Tiempo fuera: la regla de los tres

Capítulo 30

La habitación de Juancho era la típica pieza adolescente. Ubicada en el ala más moderna de su casa en el barrio cerrado, era un espacio amplio, con techos altos y pisos de madera clara que se extendían hasta una enorme ventana que daba al jardín trasero. Pero esa tarde, el lujo y la amplitud de "niño bien" no lograban disipar la atmósfera densa y cargada que se sentía en el aire. La tensión era tal que parecía que las paredes de la habitación se estuvieran cerrando.

Los seis amigos estaban ahí, reunidos formando un círculo estrecho alrededor del escritorio de nogal pulido. El silencio era total, quebrado únicamente por la respiración agitada de Julián. El pibe miró a cada uno de sus compañeros a los ojos, con las manos temblando dentro de los bolsillos de su campera.

Tenemos que contarles algo... —comenzó Julián, rompiendo el hielo con una voz que arrastraba un peso insoportable—. Pero es muy peligroso. Tanto que peligraría la vida de todo aquel que lo sepa. Por eso, primero quiero saber quién se queda... porque necesitamos ayuda, pero el peligro es real

Los chicos se miraron entre sí, desconcertados por la gravedad de sus palabras. Juancho, frunciendo el ceño, dio un paso adelante intentando buscar una lógica racional

—Si es tan peligroso, ¿por qué no vas a la policía? O con tu viejo, Juli... Nadie mejor que él y su buffet de abogados para ayudarlos —dijo Juancho, con la ingenuidad de quien todavía creía en la justicia.

Julián bajó la cabeza un segundo, apretando los dientes para contener el dolor que le partía el pecho. Cuando volvió a levantar la vista, sus ojos marrones estaban al borde de las lágrimas.

—Mi viejo está involucrado —admitió Julián, claramente afectado, dejando caer la verdad como una bomba

El impacto de sus palabras congeló el aire. Rocío se tapó la boca con ambas manos y Juancho dio un paso atrás, completamente descolocado. Andrea, que estaba apoyada contra el armario, miró a Julián y después a Maga, buscando alguna señal de que todo fuera una jodita de mal gusto.

—¿Cómo así? ¿Qué es lo que está pasando? —preguntó ,David con la voz un hilo más grave por los nervios.

Maga dio un paso al frente, poniéndose al lado de Julián y tomándole la mano con fuerza para darle apoyo. Miró al grupo con una seriedad que jamás le habían visto.

—Primero es importante saber quién se queda —intervino Maga, sosteniéndoles la mirada a los cuatro—. Si deciden no participar, nada va a cambiar entre nosotros; son nuestros amigos y los queremos igual. Pero realmente necesitamos ayuda de ustedes. Aunque no queremos exponerlos a semejante mierda, no nos queda otra opción... Por qué estamos solos en esta y la verdad no sabemos que hacer.Son los únicos en quienes confiamos.

Por un momento nadie dijo nada dentro de la habitación de Juancho. Nadie pestañeó. Los cuatro amigos se miraron entre ellos en un segundo que pareció eterno; cruzaron miradas de miedo, de sorpresa, pero sobre todo, de una lealtad inquebrantable. No hizo falta que hablaran. Con un leve asentimiento de cabeza colectivo, sellaron un pacto

Acordaron estar ahí para Julián y Maga, y ser discretos como una secta. De ese cuarto no saldría ni una sola palabra; el secreto moría con ellos.

—Olvídate —rompió el silencio Juancho, con la mandíbula apretada—. Nadie se va a ir a ningún lado. Ahora hablen: ¿En qué estan?

Julián les contó todo liberando un poco ese peso que lo aflijia .cada tanto Magaly lo interrumpía para que respirara y se calmara dado que por momentos las palabras se le atropellaban , cuando por fin terminó el silencio que siguió fue total. Rocío se tapó la boca con las dos manos, con los ojos abiertos como platos, mientras Andrea se sentaba en el piso, apoyando la espalda contra el ropero, pálida como un papel. Juancho y David miraban los tres pendrives plateados que Maga había apoyado sobre el escritorio como si fueran granadas a punto de explotar.

—Pará, pará, déjenme procesar esto... —pidió Juancho, pasándose una mano por la nuca, completamente desencajado—. ¿Me están diciendo que el viejo D'Cano no es solo un abogado cheto, sino que maneja la logística de una red de trata? ¿Y con ese viejo turbio de Silvano vive al fondo de tu casa, Juli?

—Sí —respondió Julián con la voz rota, la mirada fija en sus propias zapatillas—. Lo vimos con nuestros propios ojos en el catálogo que Maga fotografió. Chicos y chicas de nuestra edad, con precios en dólares al lado.

Es una locura... —susurró Rocío, mirando a Maga—. Amiga, estuviste cenando al lado de esos monstruos anoche. Si ese gordo Silvano y si llegan a sospechar algo de tu apellido...

—No va a sospechar, porque no le vamos a dar el gusto —la cortó Maga con firmeza, aunque por dentro recordaba la mirada babosa del mafioso y se le erizaba la piel—. Para eso estamos acá. Vinimos a pedirles ayuda, pero también a advertirles. Esto es peligroso en serio. Si se meten en esto con nosotros, no hay vuelta atrás.

David, que hasta ese momento había permanecido callado cruzado de brazos contra la puerta, dio un paso adelante. Su rostro habitualmente jodón se había transformado en una máscara de seriedad absoluta. Miró a Juancho, después a las chicas y finalmente clavó los ojos en Julián.

—¿Qué dicen? ¿"Si nos metemos"? Si con solo saberlo ya estamos metidos —reclamó David con tono firme— esto va más allá de lo que pensábamos o Juan?

—si yo no ubiese imaginado en la puta vida algo así y menos que tú papá estuviera involucrado yo no sé mi viejo podría ayudar quisas él

—noooo —gritaron maga y Julián juntos

,—podemos involucrar a nadie más si no quieren hagan de cuenta de que no dijimos nada y todo igual ... esto se entiende —dijo Maga y Julián estubo de acuerdo

—Nosotros jugamos en equipo, adentro y afuera. ¿O te olvidás de cómo nos cubrimos las espaldas en la cancha? Somos tres — dijo Juan finalmente aunque no muy convencido mientras miraba a David quien afirmó poniendo la mano en la mesa seguida de la de juan




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