Tiempo Extra

Capítulo 33

Isabella

Finalmente llegó el día con el que soñé desde que Logan me miró por primera vez a los ojos: el día de mi boda.

Estoy tratando por todos los medios de no llorar porque, luego de cinco años en los que pensé que me quedaría sola, ahora tengo al hombre que he amado desde que era una adolescente. Finalmente estoy cumpliendo uno de mis sueños y es casarme con Logan, como lo planeamos tantas noches al quedarnos hablando hasta tarde.

El vestido de novia es precioso, es todo encaje en la parte superior, apretado en un corsé hasta mis caderas, donde cae suelto. Tengo un moño elegante con algunos flequillos sueltos, me veo preciosa y lo feliz que estoy es lo más bonito de todo.

Cuando giro veo a mi madre, a Diana, a Camille, mi hermosa vecina, quien finalmente se ha graduado, a Laura y a Sabrina, con quien con el paso del tiempo me llevo mejor.

—¿Cómo me veo? —cuestiono y ellas comienzan a gritar y hablar al mismo tiempo.

Sonrío divertida, mientras que el aspecto de mi madre es muchísimo mejor ahora. Aunque hay días más duros que otros, está recibiendo bien el nuevo tratamiento.

—Te ves preciosa, hija —el susurro de mamá me hace sonreír y hacerme morder el labio inferior para no llorar.

—Me casaré con Logan —le digo y ella se ríe.

—Eso era obvio —me dice y miro a Diana.

—Eres la única hija que he tenido, Isa, me siento feliz de que finalmente llegara este momento. —Yo sonrío con las mejillas encendidas.

No pensé que pudiera ser tan feliz sin que el corazón terminara saliéndoseme del pecho. Cada segundo que pasa siento que la emoción aumenta un poco más, que todo esto es real y no uno de esos sueños que tantas veces tuve para luego despertar con la almohada húmeda por las lágrimas. Hoy no hay dolor, no hay miedo, no hay despedidas. Solo existe el hombre al que amo esperándome al final del pasillo y la promesa de que, esta vez, nadie volverá a separarnos. Después de todo lo que vivimos, de cada obstáculo, de cada noche en la que creímos habernos perdido para siempre, la vida finalmente nos está regalando el final que tanto luchamos por alcanzar.

Mientras las chicas terminan de acomodar los últimos detalles, mi mirada recorre el enorme salón donde nos estamos preparando. Todo es exactamente como alguna vez lo imaginamos. Las rosas blancas mezcladas con peonías y pequeños ramos decoran cada rincón porque Logan decía que las rosas eran demasiado clásicas para nosotros, pero que las peonías tenían algo especial, algo elegante sin perder la dulzura. Yo me había burlado de él aquella noche, preguntándole desde cuándo un jugador de hockey sabía tanto de flores, y él, completamente serio, me respondió que había pasado horas investigando porque quería que el día de nuestra boda fuera exactamente como yo lo merecía. Nunca imaginé que realmente recordaría aquella conversación que tuvimos acostados en el sofá mientras Thiago dormía sobre su pecho.

También están las velas flotando sobre enormes recipientes de cristal porque una vez le confesé que siempre había imaginado caminar hacia el altar rodeada de pequeñas luces, como si las estrellas hubieran decidido bajar del cielo solo para acompañarnos. Él no dijo nada en ese momento, únicamente me besó la frente y prometió que jamás olvidaría ninguno de mis sueños. Lo cumplió. Como cumplió el jardín lleno de luces cálidas, la música interpretada únicamente con instrumentos de cuerda y hasta el pequeño rincón de postres donde colocó cada uno de mis favoritos porque, según él, ningún invitado tenía derecho a comer el último pedazo del pastel de chocolate que tanto me gusta.

Una suave llamada en la puerta hace que todas giren al mismo tiempo. Mi respiración se detiene cuando Isaac entra vestido con un impecable traje negro. Durante unos segundos permanece completamente inmóvil, observándome como si no pudiera creer que realmente soy yo quien está frente a él. Sus ojos comienzan a humedecerse poco a poco y entonces deja escapar una risa nerviosa antes de cubrirse el rostro con una mano.

—No... no puede ser... —susurra con la voz completamente quebrada. Mi pecho se aprieta tanto que soy incapaz de decir una sola palabra. Camino hasta él sin apartar la mirada de sus ojos llenos de lágrimas y, cuando apenas nos separan unos centímetros, Isaac me abraza con una fuerza infinita, como cuando era pequeña y él siempre encontraba la manera de hacerme sentir protegida. —Te ves igual a la princesa que mamá decía que ibas a ser cuando crecieras —dice entre risas y llanto al mismo tiempo—. Estoy tan orgulloso de ti, Isa... tan orgulloso. No sabes cuánto te amo.

Las lágrimas que tanto estaba intentando contener terminan escapando sin remedio mientras escondo el rostro en su hombro.

—Yo también te amo.

—Gracias por seguir adelante cuando parecía imposible. Gracias por nunca rendirte. Gracias por regalarme al sobrino más maravilloso del mundo y por enseñarme que todavía existen personas capaces de amar con todo el corazón. —Se aparta apenas unos centímetros para secar mis lágrimas con sus dedos—. Mereces exactamente el hombre que está esperándote ahí afuera.

No puedo responder. Si lo hago voy a terminar llorando de una forma poco elegante y arruinaré todo el maquillaje que tanto trabajo le costó a Laura. Isaac sonríe al darse cuenta de ello.

—Vamos... antes de que Logan derribe la puerta por la desesperación. —Las chicas ríen alrededor de nosotros mientras mi hermano me ofrece su brazo. Lo tomo sintiendo un enorme nudo en la garganta. —¿Lista? —Asiento despacio.

—Más que nunca.

Bajamos las escaleras hasta el primer piso quedando frente a las puertas que dan con el lugar donde será mi ceremonia. Las enormes puertas comienzan a abrirse lentamente después que las damas salen y la música invade cada rincón del jardín. Todos los invitados se ponen de pie al mismo tiempo, pero apenas soy consciente de ellos. Solo siento el suave apretón que Isaac da sobre mi mano mientras empezamos a caminar.




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