Logan
El grito de mi hijo me hace reír cuando lo veo correr hacia Isabella y hacia mí. Es una de mis partes favoritas del día, junto con cada despertar y que lo primero que vea sea a Isabella. Cargo a nuestro pequeño, quien se quedó el día de hoy con Isaac. Ambos caminamos a la casa que él está compartiendo con la madre de Isabella. Poco a poco la mujer está mejorando, aunque sean pasos pequeños, se sienten enormes luego del cuadro tan malo que tenía.
Isabella ha dejado que vaya conociendo más a Thiago, muchas veces lo trae con ella o, cuando Isaac lo cuida, permite que estemos a solas. Para una mujer que desconfiaba de dejar a su hijo en cualquier lugar o con cualquier persona, que Isabella deje que mis padres, su hermano y su madre cuiden de nuestro hijo es mucho decir del grado de confianza que siente hacia las personas a su alrededor.
Mi pequeño luego de besarme mira a su madre y, como siempre, sus ojos brillan de emoción, este es el único hombre en el mundo con el que no puedo competir por el amor de mi prometida. Ella se ríe y lo carga desde que él levanta las manos en su dirección y luego grita.
—¡Mami! —grita con alegría mientras que Isabella lo carga y lo llena de besos por todos lados. Los miro y sonrío despacio mientras ella lo besa por todo el rostro.
—Espero que te hayas portado bien —le dice y mi hijo asiente.
—Claro, jugué mucho con el tío y con la abue. —Isabella besa su frente y asiente.
—Vamos, quiero saludarlos —me pide mientras camina con nuestro hijo, quien le está contando todo lo que ha hecho. No puedo evitar mirarlos y sentirme tan completo. Tengo todo lo que quería en el pasado justo ahora, a Isabella, nuestra familia, hijos y la carrera que amo.
Cuando entramos me encuentro a la madre de Isabella mirando una revista, mientras que su hijo está observando un partido de hockey. Nunca comprendí la razón por la cual Isaac no siguió jugando, él, al igual que yo, tenía un enorme amor por el hockey, pero al parecer una de las razones que hicieron que no siguiera adelante fue la enfermedad de su madre y la situación de su hermana, quizás si no me hubiese ido y me hubiese quedado, Isaac hubiese tenido la misma oportunidad que yo.
—Ese fue un buen partido —comento, haciendo que él levante la cabeza y nos mire.
—Sí, lo fue. —En estos meses la relación entre nosotros ha ido mejorando, no somos los mejores amigos, pero ahora puedo decir que estamos volviendo a unirnos, poco a poco y quizás los pasos sean muy pequeños, pero lo estamos haciendo y es lo importante.
No sabía lo mucho que me hacía falta este idiota hasta que volvió a mi vida, fue ese chico con el primero que me embriagué, la primera fiesta a la que salí y cada vez que miro al pasado con alguna locura o momento divertido o triste, él forma parte de cada recuerdo.
—¿Sigues viendo repeticiones de partidos viejos? —pregunto dejando las llaves sobre la mesa. Isaac resopla sin apartar la vista del televisor.
—Al menos alguien tiene que recordar cuando el hockey era bueno. —Suelto una risa.
—Dice el tipo que abandonó el deporte.
—Dice el tipo que todavía cree que era mejor que yo.
—Porque lo era. —Isaac gira la cabeza despacio para mirarme.
—¿Quieres que saque las fotos del torneo juvenil? Porque todavía tengo la del día en que te hice caer de culo delante de medio estadio.
—Fue una sola vez.
—Las suficientes para que lloraras todo el camino de regreso.
—No lloré.
—Claro que sí.
—Tenía doce años.
—Y lloraste.
Lo fulmino con la mirada mientras él comienza a reírse con esa carcajada que hacía años no escuchaba. Niego con la cabeza antes de dejarme caer en el sofá a su lado.
—Sigues siendo un idiota.
—Y tú sigues cayendo igual de fácil. —Le doy un golpe suave en el hombro, el mismo que le habría dado hace diez años, y él me lo devuelve sin molestarse siquiera en medir la fuerza.
—¿Qué hacen? —pregunta Isabella desde la cocina.
—Nada, tu prometido está aceptando que siempre fui mejor jugador que él. —Me echo a reír.
—Isa, dile que deje de inventar cosas delante del niño.
—Mami, ¿quién ganó? —pregunta Thiago asomando la cabeza.
Isabella nos observa a los dos durante unos segundos antes de negar divertida.
—No les hagas caso. Llevan cinco minutos juntos y ya están discutiendo como adolescentes.
—Porque él empezó.
—Porque él nunca superó perder.
Los dos hablamos al mismo tiempo y luego nos quedamos mirando unos segundos hasta terminar soltando una carcajada. Isabella rueda los ojos mientras vuelve a la cocina.
—De verdad parecen hermanos. —La observo alejarse y sonrío sin darme cuenta.
—¿Sabes qué es lo peor? —dice Isaac apoyando los codos sobre las rodillas.
—¿Qué?
—Que tenía razón.
—¿Sobre qué?
—Siempre supe que algún día terminarías casándote con ella. —Lo miro de reojo.
—¿Y no hiciste nada para impedirlo?
—Lo intenté... pero la pobre estaba demasiado enamorada del idiota del equipo. —Una sonrisa se instala en mi rostro mientras niego con la cabeza.
—Menos mal que ese idiota volvió antes de que fuera demasiado tarde. —Isaac me da un pequeño empujón con el hombro.
—Sí... menos mal.
Hay una sonrisa entre ambos para luego seguir a Isabella cuando ella nos grita. Poco a poco mi familia va creciendo.
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El entrenamiento termina y poco a poco la pista comienza a quedarse vacía. Los chicos se despiden entre bromas mientras desaparecen por el túnel que conduce a los vestidores y el sonido de las cuchillas sobre el hielo va desapareciendo hasta que solo queda un silencio agradable. Me quito los guantes despacio mientras observo a Isabella acercarse con Thiago en brazos. Mi hijo lleva puestos unos diminutos patines que compré hace unas semanas y que todavía no ha tenido oportunidad de estrenar. Apenas me ve, estira los brazos en mi dirección.