Tiempo fuera: la regla de los tres

Capitulo 11

El auto de Julián frenó a mitad de cuadra de la casa de Maga. En el viaje de vuelta del colegio hablaron de todo, con una comodidad que antes no existía entre los dos. Julián la ayudó a bajar lo que quedaba de la bicicleta vieja de la baulera y le dedicó una última mirada antes de arrancar.

—Cuidate ese tobillo, Maga. Nos vemos mañana —le dijo con una sonrisa tranquila

—Gracias por todo, Cullen —le devolvió ella, intentando sonar chicanera para esconder la emoción que todavía le daba vueltas en el pecho.

Maga caminó arrastrando los pies y cargando la bici rota como pudo. A medida que se acercaba a su casa, el corazón le empezó a saltar en el pecho. Apoyada contra la reja del frente estaba su tía, con los brazos cruzados y fumando un cigarrillo, mirando fijo la calle. El humo gris se disipaba en el aire de la tarde.

Maga tragó saliva. Sintió un frío en el estómago, temiendo que se le viniera un reto por haber faltado hoy. Pero la cara de su tía cambió por completo cuando la vio bajarse de semejante auto importado y con la bici hecha percha entre las manos. Dejó caer el pucho al piso y lo pisó, caminando rápido hacia ella con los ojos abiertos como platos.

—Magaly! ¿Qué carajo pasó? ¿De quién era ese auto? ¡Y mirá cómo dejaste la bici de tu abuelo! —soltó la tía, agarrándola de los hombros y revisándola de arriba abajo con cara de susto.

Maga suspiró, dejando caer el cachivache de metal contra la pared. No tenía sentido mentir. Magali era una piba transparente con su familia; su tía y sus abuelos la habían criado desde el accidente, eran su búnker, y a ellos jamás les ocultaba nada.

Entraron a la casa y, mientras la tía le acomodaba una bolsa con hielo en el tobillo hinchado, Maga le contó toda su mañana. Le contó desde la desesperación por no perder el tren, el dolor insoportable al pedalear, el momento ciego en que cruzó la avenida y cómo el auto de Julián casi la pasa por arriba. También le contó, con la voz más bajita, cómo terminaron en la Costanera y cómo se había quebrado al hablar de sus papás y sus hermanas.Dándose cuenta ahí que él no le contó nada sobre su vida

La tía la escuchó en silencio, pasándole una mano por el largo pelo para calmarla. Cuando Maga terminó de hablar, la tía soltó un largo suspiro de alivio.

—¡ay mi negra¡... casi me matás del susto —dijo la tía, sentándose a su lado—. Menos mal que este pibe reaccionó rápido. Te digo la verdad: de la escuela me llamaron a la mañana para avisarme que no habías entrado a clases y les parecía raro debido a que no faltas nunca. Atendí yo ¡¡gracias a Dios —dijo Berenice haciendo gestos con las manos -y guardé el secreto. No le dije nada a tus abuelos para no preocuparlos, viste cómo se ponen con la salud del corazón, pero me quedé muy afligida toda la mañana.les dije que habías amanecido adolorida por el partido del sábado —le contó su tía llevándola dentro a tomar algo caliente

—Lo siento Ti —ssbia que a su tía no le gustaba mentir

Maga la miró con culpa, pero su tía le dio un apretón cariñoso en la rodilla sana, demostrándole que estaba todo bien. El peligro ya había pasado.

La tía se paró para juntar las tazas y, antes de irse a la cocina, se dio vuelta mirándola de reojo con una sonrisa pícara y arqueando las cejas.

—Así que Julián se llama el salvador... Che, lo llegué a ver de lejos antes de que arranque. Es un chico muy buen mozo, ¿eh? Todo un chetito de esos que te hacen enojar ¿no?, pero se portó como un señorito con lo de la bici y el café —le tiró en broma, haciéndola poner colorada—. Justo lo que vos necesitás . Me parece que ya va siendo hora de que vayas presentando candidatos en esta casa, Maga.

—¡Tía! ¡Cualquier cosa decís! —saltó Maga, tapándose la cara con las manos de la vergüenza, aunque una sonrisa genuina se le escapó entre los dedos—. Es un compañero nada más, es un pibe de la alta . Dejate de joder jajaja

La tía se fue a la cocina matándose de risa, dejando a Maga sola en el sillón. Magali se acomodó el hielo en el tobillo, mirando hacia la ventana. La rabia y los pensamientos oscuros con los que había arrancado el martes se habían evaporado. Por primera vez en mucho tiempo, sentía una calidez extraña en el pecho, y la cara de Julián no se le salía de la cabeza.

Más tarde, después de cenar con sus abuelos y simular que el tobillo no le dolía tanto para no preocuparlos, Maga subió a su cuarto. Se tiró en la cama y se quedó mirando el techo en penumbras. En el silencio de la noche, la Costanera se le volvió a pasar por la cabeza como una película: el ruido del mar, el olor a las medialunas calientes y, sobre todo, el calor del abrazo de Julián cuando ella apoyó su cabeza en sus hombros. Todavía le daba un poco de vergüenza pero no podía negar que sentía el pecho mucho más liviano.

Dio un par de vueltas en la cama, inquieta, hasta que agarró el celular. Buscó el WhatsApp , entró a la lista de contacto y buscó la foto de Julián. Dudó un montón, con el dedo suspendido sobre la pantalla. El orgullo le decía que no lo hiciera, pero la educación y el agradecimiento genuino pudieron más.

Abrió el chat privado y redactó algo cortito, bien a su estilo:

—Che, gracias por lo de hoy. Por el café, por aguantarme y por traerme Posta gracias

Le dio a enviar. El mensaje salió con un solo tilde gris.

Maga dejó el teléfono sobre la mesa de luz y se puso a leer un libro para distraerse. Pasó media hora. Miró el celular: doble tilde gris. Pasó una hora más, ya era casi la medianoche. La doble tilde se había puesto azul, pero la pantalla seguía vacía. Julián lo había leído, pero no había contestado nada. Ni un "de nada", ni un emoticón, nada.

Maga clavó la vista en el chat, sintiendo un nudo amargo en la garganta. La calidez que había sentido toda la tarde se transformó en un frío incómodo.

Qué estúpida", pensó, tirando el teléfono boca abajo con bronca y tapándose hasta la cabeza con la frazada. Se sintió una tonta por haber pensado, aunque sea por un par de horas, que un pibe como él podía cambiar. Para ella, el mensaje de silencio estaba clarísimo: Julián ya había tenido su dosis de buena acción del año y ahora volvía a ser el Cullen inalcanzable de siempre.




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