Más tarde, cuando el festejo empezó a decaer, las chicas se organizaron para ir a dormir a la casa de Maga, pero los muchachos decidieron quedarse en lo de Julián. El ambiente estaba más tranquilo, lejos del ruido de la fiesta sorpresa. Sentados en el living, con las luces un poco más bajas, Julián sintió que ya no podía más y decidió contarles a sus amigos lo que venía pasando con su viejo y cómo todo se estaba yendo al demonio.
Juancho y David escuchaban mudos. No podían creer lo que Julián les revelaba, pero la lealtad del equipo pesó más: estaban de su lado para apoyarlo en lo que sea.
—Cada casa es un mundo, dice siempre mi viejo —lanzó Juancho, tratando de asimilar la información.
—Ni se te ocurra que se te escape algo con tu viejo, por favor —le pidió Julián, con la mirada fija en él.
—Noooo! ¿Estás loco? Con lo que te aprecia mi viejo... —reaccionó Juancho de inmediato—. Si se entera, seguro lo trompea a tu viejo, y mi vieja de seguro lo denuncia o lo escracha en todos lados.
—Juan —lo interrumpió Julián, poniéndose todavía más serio—, te lo digo de verdad. Ni una palabra
—Te agarramos a piñas, Juan, si abrís la boca —amenazó David, cruzándose de brazos.
—Pero ¡ni que no me conocieran! —refunfuñó Juancho, medio enojado por la desconfianza—. Mejor contanos cómo es eso de que andás con Frías, porque no nos vas a salir con el cuento de que están pasando tanto tiempo juntos solo para hacer el trabajo final de Historia —mejor cambiar de tema
—Ah, sí, esa es otra. Aún no nos contaste nada —acordó David, metiendo púa con una sonrisa pícara
—Y bueno... recién nos estamos conociendo. Y, bueno... —Julián se rascó la nuca, sin saber bien cómo arrancar.
—¿Y ya...?! —la pregunta de David, con las cejas levantadas, dejaba entrever perfectamente a qué se refería.
—¡Nooo, boludo! —saltó Julián, defendiéndola—. Ella es una chica bien, no es de esas.
—Ah, ¿y eso qué tiene que ver? —David saltó de su lugar—. Sos un pibe fachero... digamos que carilindo, no más que yo, obvio, pero tenés lo tuyo —David se sabía el más lindo de los tres y tenía un ego enorme respecto a su aspecto—. Y capaz ella desee tu "cuerpa", qué sabés.
—Jajaja, qué tarado que sos! —Juancho lo empujó, saliendo como el caballero de armadura a defender la honra de las chicas—. Mirá que ella se nota que es una chica decente, respetala.
—Y qué, las chicas decentes no tienen ganas, boludo? ¿O dejan de ser decentes por hacerlo? Vos saltás así porque todavía no tuviste nada con ninguna —lo chicaneó David.
—Y vos qué sabés lo que yo hice o no hice! —le retrucó Juancho, ya casi parándose. Estaban por empezar a pelear, como siempre; era la clásica discusión de ellos dos.
—Pará, escuchá! —se calló David de golpe, mirando fijo hacia la tele gigante del living y subiendo el volumen con el control remoto.
El tono de la música incidental del noticiero se volvió pesado. En la pantalla apareció un zócalo rojo de "ÚLTIMO MOMENTO".
..El Fiscal Deolindo Marcial fue hallado sin vida hace instantes en su domicilio en el barrio de Del Monte. Recordemos que el funcionario investigaba una causa de tráfico de blancas a nivel mundial, una red pesadísima recordemos Deolindo debía denunciar formalmente ante la justicia. Trágico panorama, María, una vez más la impunidad está de fiesta en el país..
—Wow, qué mal, che... —exclamó Juancho en voz baja, conmovido. David asintió, con la mirada fija en el periodista.
Ambos estaban de acuerdo en que era una locura lo que pasaba en el país, pero lo que no sabían era el ruido ensordecedor que esa noticia estaba haciendo dentro de la cabeza de Julián. El aire se le congeló en los pulmones. El Fiscal Deolindo Marcial. Un fiscal no podía ser..."quiero a ese fiscalucho muerto."....coincidencia. Julián ya no podía estar tranquilo; el piso se le empezó a mover bajo los pies.Su propio padre había ordenado la muerte de ese hombre,?¿Sería posible? . Julián se puso completamente pálido, la respiración se le volvió corta y sintió una punzada en el estómago.
—Che, Juli, ¿estás bien? Te quedaste blanco, boludo —le dijo Juancho, tocándole el hombro.
—Sí... sí, me bajó un poco la presión por el cansancio —mintió Julián con la voz rota, parándose como pudo del sillón—. Voy al baño a mojarme la cara.
Salió casi corriendo del living, sintiendo que las paredes de la mansión se le caían encima.