Tiempo Extra

Capítulo 29

Isabella

Pasamos al menos tres semanas con la prensa sobre nosotros y con todo el juicio siendo la noticia del momento, hasta que la ola se fue calmando poco a poco. Sigo yendo al trabajo y volviendo. A Thiago no lo he estado llevando a la guardería, sino que Diana viene a casa de Logan a cuidarlo y, aunque al principio me pareció que estaba abusando de su ayuda, ella parece más que contenta por pasar tiempo con su nieto y Thiago la adora, así que no puse muchas trabas. Justamente ahora me encuentro organizando un suministro de medicamentos cuando siento las manos de Logan en mi cintura. Sonrío; estas manos las puedo identificar donde sea. Es por eso que respiro hondo cuando sus labios depositan un beso en mi hombro.

—No sé por qué pareces mucho más atractiva con ropa de trabajo —susurra—. Quizás porque te vuelves mandona y me encanta.

Me río despacio y luego me sobresalto cuando alguien se aclara la garganta. Cuando giro el rostro, me encuentro con Camille mirándonos fijamente. Logan se ríe divertido y yo lo aparto.

—Creo que es momento de que Logan se vaya. Tu entrenador no ha parado de gritar —masculla ella haciendo una mueca—. Ve y cállalo, que nos dejará sordos. —Logan suspira y besa mi frente.

—Lo haré —dice—. Te veo más tarde, preciosa. —Me guiña un ojo y suspiro como una adolescente cuando él se marcha. Camille simplemente se ríe y yo me sonrojo.

—Ustedes sí que son como dinamita cuando están juntos —me comenta mientras me mira fijamente—. Te trae loca ese hombre. ¿Ya se lo dijiste? —Me encojo de hombros y suspiro.

—Quiero decirle que lo amo, pero no sé por qué, cuando las palabras están por salir, me paralizo. —Camille camina hasta mí y se sienta a mi lado.

—Creo que deberías decírselo sin pensar, porque babeas por él, Isa, y creo que, a este punto, ya nadie puede dudar de lo que sienten el uno por el otro. —Asiento despacio y ella suspira. —¿Cómo sigue tu madre? —cuestiona. —Me muerdo el labio inferior.

—Mi hermano y yo estuvimos hablando, así que con ayuda de Logan la vamos a trasladar a un mejor hospital, con mejores recursos. Está mejorando con el tratamiento, pero debe continuarlo. Además, de esa manera la tendré más cerca y podré ayudar a Isaac. Es momento de que mi hermano pueda vivir su vida sin tener que cargar con mis problemas y con los de mi madre. —Camille suspira.

—Ese chico merece una buena mujer. Deberías presentarle a Laura. —La miro enarcando una ceja.

—¿Ahora eres Cupido? —Ella se ríe despacio y niega.

—No, pero creo que tu hermano es un buen partido para cualquier mujer y ella parece estar pasando un mal momento. Yo creo que serían buena pareja. —Divertida, niego.

—Ya que estamos hablando de buen partido, quiero que me digas qué te traes con el entrenador Ruff. —Camille abre los ojos y me mira con pánico. Creo que es la primera vez que la veo actuar de esa manera; ella parece dudar, y Camille es una mujer que nunca duda.

—Nada —miente descaradamente. Yo suspiro.

—Eso no fue lo que se rumorea ni lo que he visto. —Camille se sonroja y yo sonrío. —Creo que te gusta ese hombre, ¿o me equivoco? —Camille se pasa una mano por el pelo y se aclara la garganta.

—Es… complicado. No lo soporto y él tampoco a mí; sin embargo… confío en que siempre me ayudará. No lo sé, simplemente es raro. —Me río despacio.

—Supongo que lo es. —Ella sonríe un poco y se muerde el labio inferior.

Camille desvía la mirada como si el suelo fuera de pronto lo más interesante del mundo. Nunca la había visto tan incómoda y eso, por alguna razón, me hace querer seguir molestándola un poco más.

—Deja de mirarme así —murmura sin levantar la vista.

—¿Así cómo?

—Como si acabaras de descubrir uno de mis secretos. —Me río despacio.

—¿Lo es? —Ella deja escapar una pequeña risa y niega con la cabeza.

—Ni siquiera yo sé qué es lo que pasa entre nosotros.

La observo unos segundos. Siempre ha sido una mujer segura, de esas que parecen tener todas las respuestas, pero hablar de Ruff consigue que dude de cada palabra que pronuncia.

—Entonces sí te gusta.

—No he dicho eso.

—Pero tampoco lo negaste. —Camille rueda los ojos y termina soltando una carcajada.

—Eres insoportable cuando quieres sacar información.

—Aprendí del mejor. —Ella me señala con un dedo acusador.

—Eso es culpa de Logan.

—Probablemente. —Las dos reímos al mismo tiempo hasta que el sonido de unos golpes secos contra la puerta llama nuestra atención.

—¿Se puede? —pregunta una voz masculina.

Camille se queda completamente inmóvil. Levanto una ceja y sonrío de lado antes de responder.

—Adelante.

La puerta se abre y el entrenador Ruff entra con el ceño fruncido, sosteniendo una carpeta bajo el brazo. Lleva la gorra hacia atrás y una camiseta negra pegada al cuerpo por el sudor del entrenamiento. Sus ojos recorren la habitación hasta detenerse en Camille.

—Aquí estabas. —Ella se aclara la garganta.

—¿Me necesitabas?

—Llevo buscándote veinte minutos.

—Estaba ocupada.

—Lo veo.

El silencio que cae entre los dos es extraño. Ninguno aparta la mirada del otro y por un segundo tengo la sensación de que han olvidado que sigo aquí. No puedo evitar sonreír.

—Creo que interrumpo algo. —Los dos giran la cabeza hacia mí al mismo tiempo.

—No. —La respuesta sale de ambos a la vez. Tengo que morderme el labio para no echarme a reír.

—Claro... nada raro. —Camille me fulmina con la mirada.

—Isa.

—¿Qué? No dije nada. —Ruff resopla con evidente paciencia agotada.

—Necesito que vengas un momento.

—¿Para qué?

—Porque sí.

—Esa no es una respuesta. —Él aprieta la mandíbula.

—Porque hay unos documentos que tienes que revisar y, si no vienes ahora, voy a terminar haciéndolos yo. —Camille suspira exageradamente.

—Qué dramático eres.

—Y tú desesperante.




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