Tiempo fuera: la regla de los tres

Capítulo 5

Maga ingresó por arriba del portón dando un gran salto; cada vez que llegaba de buen humor lo hacía.

Hoy había sido un gran día: había logrado descansar en el tren porque viajó sentada, algo que no siempre se daba

—Abuela, llegué! ¡Abuu! —anunció con alegría.

—En el comedor, mi niña, acá estamos —respondió la voz cálida desde el fondo.

Las voces venían del comedor, así que Maga colgó su mochila y su campera en el perchero de la entrada, se cambió el calzado por las zapatillas cómodas de estar en casa y se dirigió hacia allí. Al cruzar el pasillo, se encontró a sus abuelos preparando todo para la cena; el abuelo acomodaba los vasos y la abuela terminaba de pisar el puré.Detrás de ella principal volvió a abrirse y detrás llegó su tía Berenice, trayendo consigo el cansancio del local de ropa pero con una sonrisa al ver el ambiente…

Se sentaron a la mesa y el vapor del puré casero inundó el ambiente. Maga devoraba su milanesa con el hambre de quien tuvo un día largo pero feliz. La tía Berenice, un poco más recuperada tras los primeros bocados, suspiró mirando a su sobrina.

—Hoy el local estuvo tranquilo, pero me llevó toda la tarde ordenar el stock nuevo —comentó Berenice, masajeandose las muñecas—. Igual, no me quejo. Cada vez que entro ahí me acuerdo de tus viejos, Magui. Pensar que esa tienda ya es legalmente tuya... me da un orgullo enorme cuidarla hasta que termines de estudiar.

El abuelo dejó el tenedor de lado y asintió con la cabeza, con esa mirada seria pero protectora de los viejos.

—Es lo que te dejaron es tu respaldo, mi niña. El alquiler de la casa que era de tus papás se deposita puntualmente todos los meses y con eso vamos tirando bien —remarcó el abuelo—. Y ni hablar del otro terreno, el que tiene la tapia alta y la casita a reparar en el fondo. El día de mañana, cuando seas una profesional , tenés ahí una base hermosa para armar lo que quieras.

Maga sonrió de lado, sintiendo el calorcito en el pecho que siempre le daba saberse tan cuidada. Para ella, ese terreno amurallado con la construcción en ruinas era simplemente un lugar donde guardaba recuerdos

—Por ahora que se concentre en los libros —interrumpió la abuela con tono firme pero cariñoso, sirviendo otra porción de puré—. El futuro ya está asegurado, ahora hay que alimentarse

Después de la cena y de ayudar a levantar la mesa entre risas y anécdotas del local de Berenice, Maga saludó a todos con un beso y se subió a su cuarto. Necesitaba adelantar lecturas, pero apenas cerró la puerta y el silencio de la habitación la envolvió, se descubrió pensando en Julián.Se sentó en el borde de la cama, mirando el techo.

Se preguntó si el pibe realmente se habría tomado en serio el trabajo práctico o si le iba a clavar el visto. "Seguro ni buscó información", pensó con una pizca de escepticismo, imaginándoselo en su burbuja de chico rico, ocupado con sus entrenamientos y sus privilegios. No lo hacía de mala, pero la diferencia de realidades era obvia

Justo cuando estiraba la mano para agarrar un apunte de la mesita de luz, el celular vibró sobre el colchón

Lo desbloqueó y arqueó una ceja al ver el nombre en la pantalla. Era un mensaje de Julián

-"Hola, Maga. Te espero mañana después del entrenamiento para empezar con el trabajo. Estuve adelantando unas cosas y ya tengo armada una base. Decime si te queda bien."

Maga se quedó mirando la pantalla con una sonrisa de medio lado. Al final, el atleta corría rápido también para los libros.

¿Qué te parece -pensó




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