Isabella
Está siendo la noche más hermosa de mi vida. Miro el anillo en mi dedo con una sonrisa; es precioso y yo de verdad siento que no me cabe la emoción en el pecho. Noto que Logan está nervioso mientras conduce y, por un segundo, detiene el auto y se aclara la garganta.
—No quiero que pienses nada malo, pero tengo reservación en un hotel, no es para que hagamos algo, solo que las vistas son preciosas y quería mostrártelas. —Logan se ve nervioso mientras me mira, sus mejillas están sonrojadas como si sintiera miedo de que saliera huyendo en cualquier momento, así que yo me quedo en silencio un segundo absorbiendo lo que él está diciendo.
Siento el corazón latiéndome acelerado cuando comprendo lo que quiere decir. La verdad es que, a pesar de lo que pasó en mi cocina y a pesar de que Logan y yo dormimos juntos todas las noches desde hace meses, nunca ha hecho algo más que abrazarme, nunca se me ha insinuado porque él está esperando a que esté preparada y la verdad es que ya no siento miedo.
El miedo que tenía a ser vulnerable ante él, a que esto que siento me arruine una vez más, a que Logan, luego de tomar todo de mí de nuevo, desapareciera, ya no está.
Siento que ya puedo dar este paso con él, así que también comienzo a sentirme nerviosa como si fuese a perder mi virginidad o algo así, pero este es el único hombre que conocía mi cuerpo, ahora tengo otro y es como si realmente lo estuviese entregando por primera vez. Me siento nerviosa, ansiosa, siento ganas de huir, pero también de quedarme y la sensación de calor comienza a recorrer mi cuerpo al mismo tiempo que la descarga de adrenalina.
—Podemos ir a ver esa habitación y sus vistas, pero también algo más —susurro en voz baja y por un momento pienso que Logan no escuchó porque no responde. Cuando lo miro, sus ojos se encuentran más oscuros que nunca, su cuerpo está paralizado y yo me muerdo el labio inferior tratando de controlar la sonrisa que quiere escapar porque este hombre de verdad que puede quedarse así por cualquier cosa que yo diga o haga, es por eso que estiro una mano hasta su mejilla y la toco con suavidad, me inclino y deposito un beso en sus labios.
—No tienes que sentirte presionada, yo…
—No me siento presionada, quiero hacer esto contigo, Logan. Te amo, confío en ti, quiero que después de cinco años me hagas el amor, el único hombre que ha conocido mi cuerpo y mi alma, quiero que de nuevo lo hagas. —Logan acaricia mi mejilla y respira hondo, como si hasta hacer eso le costara. Él se inclina y captura mis labios en un beso que llena mi alma como solo él sabe hacerlo.
Siento que me cosquillea todo el cuerpo con la emoción de saber lo que haremos, así que cuando Logan se separa siento que el corazón se me saldrá del pecho, así que el guiño juguetón que me dedica me saca una sonrisa.
Él se aleja y pone el auto en marcha y durante todo el camino al hotel solo nos damos miradas y luego las desviamos como si de verdad fuéramos dos adolescentes sin saber qué hacer, pero cuando llegamos al hotel quedo maravillada con lo hermoso que es. Él toma la llave y luego subimos al ascensor cada uno separado del otro, pero al vernos es como si la electricidad nos recorriera y sin darme cuenta no sé quién se acerca primero, si él o yo, solo sé que en un momento estoy mirándolo y al siguiente estoy sobre él besándolo como si no quisiera soltarlo nunca más.
Sus labios se vuelven a sellar sobre los míos apenas la puerta del ascensor se cierra, y el sonido metálico de la cabina subiendo queda opacado por como siento que me retumban los oidos. Logan me acorrala suavemente contra la pared, atrapándome entre la fría superficie del espejo y el calor de su cuerpo. Aprieta su pelvis contra la mía haciéndome soltar un gemido ahogado en su boca, un peso tan familiar que me dobla las rodillas; sus manos no esperan, bajan de mi cintura hasta la curva inferior de mi cadera para levantarme ligeramente, pegándome aún más a él mientras sus labios devoran los míos con fuerza contenida que me deja sin aire. Siento la tensión en sus hombros, el ligero temblor de sus dedos clavándose en mi tela como si temiera que, si me suelta un segundo, me vuelva a desvanecer. No hay espacio para la duda ni para el pudor entre nosotros; nos movemos por puro instinto, buscando desesperadamente reducir a cero la distancia que nos separó durante tanto tiempo.
Cuando el ascensor pita anunciando nuestro piso, nos separamos solo lo suficiente para poder caminar, pero sus dedos siguen entrelazados con los míos de una forma tan apretada que me corta la circulación, marcando un paso urgente y ciego por el pasillo. La llave penas gira en la cerradura cuando Logan ya me está empujando hacia el interior de la habitación. El chasquido de la puerta al cerrarse a nuestras espaldas es la única señal que necesitamos para dejar caer cualquier barrera.
En la penumbra del cuarto, iluminado apenas por las luces de la ciudad que se cuelan por los ventanales, Logan me toma del rostro con ambas manos, obligándome a mirarlo. Sus ojos están oscuros, cargados de un deseo violento pero al mismo tiempo de una adoración tan profunda que me estremece hasta la última fibra.
—Mírate —murmura con voz maravillada —eres tan hermosa y mía —jadea.
Sus manos descienden con una paciencia que me vuelve loca, trazando la piel de mis hombros antes de deslizar la tela de mi ropa hacia abajo, dejando al descubierto la curva de mis pechos que se elevan al ritmo de mi respiración agitada. Logan ahoga una maldición contra mi piel y baja la cabeza para recorrer con la punta de su lengua la línea del escote, subiendo lentamente hasta el punto sensible detrás de mi oreja, donde sabe perfectamente que pierdo el control.
Mi espalda se arquea instintivamente buscando más de su contacto, mientras mis uñas se clavan en la firmeza de su espalda, sintiendo la contracción de sus músculos bajo la tela de su camisa. Él no tiene prisa; quiere cada pedazo de mí, requiere reconquistar cada pulgada de mi piel. Siento el roce de sus pulgares delineando mis costillas, bajando por la cintura firme hasta el borde de mi cadera, acariciando con una presión que me saca un escalofrío electrizante. Cada caricia suya me enciende, cada beso rozando mi vientre bajo me arrebata el aliento y me arrastra más profundo en este incendio que solo él sabe encender.