Logan
Los gritos de los periodistas me hacen tensar mientras que la seguridad que contraté para hoy impide que lleguen hasta nosotros. Isabella se mantiene a mi lado sin que nada la perturbe; hay unos lentes de sol puestos sobre su rostro, pero sé que todo es fingido por la manera en que sujeta mi mano sin querer que la suelte.
El día de hoy comienza el juicio contra Kitty y, gracias a que moví algunos hilos, tenemos audiencia para America también. El bastardo de Rett debe estar cagándose encima porque anoche le escribió a Isabella pidiéndole perdón y rogando que no lo involucren, y me envió muchísimas pruebas en contra de America porque sabe que la opinión pública es la mitad de nuestra carrera.
Cuando logramos esquivar a toda la multitud nos encontramos a unos pasos de Kitty, quien está hablando con quien supongo que es su abogado y no parece muy feliz o confiada; todo lo contrario, parece un cordero asustado y, en cualquier otra ocasión, me burlaría de ella, pero cuando la miro solo quiero arrancarle la cabeza, y la manera en que tengo que mantener a Isabella a mi lado me hace saber que ella se encuentra de la misma forma.
Kitty levanta la vista y, por un segundo, nuestras miradas se encuentran. Veo exactamente el instante en que comprende que ya no tiene dónde esconderse. Su expresión se tensa y aprieta la carpeta que sostiene contra el pecho mientras su abogado le dice algo al oído. Ella asiente, pero sus ojos vuelven una y otra vez hacia nosotros como si esperara que todo esto desapareciera por arte de magia. Lástima que ya es demasiado tarde para eso.
—No la mires así —murmura Isabella a mi lado. La observo de reojo.
—¿Así cómo?
—Como si quieras desaparecerla del mapa, puede jugar en nuestra contra. —Resoplo.
—Solo estoy considerando opciones.
Por primera vez desde que salimos del coche, una pequeña sonrisa aparece en sus labios. Es mínima, casi inexistente, pero basta para aliviar parte de la tensión que llevo acumulando durante semanas. Las puertas del tribunal se abren y los periodistas vuelven a gritar preguntas.
—¡Kitty! ¿Es cierto que inventó las acusaciones?
—¡Logan! ¿Buscará una indemnización económica?
—¡Isabella! ¿Qué siente después de todo lo ocurrido?
La seguridad nos rodea inmediatamente y seguimos avanzando sin responder. Lo último que necesito es alimentar el circo que esta mujer ha creado. Ya tendrá suficiente atención cuando el juez escuche exactamente lo que hizo.
Entramos al edificio y el ruido queda atrás, tanto que el silencio resulta casi extraño. Mi abogado nos espera junto a los ascensores con una expresión que conozco perfectamente. Está satisfecho, muy satisfecho y eso nos conviene porque significa que nosotros tenemos la ventaja.
—Dime que tienes buenas noticias —le digo.
—Tengo excelentes noticias. —Eso consigue captar toda mi atención.
Mi abogado abre una carpeta gruesa y nos muestra varios documentos.
—Anoche recibimos la autorización para incorporar las pruebas nuevas que envió Rett. —Los ojos de Isabella se abren ligeramente.
—¿Todas?
—Todas.
Por primera vez en semanas siento algo parecido a tranquilidad. Porque esas pruebas no son rumores. No son testimonios dudosos. Son mensajes, audios, capturas, conversaciones completas.
Pruebas reales.
Pruebas que muestran cómo America manipuló situaciones durante años y cómo Kitty decidió publicar información privada sabiendo perfectamente que era falsa.
—Se acabó —murmuro. Mi abogado asiente.
—Sí, Logan. Se acabó.
Las puertas del ascensor se abren y subimos al piso donde tendrá lugar la audiencia. Isabella entrelaza sus dedos con los míos. Ella no dice nada, pero sé exactamente lo que está pensando. Durante semanas nos señalaron. Insultaron a mi hijo. Difamaron a mi mujer. Inventaron historias. Publicaron fotografías de Thiago sin autorización. Convirtieron a un niño inocente en tema de conversación para miles de desconocidos. Y ahora tendrán que responder por ello. Cuando las puertas vuelven a abrirse, encontramos otra sorpresa.
America está al final del pasillo. Su abogado habla rápidamente mientras ella parece incapaz de mantenerse quieta. Tiene el maquillaje impecable y la ropa perfecta, pero sus manos tiemblan tanto que resulta imposible no notarlo. Por primera vez desde que la conozco parece realmente asustada y debería estarlo.
Porque ya no se enfrenta a rumores. Ya no se enfrenta a Isabella ignorándola. Ya no se enfrenta a mí manteniendo silencio. Hoy se enfrenta a las consecuencias. America levanta la cabeza y nos ve, de inmediato su rostro pierde color, la veo dar un paso hacia nosotros y me tenso.
—Isa...
—Ni se te ocurra —la interrumpo antes de que termine.
Ella se detiene mientras sus ojos se llenan de lágrimas. Las mismas lágrimas que utilizó durante años para manipular a todo el mundo. Las mismas que ya no le sirven.
—Solo quiero hablar.
—Yo no —responde Isabella con una calma que resulta mucho más aterradora que cualquier insulto hcaiendo a America tragar saliva.
—Nunca quise que esto llegara tan lejos.
—Mentira. —La palabra sale de los labios de Isabella sin vacilar. —Sabías exactamente lo que estabas haciendo cada vez que mentías. Cada vez que manipulabas. Cada vez que intentabas destruir algo porque no podías tenerlo. Y por favor, luego de lo que hiciste ayer eres una hipocrita en venir aquí y mostrarnos la cara. —America abre la boca, pero no puede decir nada. Mi abogado mira su reloj.
—Es hora. —Las puertas de la sala comienzan a abrirse.
El corazón me golpea con fuerza el pecho mientras observo a Kitty, a America y a sus abogados prepararse para entrar. Isabella aprieta mi mano una vez más y yo respondo de la misma forma.
Luego la miro y ella me mira. Y juntos cruzamos las puertas del tribunal dispuestos a acabar de una vez por todas con las personas que intentaron destruir nuestra familia. Vamos hasta nuestros lugares sentándonos a esperar.