Tiempo fuera: la regla de los tres

Capítulo 14

Esa misma noche, después de que sus amigas se fueron re manijas con las masitas de la abuela y el misterio a medias, la casa quedó en silencio. Maga subió a su pieza, pero no podía concentrarse en nada. Desde la escalera se llegaba a ver la Specialized rosa mate estacionada en el comedor. Le pesaba en la conciencia. Era hermosa, sí, pero era demasiada plata y su orgullo no se lo permitía.

Se sentía en una encrucijada

Se tiró en la cama, agarró el celular y abrió el chat de Julián. Decidida a no dar más vueltas, le escribió yendo directo al grano:

Maga—Che, me encantó la bici ,está buenísima, posta, y te agradezco un montón... pero no puedo aceptarla. Es demasiado cara. Te la tenés que llevar.

Esta vez, Julián no le clavó el visto por horas. El doble tilde azul apareció casi al toque y la respuesta llegó enseguida:

Julián—No seas tonta, Maga. Yo rompí tu bici, yo te la devuelvo. Corta.

Maga apretó los dientes, tecleando rápido con los pulgares.

Maga—Sí, pero la de mi abuelo era una bici vieja de paseo, esta es una Specialized de alta gama. No hacía falta que fuera tan cara, te fuiste al carajo.

Del otro lado, Julián se tomó un minuto. Maga vio el "Escribiendo..." y sintió una puntada de nervios en el estómago.

Julián—Es que es una inversión. Mi idea es que vayamos a andar en bici a la Costanera o a algún lugar donde podamos andar tranquilos. Y yo ni loco me subo a una bici berreta.—y le sumo un estiquer de dos personas andando en bicicleta

Maga se quedó mirando la pantalla, parpadeando sorprendida. ¿Quería volver a salir con ella?

—Aparte, la otra vez pagué yo. Esta vuelta espero que vos pagues el café y las medialunas. No podía salir con vos si tenías una bici trucha, no íbamos a estar en igualdad de condiciones o te creías que me había olvidado.

Una sonrisa enorme se le escapó a Maga a oscuras en su cuarto, aunque se tapó la cara con la almohada como si alguien la estuviera viendo. "Qué pibe tarado", pensó, pero con el corazón latiendo a mil. Julián le estaba ganando la pulseada de orgullo de la mejor manera.

—Bueno, el café y las medialunas te los pago. Pero si me caigo por tu culpa me comprás otra.

—¡Hecho !!Quedamos para el finde entonces

Maga bloqueó el celular y lo dejó sobre el pecho, mirando el techo a oscuras. La bronca por el visto de la noche anterior y los pensamientos raros del gimnasio se habían borrado de un plumazo. Iban a salir el fin de semana.

Se dio vuelta en la cama para intentar dormir, sabiendo que el jueves a la mañana la escuela iba a ser un desafío: caretearla frente a todo el curso y sus amigas, teniendo semejante secreto guardado con el pibe del banco de al lado




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