El partido contra el colegio LaBelgrano Elite empezó caldeado desde el primer minuto. La rivalidad con ellos era histórica, casi milenaria en el circuito escolar, y las tribunas del club temblaban por los gritos y bombos.
Julián inició la ofensiva cruzando la mitad de la cancha, picando la pelota con la mano derecha, alta y firme, mientras protegía el balón con el cuerpo. El base del equipo contrario intentó presionarlo, pero Julián metió un cambio de ritmo cortante y descargó el pase hacia el perímetro, donde esperaba David. David recibió en la línea de tres puntos, amagó el tiro y, ante la marca pegajosa, soltó un pase flotado para Leandro en la zona pintada; Leandro, acorralado por las torres de La Belgrano, saltó y descargó de espaldas hacia Juancho, que entraba cortando por el fondo de la llave. La rotación era rápida, precisa, buscando quebrar una defensa rival que pegaba más de lo que jugaba.
Julián tenía una marca personal y asfixiante. El encargado de seguirlo era el jugador número 7 de La Belgrano Elite, la estrella indiscutida de su colegio. El tipo era alto, agrandado y jugaba al límite del reglamento, metiendo el cuerpo y los codos en cada rincón. Se le pegó a la camiseta a Julián como una sombra
De un momento a otro, mientras la pelota circulaba por el otro lado de la cancha y ellos dos forcejeaban por la posición cerca del aro, el 7 se le acercó al oído. Con una sonrisa socarrona y el aliento agitado, le soltó con pura malicia:
—Qué lindo culo tiene la Frías... Pensaba invitarla a salir este fin de semana para divertirme un rato con ella.debe der ser muy buena ...—acto seguido le hizo una mueca obscena
Julián sintió una corriente eléctrica de furia que le recorrió toda la espina dorsal. Justo en ese instante, el pase de David venía hacia él. Julián alcanzó a recibir el balón por puro instinto de memoria y lo soltó de inmediato en un pase corto hacia Juancho, antes de que su cerebro terminara de procesar el impacto asqueroso de las palabras del rival.
Se quedó estático en el lugar, clavándole al 7 una mirada asesina que destilaba odio puro. Sus ojos, habitualmente tranquilos, se transformaron en dos brasas.
Normalmente, Julián era el jugador más cerebral y frío de la categoría; jamás caía en insultos o las provocaciones baratas que los rivales usaban para desconcentrar. Pero esta era la primera vez en su vida que tenía un talón de Aquiles. Sentía los latidos del corazón retumbándole en las sienes. En vez de ir a las manos y ganarse una expulsión técnica que perjudicara al colegio, apretó los dientes, tragó veneno y decidió cambiar su estrategia por completo: iba a destrozarlo jugando.
Iba a pasar de ser la presa a convertirse en el cazador.
Se plantó firme para recibir el siguiente pase, le sostuvo la mirada al 7 y, con una voz helada que al rival le movió la estantería, le siseó:
—¿Ah, sí? ¿Querés divertirte conmigo también, pelotudo? Dale Vení .....Vení a buscarla ,oleeee SOS lento —le dijo cuando el siete no pudo sacarle una pelota
Este no se esperaba para nada esa reacción agresiva y plantada del dócil Julián. Acostumbrado a prepotear a todos, se sacó de quicio de inmediato. Perdiendo los estribos, el 7 levantó el brazo derecho y le tiró una piña directa a la mandíbula.
Pero Julián tenía los reflejos encendidos por la adrenalina pura: tiró la cabeza hacia atrás en una fracción de segundo y logró esquivar el puñetazo por apenas milímetros. El golpe del rival dio en el aire, pero lo que el 7 no pudo esquivar fue el silbato ensordecedor del árbitro, que estaba posicionado justo al lado de la jugada. El árbitro pitó de inmediato y, con una tarjeta amarilla en alto, amonestó severamente al 7 por conducta violenta, advirtiéndole que cualquier otro roce significaría la expulsión directa.
El estadio estalló en abucheos para el rival y ovaciones para Julián.
Julián se limitó a levantar las manos, fingiendo inocencia, pero en su interior ya había decidido cómo jugar. El 7 seguía en la cancha, y esa era la mejor oportunidad para humillarlo de verdad.
Con la estrella de La Belgrano Elite condicionada, Julián se transformó en una fiera indomable. Ya no era solo su talento individual; se apoyó ciegamente en su grupete
David se plantó en la defensa como una muralla infranqueable, bajando cada rebote bajo el aro con una agresividad tremenda y pasándole la pelota limpia a Julián para salir de contraataque. Por su parte, Juancho se encargó de hacer el "trabajo sucio": corría toda la cancha metiendo cortinas gigantescas, usando su cuerpo para bloquear a los defensores de LaBelgrano y abrirle el camino a Julián
Gracias a ese sacrificio de sus amigos, Julián pudo brillar de una manera sublime. Sabiendo que tenía las espaldas cubiertas por David y Juancho, se cansó de meter asistencias y triples que hacían estallar a la tribuna. Los contrarios no supieron por dónde les entró el agua ; intentaron presionar a Julián con dos marcas, pero al hacerlo, Julián descargaba la pelota para que Leandro o Juancho convirtieran solos bajo el aro. El equipo entero se potenció, jugando con un ritmo demoledor y logrando cerrar el partido ganando por una diferencia histórica.
Al finalizar, el vestuario fue una fiesta…
Semejante paliza histórica hizo que, al sonar la chicharra del final, el estadio se viniera abajo. Todos saltaron a la cancha a festejar a los gritos, incluido el entrenador, que corrió a abrazar a los pibes porque no se esperaba para nada semejante vuelta del partido tras un arranque tan complicado. Las chicas del equipo de vóley, que habían estado alentando desde la primera fila de la tribuna, bajaron de inmediato para acompañarlos en el festejo, contagiadas por la adrenalina
Ya en el pasillo, camino a los vestuarios, las cargadas no tardaron en llegar. Los muchachos sabían perfectamente en el fondo lo que el otro jugador le había dicho a Julián ; habían captado la furia con la que su amigo había salido a destrozarlo en la cancha.