —Y llevaré a Thiago conmigo. —Normalmente no le niego nada a Isabella, pero el tema de su madre es algo sensible.

Desde que Isaac le dijo que su madre tenía cáncer y que ha estado luchando contra la enfermedad, Isabella ha estado algo pensativa y triste. Sé que le duele porque es su madre, pero también soy consciente de que lo que hizo esa mujer es suficiente para no merecerla. Aun así, soy un hipócrita porque yo hice algo horrible que la lastimó aún más y, pese a eso, quise su perdón y la quise a mi lado.

Sin embargo, no soporto la idea de que nadie más la dañe y algo me dice que ella lo hará; por algo Isaac ha estado tan cuidadoso en cuanto a ese tema. Isabella pasó por demasiado y, aunque quisiera meterla en una caja de cristal donde nada le haga daño, sé que es momento de que enfrente su pasado para que pueda sanar.

—¿Estás segura? —Ella respira hondo y me mira fijamente.

—Aunque tuvo sus errores, quiero hablar con ella aunque sea una última vez, si esa es su decisión. Quiero que conozca a su nieto y quiero que me explique algunas cosas. Ella no siempre fue una persona horrible y quizás haya cosas que no comprendo. Quizás no la justifican, pero quiero creer que hay más que solo un rechazo. —Sus labios tiemblan y me rompe el maldito corazón ver esa expresión.

Me acerco a ella y la abrazo dejando que entierre su cabeza en mi pecho. Beso lo alto de su cabeza y dejo que mi calor la arrope. Acaricio su espalda y dejo que ella sienta que sigo aquí.

—Entonces te voy a acompañar, no te dejaré ir sola—comento haciendo que ella me mire. Sus ojos brillan con intensidad y es como si le hubiese dado el maldito cielo y no simplemente brindarle mi apoyo.

—¿De verdad?—inquiere y asiento acariciando su rostro. A veces creo que soy demasiado suertudo de tener a una mujer como ella a mi lado.

—Siempre estaré a tu lado, preciosa—susurro antes de besarla con suavidad.

Ella se estremece y me corresponde en silencio.

Me gusta sentirla tan cercana a mí. Amo la relación que estamos construyendo, donde ya no es igual a antes, cuando las mentiras pudieron separarnos. Esta vez nada ni nadie lo hará y es por eso que estoy tan inquieto por todo aquello que puede suponer un problema.

De Kitty ya nos llamarán para una audiencia. Así como, en secreto, me he encargado de que poco a poco la imagen de Rett y la imagen pública de América como modelo vayan yéndose al carajo. Investigué y comencé a sacar al ojo público la mierda de personas que son, así que últimamente se encuentran de un escándalo en otro. Sé que pronto dejarán de tener patrocinadores tan fuertes como los que tienen actualmente. Los voy a joder a los dos hasta que no les quede nada. Quizás, si no hubiesen aparecido de nuevo en nuestras vidas para importunar, no me hubiese importado, pero lo hicieron y es momento de que tomen un poco de su propia medicina.

—Debo hacer la cena—susurra y yo acaricio su mejilla.

—Podrías ser tú la cena—le guiño un ojo y ella se sonroja.

A pesar de que dormimos juntos todas las noches, nunca he intentado ir más allá con Isabella. Luego de lo que ocurrió en la cocina, donde le di placer, me he tenido que controlar muchísimo porque aún hay algunos miedos en ella, pero sé que vamos por el camino correcto para vencerlos.

—No bromees así—murmura intentando ocultar su sonrisa.

La música que tenía cambia a una lenta y yo tiro de ella para poner mi mano en el centro de su espalda y tomar la otra.

—Baila conmigo—le pido y los labios de Isabella forman una sonrisa tan deslumbrante que es maravillosa de ver. Me tengo que controlar para no suspirar de placer solo con observarla y es por eso que la hago girar. Ella se ríe despacio y me quedo pendiente de cada reacción en su rostro, amando todo lo que hace, así que cuando la hago girar y pego su espalda a mi pecho la muevo con suavidad.

Escucho cómo tararea la canción que sigue sonando y yo le sigo el ritmo sin saberme para nada la letra, aunque no es como si me importara en este momento en que la risa de Isabella comienza a subir de intensidad, llenando por completo mi pecho de una calidez imposible de describir.

No recuerdo la última vez que me sentí así de tranquilo.

No porque los problemas hayan desaparecido, porque siguen ahí esperándome apenas ponga un pie fuera de esta casa, sino porque por unos minutos puedo fingir que el mundo se reduce a esta cocina, a la música sonando de fondo y a Isabella riéndose entre mis brazos. Me aferro a esa sensación con fuerza, como si quisiera memorizarla para cuando todo vuelva a ponerse cuesta arriba.




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