La mesa del comedor principal de la mansión parecía sacada de una revista de diseño. Vicente no había escatimado en gastos para celebrar su regreso: mandó a pedir un servicio de catering que incluía lomo a la pimienta con reducción de vino tinto y guarniciones sofisticadas que Maga jamás en su vida había visto. El aroma de la comida se mezclaba con el olor a cera de la madera y el perfume importado de Vicente.
El tintineo de las copas de cristal al acomodarse marcaba el inicio de una verdadera tortura psicológica. Julián se sentó al lado de Maga, sintiendo que los cubiertos de plata le pesaban una tonelada. Su interior era un caos de pánico; se repetía a sí mismo que no podía mirar a su padre a los ojos, que si flaqueaba o le temblaba la voz, Vicente, con su olfato de abogado zorro, se daría cuenta de que habían estado en su estudio.
Pero Maga estaba hecha de otra madera. A pesar de que el corazón le iba a mil por hora, su mente estaba activa en modo supervivencia. Recordó en un flash absoluto las noches que había pasado en su pieza curioseando en internet sobre protocolo, etiqueta y cómo se manejaba la gente de la alta sociedad porque quería que el papá de Julián la acepte ; su memoria rápida no la abandonó. Agarró los cubiertos de afuera hacia adentro con una naturalidad pasmosa, se colocó la servilleta de lino sobre el regazo y enderezó la espalda como si estuviera cenando en un palacio .
Vicente, sentado en la cabecera, la observaba con una fascinación que rayaba en el orgullo. Se le caía la baba al ver los modales refinados de la piba.
—Me alegra ver que la juventud de hoy todavía conserva la clase, Magaly —comentó Vicente, cortando un trozo de carne y levantando su copa de vino—. En estos tiempos, es difícil encontrar chicas con una educación tan sólida. Contame, ¿cómo están las cosas por el oeste? Me imagino que tu familia debe estar revolucionada con las próximas elecciones de la provincia.
Julián se congeló con el tenedor a mitad de camino, sintiendo una puntada de terror en el estómago. Una pregunta de examen había llegado.
Maga le dio un sorbo delicado al agua, miró a Vicente con una sonrisa encantadora, de esas que no dejaban traslucir ni una sola emoción, y cortó los tantos de raíz con una elegancia suprema.aunque no sabía de qué hablaba decidió seguir el juego
La política es un ambiente absorbente, señor D'Cano, usted mejor que nadie lo sabe —respondió Maga con voz aterciopelada y mente rápida—. Justamente por eso decidí tomar distancia y venirme a estudiar acá. Mis abuelos insistieron en que me enfocara en mis obligaciones y en los torneo de vóley, así que mantengo un contacto muy medido por ahora otra cosa será al recibirme
—¿Y ya sabés qué pensás estudiar cuando termines el colegio? —preguntó Vicente, inclinándose un poco hacia adelante, más que interesado en la respuesta de la piba.
Maga le sostuvo la mirada con una naturalidad increible y sonrió con la elegancia que requería el momento. Su mente rápida ya había calculado el impacto de sus palabras.
—¿Y cómo podría estudiar otra cosa que no sea abogacía, señor D'Cano? —respondió ella, midiendo cada sílaba de forma conveniente—. Siento que el derecho es la única herramienta real para poner orden en este país.
Los ojos de Vicente se iluminaron. Esa respuesta fue el tiro de gracia para ganárselo por completo.
—Lo mismo le digo siempre a Julián —interrumpió Vicente, mirando de reojo a su hijo con un deje de frustración en la voz—, pero él dale con que quiere ser médico. Una locura habiendo un buffet entero esperándolo
Julián apretó los dientes, sintiendo que la tensión volvía a subirle por el cuello, pero antes de que la cena se volviera una discusión familiar, Maga intervino con una sonrisa conciliadora y un tono sumamente dulce. Tomándolo de la mano para que Vicente lo vea lo miro con todo su amor y dijo
—Claro, es que lo hablamos los otros días, ¿no, amor? —Maga, miraba a Julián con una complicidad infinita para transmitirle tranquilidad—. Es súper normal estar confundido a nuestra edad con una decisión tan importante. Pero él me va a acompañar; ahora sabe que tenemos que estudiar juntos y ser un equipo.
—me encanta —asintió Vicente, dándole un trago a su copa, completamente comprado por la respuesta—. Una mente brillante y centrada. Julián, te sacaste la lotería, de verdad te lo digo. Me alegra enormemente que esta señorita te haga entrar en razones; la abogacía es el único camino real. Hacés muy bien en mantenerte al margen de otras pavadas y armar tu propio camino con ella. El ala oeste de la provincia es un nido de víboras y se necesita una estructura fuerte, como la nuestra, para pisar firme. Van a ser un equipo invencible, de verdad se los digo
Julián forzó una sonrisa, asintiendo con la cabeza, mientras por debajo de la mesa le apretaba la rodilla a Maga en un gesto de agradecimiento infinito. Los dos pibes se acababan de dar cuenta en simultáneo de que la mafia estaba sumergida en una confusión total con el apellido Frías, y ni lerdos ni perezosos, decidieron seguir la jugada.
Para terminar de ablandar el ambiente y que no pareciera un interrogatorio sobre su familia, Maga usó su astucia para desviar el tema hacia algo más liviano: el deporte. Con una sonrisa sumamente educada, miró hacia el extremo de la mesa para integrar al hombre que permanecía en la sombra.
—A todo esto, señor Silvano... Julián me contó que usted también nos acompaña a veces con el equipo —comentó Maga con un tono suave y refinado, ganándose la atención de la mesa --. El otro día por suerte pudimos sacar adelante un partido complicadísimo contra La Belgrano Elite. Los chicos jugaron bárbaro.obviamente Julian se destaco ¿Usted es de seguir el básquet o prefiere el fútbol, como la mayoría?
El tono de Maga fue impecable, el de una verdadera señorita de clase intentando que ningún invitado se sintiera excluido de la conversación. Julián soltó un suspiro imperceptible, aliviado por la naturalidad de su novia. Vicente, por su parte, sonrió complacido por los modales de la piba.