Tiempo fuera: la regla de los tres

Capitulo 29

El viaje de regreso en el auto de Julián lo hicieron en absoluto silencio , después de tal presión se sintieron agotados por la presión Maga solo apoyo la cabeza en el hombro de Julián este solo tenía en mente las fotos que habían encontrado.

Vicente se había despedido en la puerta de la mansión derrochando caballerosidad, estrechando la mano de Maga y recordándole que las puertas de su casa estaban siempre abiertas para una "señorita de su nivel". Silvano solo había hecho un cabeceo seco desde la penumbra del palier. Julián, cumpliendo con el rol de novio atento, avisó que la llevaría directo a su casa, y apenas el portón ruidoso de la propiedad se cerró detrás de ellos, ambos soltaron el aire que retenían en los pulmones.

Las calles de la ciudad estaban desiertas y el frío golpeaba el parabrisas. Julián manejaba con las dos manos fijas en el volante, la mandíbula apretada y la mirada perdida en el asfalto.

—Estuviste increíble, Maga. Te juro que yo sentía que me moría ahí adentro —confesó Julián, ya enfrente la puerta de la casa de ella—. Cuando mi viejo te empezó a preguntar por la política del oeste, pensé que se no se que nos estaba poniendo a prueba y nada creo que sube más que en la cancha

— yo estaba tan nerviosa ....

—Nerviosa !!!!por favor Maga estuviste digna de un Martin Fierro

Maga, apoyada contra la ventanilla, miraba las luces del poste público. El corazón le había bajado un poco las revoluciones, pero la mente le seguía funcionando en modo analítico.

Había que seguirles la corriente, Juli. Si tu papá cree que vengo de una familia patricia de la elite, nos conviene. Nos da tiempo. El problema es el gordo... me miraba de una manera que me revolvía el estómago. No se si tragó el cuento del todo.

Julián apretó el volante con más fuerza, sintiendo una mezcla de asco y furia.

—si lo sé pero creo que es más viejo verde que por otra cosa

—Lo de viejo verde no te lo discuto me revolvía el estómago de ver cómo me miraba

—bueno que me envidie por qué tengo la novia más hermosa — dijo Julie dandole un beso y cortando un poco el ambiente

—Mañana tenemos que poner a resguardo las fotos del catálogo que sacamos con tu celular. En mi casa es un peligro. Quedemos en encontrarnos apenas termine hora mañana, en la biblioteca de la escuela te párese?. Es el lugar más tranquilo y seguro que tenemos querés?

—Dale —coincidió Maga, acomodándose el pelo —. Llevá tu computadora. Supuestamente vamos a juntarnos a terminar el bendito trabajo de historia .

—Cierto, el trabajo. No leí ni una fotocopia, Maga. Estoy al horno.

—Por eso no te preocupes, ya lo tengo todo hecho y redactado de punta a punta o qué pensabas —le restó importancia ella con una confianza ciega—. Con quién crees que estás haciendo grupo — le dijo de manera si arriba abriendo la puerta del auto — Mañana nos vemos allá

Al día siguiente, el ambiente alfombrado y silencioso de la biblioteca escolar se transformó en su búnker secretonprovisorio. Se instalaron en una de las mesas del fondo, medio ocultos detrás de los estantes de enciclopedias viejas, simulando revisar unos manuales de historia . Sin embargo, las pantallas mostraban una realidad muchísimo más oscura.

Ambos sabían que no podían cometer el más mínimo error. Por precaución extrema, Julián había decidido dejar su propia notebook guardada en la mochila; sabían perfectamente que cualquier búsqueda sospechosa en sus dispositivos personales o redes domésticas dejaba una huella digital imborrable en el historial, y si Silvano mandaba a analizar los equipos por orden de su padre, estarían condenados. Por eso, optaron por usar las computadoras de escritorio del colegio. Con manos rápidas, Maga abrió el navegador de la escuela e inició una sesión en modo invitado, asegurándose de no abrir ninguna de sus cuentas personales. De esa manera, al cerrar la ventana, todo el historial de búsqueda, las cookies y los rastros de los buscadores se borrarían para siempre de la memoria local sin dejar rastro de lo que estaban por investigar.

Maga conectó su teléfono a la computadora mediante el cable USB y empezaron a descargar las imágenes del catálogo satinado y las direcciones. El horror de ver esas caras de chicos y chicas jóvenes a la luz del día les causó el mismo escalofrío que la tarde anterior.

Mientras los archivos se transferían, Maga abrió el navegador de una de las computadoras de la escuela para investigar en los archivos digitales de las noticias de los últimos años. Cruzando datos con la mente rápida que la caracterizaba, empezó a buscar registros de desapariciones, operativos policiales y casos vinculados a las redes de trata en la provincia y el país

Julián se encargó de rastrear los antecedentes del fiscal que había fallecido en extrañas circunstancias, el que llevaba la causa principal que rozaba a su padre Descubrieron crónicas periodísticas viejas, anotaciones y cabos sueltos que la justicia ordinaria había archivado por "falta de mérito". A medida que unían los puntos, Julián iba armando un documento de texto extenso, una carpeta digital con conclusiones, mapas de Google impresos en PDF y detalles minuciosos del entramado logístico que manejaba Vicente. Era una bomba de tiempo legal.

—El viaje habría sido una fachada —comento Julián , más para el que para Maga

—Tratemos de buscar algo de Silvano —sugirió Maga en un susurro —. No creo que un tipo así no tenga un rastro, un nombre real, un pedido de captura, algo.

Se enfracasaron en la búsqueda combinando la descripción física, el acento extranjero y los posibles alias, pero la pantalla devolvía siempre el mismo resultado vacío. Silvano era un fantasma, una sombra sin identidad digital que se escondía perfectamente detrás del estudio de abogados de los D'Cano. No había absolutamente nada de él en la red ni siquiera en los padrones

—Es una tumba —masculló Julián, frustrado—. Escondieron todo muy bien




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