Tiempo fuera: la regla de los tres

Capítulo 13

El viaje de vuelta de gimnasia fue un poco más lento por el tobillo, pero cuando Maga y sus dos amigas doblaron en la esquina de la cuadra, se frenaron en seco.

Apoyada contra la reja del frente de la casa, brillando bajo el sol de la tarde, había una bicicleta Specialized rodado 29, de aluminio, con cambios de alta gama y un color rosa mate hermoso. Era una bici actual, de esas caras que usan los ciclistas profesionales; un abismo de diferencia con el cachivache viejo del abuelo.

Maga se quedó con la boca abierta, el corazón dándole un vuelco. Sus amigas abrieron los ojos como platos.

—Pará, Maga! ¿Y esa nave? ¿De quién es? —soltó una de las pibas, tocando el manubrio como si fuera de oro.

—¿que llegó papá Noel?!!

Antes de que Maga pudiera procesar nada, la abuela salió a la vereda con una sonrisa de oreja a oreja.

Qué bueno que llegaron, chicas! —arrancó la abuela, limpiándose las manos en el delantal—. Magaly, no sabés el modoso que vino hace un rato. Un muchacho hermoso, alto... Dijo que era que era amigo tuyo y dejó esta bicicleta nueva para vos.

Maga sintió que la sangre se le congelaba. ¿Julián? ¿Por eso había faltado a la mañana?Maga sintió que la sangre se le congelaba. ¿Julián? ¿Por eso había faltado a la mañana?

—Se quería ir enseguida —siguió contando la abuela, re entusiasmada—, pero justo el maleducado de la verdulería me había dejado una bolsa pesadísima de papas tirada en la vereda y yo no la podía mover. El chico ni lo dudó: la alzó como si nada y a entró hasta la cocina. Así que, por supuesto, lo hice pasar y se tomó un café conmigo. Un encanto de pibe.

Las amigas de Maga se miraron entre ellas, aguantando los gritos de la emoción, mientras la bombardearon con la mirada. Maga, en cambio, miraba la bicicleta con una mezcla de sensaciones que le apretaban el pecho. Era hermoso, sí, pero también era una locura. Esa marca salía una fortuna, muchísima plata.

—No... no puedo aceptarla —susurró Maga, sería, sintiendo que el orgullo no podía permitirke pero sobre todo no quería que él pensara mal de ella—. Es demasiado cara, abuela. Esto cuesta más que todos mis meses de beca juntos. No puedo .

—Bueno bueno, entren que hace frío, después discuten eso —las apuró la abuela, metiéndose a la casa.

Las dos amigas agarraron a Maga de los brazos casi a la fuerza y la arrastraron escaleras arriba directo a su pieza, cerrando la puerta . La charla que se venía iba a ser un interrogatorio con todas las de la ley...

Bueno, dale, cantá —soltó una de ellas de golpe, cruzándose de piernas—. Ayer faltaste, hoy te regalan una Specialized y encima tu abuela dice que es un santo. ¿Quién es? ¡Queremos datos ya!

— y un compañero no te olvides— ah Andrea no se le escapaba una

—¡¡aja!!

Se acomodaron todas en la pieza de Maga. Una de las chicas se sentó en la punta de la cama mientras la otra curioseaba las fotos del estante, esperando el momento justo para tirar la bomba.

—Ay, por favor, Magali! Te pusiste re roja, te delataste sola —saltó una de las chicas, matándose de risa—. A nosotras no nos vas a mentir. Jamás te vimos aceptar nada a ningún pibe, y mirá que te viven tiroteando porque sos hermosa. ¡Queremos datos ya!

Maga resopló, manteniendo la cara seria todo lo que pudo. El orgullo no le iba a permitir soltar el nombre de Julián ni loca, y menos después del visto de anoche y el guiño sobrador del gimnasio.

—Les digo la verdad, pesadas !!: me ayudó un chico, sí. Se me rompió la bici en la avenida, el pibe paró, me alcanzó hasta la Costanera para que me calme, me compró un café y me trajo. Pero ni idea quién es, no le pedí el nombre ni ningún dato —tiró Maga con total naturalidad, encogiéndose de hombros como si no le importara

—pero¿ como se rompió la bici?por qué podría haberse pinchado o se desoldo ohh ,pero ...... no entendí?—Andrea era insufrible a veces

Las amigas se miraron entre ellas, desconfiadas.

—Pará, Maga... ¿Nos estás chamuyando? —le tiró la Rocío, achicando los ojos—. Mirá que hoy en el aula todo el mundo andaba diciendo que qué casualidad que faltaron los dos a clases.

Maga sintió un vuelco en el estómago.

—¿ Los dos quiénes? —preguntó, haciéndose la desentendida

—Y quién va a ser! Julián D'Cano. Justo el martes tenían que juntarse a hacer el trabajo de Historia. En el curso ya saltaron a decir que seguro se re borraron juntos.

—si además ya no separon los bancos

A Maga se le congeló la sangre por un segundo, pero no pestañeó. Sabía que si se ponía nerviosa la iban a re descubrir. Se acomodó el hielo en el tobillo y las miró de reojo, con una sonrisa misteriosa que no decía ni sí ni no.

—Miren lo que quieran, piensen lo que quieran —soltó Maga, clavándoles el misterio—. Yo no les voy a confirmar ni a desmentir nada. Si quieren inventar una novela de Historia, allá ustedes...

Las chicas gritaron de emoción, tomándolo como una semi-confirmación, mientras Maga se daba vuelta para buscar algo en la mesa de luz, ocultando la cara. Por dentro, la cabeza le iba a mil por hora. Si todo el colegio ya estaba hablando de eso, la cosa se iba a poner re picante el jueves cuando tuviera que volver a cruzarse con Julián cara a cara en el aula.

Pero por suerte para Maga, la puerta de la pieza se abrió justo a tiempo.

—Chicas, ya está el agua! —asomó la cabeza la abuela, con una sonrisa—. Bajen que preparé el mate y hay masitas caseras que saqué recién del horno.

El aroma dulce a vainilla y manteca que subía desde la cocina inundó el pasillo, y contra eso no había chisme que valiera. Las masitas de la abuela eran irremplazables. Las dos amigas miraron a Maga, después se miraron entre ellas y, sin dudarlo, salieron corriendo escaleras abajo para asaltar la mesa.

Maga suspiró aliviada, dejándose caer en la cama con una sonrisa. Las había dejado picando y se había salvado por un pelo. Agarró el celular, miró de reojo la bicicleta nueva por la ventana y pensó en el jueves. El misterio seguía ahí, pero al menos por esa tarde, el bardo quedaba suspendido por unos buenos mates.




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