La salida del gimnasio era una auténtica fiesta; las chicas caminaban festejando, a los gritos, cantando y llevando la copa directo hacia las vitrinas de exhibición del colegio para dejar su marca en la historia de la institución. Sin embargo, la alegría se congeló en un segundo: no esperaban encontrarse con don Vicente y Silvano parados justo afuera, rompiendo la burbuja de felicidad.
Vicente saludó a las chicas con una sonrisa, , y le entregó a Magalí un ramo de rosas rojas bellamente decorado, con una tarjeta de felicitaciones en letras doradas. Maga se quedó petrificada, sintiendo cómo el aire se volvía pesado, hasta que Andrea la codeó disimuladamente para que reaccionara.
—Hola... Qué hermosura de arreglo —atinó a decir Maga, saliendo del trance y forzando una amabilidad que no sentía—. Gracias, Vicente. No esperaba verlo, me tomó por sorpresa.
—Agradable espero , ahora sos como una hija para mí —respondió Vicente, dando un paso al frente e inflando el pecho con falsa timidez—. Te vi jugar desde la tribuna. Tenés unas garras, piba... Sos una «grosa», como dicen ahora ustedes.
—Gracias. No sabía que venía, si no, le dedicaba un tanto —respondió ella por compromiso, sintiendo la mirada de todas sus compañeras clavada en la escena.
—Ja, ja, ja! No hacía falta. Verte jugar de forma majestuosa me encantó; empecé a amar el vóley gracias a vos. Y ustedes, chicas, mis felicitaciones. La verdad, me saco el sombrero —dijo él, haciendo una inclinación exagerada mientras las recorría con una mirada lasciva que a Maga le revolvió el estómago.
Pero lo peor era Silvano, que ni siquiera disimulaba. Apoyado contra la pared, las escaneaba de pies a cabeza con un descaro que rozaba lo insultante. Su mirada lo decía todo generando un asco total en las chicas.
—Padre, no sabía que venías —interrumpió Julián, llegando en ese momento junto al resto de los varones del equipo de básquet, rompiendo la tensión del círculo.
—Hijo ingrato, debías avisarme que la querida Magaly jugaba hoy. Estuvo fenomenal. ¡Qué partidazo! —continuó Vicente, ignorando el tono cortante de su hijo y dándose vuelta para mirar a todo el grupo—. Les voy a dar una fiesta el sábado; la vamos a organizar con Silvano para toda tu división en casa, así que están todos invitados. No acepto un no por respuesta. Los espero el sábado.
—Sí, señor, gracias —contestaron la mayoría de los chicos, entusiasmados por la idea de un festejo grande, ajenos por completo a la oscuridad que rodeaba a ese hombre.
Vicente sonrió complacido y tocó el hombro de su hijo, clavándole los dedos con firmeza
—Hijo, ¿podemos hablar un momento a solas?
Se separaron unos metros del grupo, caminando hacia la zona más sombría del estacionamiento. Julián lo miró serio, con los puños cerrados dentro de los bolsillos y la mandíbula tan tensa que le dolía.
—¿Qué hacés acá, padre?
—Vine a ser partícipe de la victoria de tu chica, ¿tan malo es eso? De ahora en más será como una hija para mí, la que no pude tener con tu madre.
A Julián se le heló la sangre al escuchar mencionar a su mamá en esa boca.
—¿Y qué? ¿Ahora va a ser mi hermana? —soltó con una sorna amarga que molestó a Vicente, haciendo que la sonrisa del hombre se borrara por un milisegundo, aunque decidió dejarlo pasar para no armar un espectáculo.
—Te estoy apoyando, ingrato. Deberías estar agradecido.estoy tratando de que nos llevemos bien tan difícil va a ser!
—Ok. Bueno, sí tenés razón , lo siento ygracias, padre —asintió Julián, tragándose el veneno y sin creerle una sola palabra de su discurso paternal.pero aceptando 3l abrazo que este le dió y por un momento sintió que era su papá de antaño
—Bueno, me voy. ¡Adiós, chicos! Los espero el sábado —se despidió Vicente, dándose la vuelta y retirándose junto a Silvano, quien le dedicó a las chicas una última mirada cargada de morbo antes de subirse al auto
—Me dio escalofríos en la nuca —susurró Rocío apenas el auto arrancó.
—A mí también, tiene una energía horrible —se sumó Andrea, frotándose los brazos como si hubiera refrescado de golpe.
Magalí no dijo nada. Miró de reojo a Julián, vio cómo le temblaba levemente el labio inferior mientras miraba fijamente el suelo, y prefirió callar para no herirlo más. El silencio de su novio era ensordecedor
Más tarde, sentados en una cafetería ruidosa cerca del colegio, el grupo buscaba conclusiones, intentando entender la extraña y repentina presencia de Vicente. Julián permanecía en la punta de la mesa, con la mirada perdida en el fondo de su taza de café, completamente absorto en sus pensamientos. Los chicos, llevados por la indignación y sin darse cuenta de su absoluto silencio, empezaron a hablar de lo mierda de persona que era ese hombre, y se como podía hacer lo que hacía , si es que no tenía conciencia
—Yo todavía no lo puedo creer —arrancó Juancho, moviendo la cabeza—. El tipo cae acá como si fuera un santo, regalando flores, y en la tele dicen que está metido en lo peor. Es un cínico.
—Totalmente —se sumó David, indignado—. Gente así no tiene códigos. Te juro que me da asco pensar que caminaba por el club como si fuera el dueño del lugar. Un tipo que as eso con personas ... Lo mejor es una muerte lenta y tortuosa. Que pague por todo el daño que hace.
—Olvidate, para mí es quedarse corto . la cárcel es un premio —opinó Andrea sumando leña al fuego—. Si fuera por mí, a los tipos así hay que caparlos y dejarlos sufriendo en una zanja. No merecen ni un poquito de piedad.
—Son la lacra de la sociedad, destruyen vidas como si nada y después andan de traje sonriéndole a todo el mundo.--siguió david
Magalí, con el corazón en la boca, sentía cómo la mesa se congelaba. Miró de reojo a Julián y vio que se le tensaban los nudillos. Intentaba hacerles señas desesperadas por debajo de la mesa y abrir los ojos grandes para que se callaran, pero los chicos estaban tan metidos en su propia indignación que no entendían y seguían destilando veneno. Cada palabra era un puñal directo al pecho de Julián.