Julián frenó en una panadería cheta cerca de la avenida. Bajó, compró dos cafés para llevar y una bolsa de medialunas que inundó el auto con olor a manteca caliente. Cuando volvió y se las estiró, Maga ya estaba buscando la billetera en la mochila.
—Tomá, decime cuánto es lo mío —dijo ella, con el orgullo intacto a pesar de tener el ojo medio lloroso.
Julián la miró y metió primera, negando con la cabeza.
—Dejate de joder, Maga. Invito yo. La próxima te toca a vos, ¿dale? —le tiró con una sonrisa para relajarla
A Maga no le gustaba que le regalaran nada, pero el "la próxima te toca a vos" le sonó tan natural, como dando por sentado que iba a haber una próxima vez,asi que se guardó los billetes y no protestó más.
En vez de quedarse en la cafetería donde los podía ver cualquiera del colegio, Julián manejó directo hacia la Costanera. Estacionó el auto de frente al mar. El día estaba medio gris, el agua se movía picada y el ruido de las olas contra las piedras tapaba todo el barullo de la ciudad. Era el lugar perfecto.A él le encantaba.
Se quedaron un rato en silencio, tomando el café caliente. Maga apoyaba la bolsa de medialunas calentitas contra el tobillo para bajar la hinchazón, mirando fijo el horizonte. Julián la miraba de reojo, esperando que ella hablara cuando quisiera.
—Contame sobre vos —soltó Julián, con una sonrisa de costado y es que ya había esperado mucho—. Te diste cuenta de que nunca hablamos en todos estos años que fuimos compañeros, ¿no?
—Claro, si sos como los Cullen... un inalcanzable, jajaja —tiró ella con tono burlón, haciendo referencia a los vampiros chetos de Crepúsculo.no pudo evitarlo y rio por su ocurrencia
Julián largó una carcajada genuina, tentado. No se esperaba esa comparación para nada.
—!Pará! ¿Tan así nos ven? Nada que ver, posta. Mi viejo labura mil horas y yo soy un colgado bárbaro, pero no muerdo a nadie jajajaja, te juro.
—Bueno, te escucho —dijo él para no darle tiempo a cambiar de tema
Maga parpadeó.
—¿Por qué yo primera ? ¿Por qué no vos?
—dale. Yo pregunté primero ... Después te contesto lo que quieras
—Bueno ok ... . Me llamo Magaly Celeste Frías eso ya lo sabes vivo en provincia seguro eso también lo sabes vivo con abuelos y mi tia por qué mis papás murieron en un accidente de auto —soltó Maga antes de arrepentirse , con la voz un poco seca. Se le quedó la mirada perdida en las olas, pero en realidad estaba viajando en el tiempo—. Íbamos de vacaciones con mis hermanas. Victoria tenía cinco años y Caro quince; yo tenía diez…. Ese día habíamos peleado re fuerte porque Caro no me quería dejar el asiento al lado de la ventanilla, el que iba justo detrás de mi papá. Ella siempre decía que ese era su lugar, pero yo estaba caprichosa y quería ir ahí a toda costa.
Maga tragó saliva, sintiendo que el café en el estómago se le volvía de plomo.
—Mi mamá se enojó y me retó a mí por armar el bardo, así que también me enojé con ella y le dije que era mala madre porque siempre prefería a la mayor y le di vuelta la cara. Pero mi papá... mi papá me abrazó, miró a mamá y le dijo que por esa vez me dejara el asiento a mí. Ese fue su último abrazo.
Julián la miraba de costado, casi sin respirar, completamente conmovido por lo que Magaly le contaba
—No sé cómo fue el choque —continuó Maga, y una lágrima pesada le corrió por la mejilla, seguida de otra—. Solo sé que una camioneta nos embistió. ¡¡¡Qué forro !!!!, me hacés llorar —dijo derrepente secándose las lágrimas y sonriendo apenada—… Los bomberos dijeron después que yo me salvé justamente por estar sentada detrás de mi papá. Él era un hombre corpulento, grandote, se llevó todo el impacto atajando el golpe con su cuerpo. Mi mamá era re chiquita... así que mis hermanas no tuvieron esa misma suerte.
En ese punto, la Costanera desapareció para Magaly. El recuerdo la arrastró directo a esa tarde en la ruta, al olor a nafta y metal quemado. Se vio a sí misma con diez años, llorando desesperada, atrapada entre los fierros mientras veía a sus hermanas . Se acordaba perfectamente de que Viki había muerto en el acto, con su carita de cinco años lesionada. Pero Caro... Caro estuvo con vida un rato más. Entre los quejidos, llegó a estirar la mano y alcanzó a decirle que la quería antes de cerrar los ojos para siempre. A sus papás ni los veía; sólo había fierros aplastados donde tendrían que estar sus asientos.
Ese recuerdo la atormentaba todas las noches de su vida. El dolor de perderlos era enorme, pero lo que la carcomía por dentro era la culpa: se había quedado con el asiento de la ventanilla, y no había podido disculparse con su mamá. Su última palabra hacia ella había sido un desplante de nena caprichosa
Julián la abrazó y ella apoyó la cabeza permitiéndose consolar
Nunca antes había hablado con nadie del accidente ni siquiera con su tía . Julián no dijo nada solo se quedaron así , mirando el oleaje