Tiempo fuera: la regla de los tres

Capítulo 37

El sábado llegó muchísimo más rápido de lo pensado. Desde temprano, la casa de Julián se convirtió en un hormiguero de gente yendo y viniendo. Camiones de sonido, técnicos instalando luces y organizadores gritando órdenes transformaron la tranquilidad del lugar en un despliegue descomunal. Lo más impresionante fue lo que armaron en el jardín trasero: los operarios taparon por completo la piscina con una estructura de madera reforzada y, sobre ella, montaron un escenario .

Julián miraba todo desde el ventanal del living, completamente anonadado. Él no tenía ni la más pálida idea de lo que su padre había preparado a sus espaldas; Vicente no había escatimado en gastos. Lo único que le había dicho antes de viajar era que tenía el permiso libre para invitar a quienes quisiera. Y los chicos se habían tomado esa palabra al pie de la letra.

Aprovechando que la orden de Vicente era tirar la casa por la ventana, armaron una convocatoria masiva que sirviera como la pantalla perfecta para lo que tenían que hacer. Invitaron al equipo completo de básquet, a las chicas de vóley, a los de fútbol, tenis y a cuanto deportista hubiera en su escuela. Inclusive al salon completo .Pero no se quedaron ahí: para asegurarse de que el tumulto fuera incontrolable, Maga y Julián hicieron correr la voz e invitaron también a los chicos de La Belgrano, sus eternos rivales de la cancha en vóley y básquet.

La rivalidad deportiva iba a quedar de lado ; el jardín iba a explotar de adolescentes sedientos de fiesta. Mientras veía los últimos retoques del escenario, Julián tocó el pendrive que llevaba escondido en el bolsillo. La marea de gente estaba por llegar, y con ella, la oportunidad de oro para infiltrarse en el despacho de su viejo y la casa de Silvano sin dejar rastro.

Julián escuchó el ruido de unas valijas pesadas rodando por el piso de la entrada. Era su padre que ya salía hacia el norte junto a Silvano y dos de sus guardaespaldas, unos tipos enormes de traje oscuro que no hablaban con nadie.

—Bueno, hijo, nos estamos yendo. Disfrutá de la fiesta, ya está todo pago —le dijo Vicente, dándole una palmada fuerte en el hombro a Julián a modo de despedida.

—buen día padre ,creía que ya habías salido ayer, no te vi al volver anoche

—No tuvimos un inconveniente a último momento por lo que decidí viajar hoy ; disfruten de la fiesta nomás no rompan nada igual quedan Sergio con Marcelo y Omar por cualquier cosa

En ese preciso instante, la puerta principal se abrió y Magalí entró a la casa. Llevaba una mochila colgada de un solo hombro —donde escondía los dispositivos de audio y las cámaras—, pero en sus manos cargaba un paquete envuelto en papel manteca, todavía tibio. Al encontrarse de frente con toda la comitiva de salida, Maga de detuvo, pero no se achicó.

—Hola! Buenas tardes —saludó Maga con una sonrisa fresca y educada, con total naturalidad frente al imponente abogado

—¡Pero miren quién de verdad engalana esta casa! —exclamó Vicente, ensanchando su sonrisa al verla. La energía de esa chica lo cautivaba—. ¿Cómo estás, Magalí?

—Muy bien, don Vicente. Qué pena que justo se están yendo —dijo ella, estirando las manos para ofrecerle el paquete—. Miren, me comentó Juli de que viajaban en auto y les prepare un budín casero de naranja y nuez para la ruta. No sabia si los encontraría o no pero por las dudas se los traje .Con el mate viene bárbaro y les va a acortar el viaje.

Vicente se quedó mudo por un segundo, mirando el paquete tibio. Ese gesto tan simple, le dio un vuelco en el corazón. Le hizo acordar de inmediato a los detalles que tenía su difunta esposa Mariana cuando él recién empezaba.

—Pero qué mujer espectacular , por favor... —dijo Vicente, agarrando el budín como si fuera un tesoro y pasándoselo a Silvano—. Silvano, guardá esto adelante, que no se toque. Nos va a salvar la noche en la ruta.

Vicente miró a Magalí con un orgullo casi paternal, y después miró a Julián, guiñandole un ojo. Mientras caminaba hacia la camioneta que lo esperaba afuera, el hombre seguía silbando bajo, completamente convencido de sus pensamientos: esa piba era, por lejos, era lo mejor que le había pasado a su hijo en la vida. Tenía el carácter fuerte para pisar firme, pero el corazón enorme para cuidar a los suyos. Ya se la imaginaba perfectamente en el futuro, siendo la madre de sus nietos y trayendo de vuelta la luz a la familia.

Silvano subió al asiento del conductor, los guardaespaldas se acomodaron atrás y la camioneta arrancó, perdiéndose en la avenida.

En cuanto el vehículo desapareció de la vista, Magalí soltó el aire que estaba reteniendo y miró a Julián. La dulzura de su rostro se transformó en pura adrenalina.

—¿como.sabias que mi papá estaba? ni yo lo sabia creía que viajo anoche —dijo Julián anonadado

—no lo sabia , eso era para nosotros solo me salió esi —respondio Maga con total naturalidad levantando los hombros —¿listo ? Hoy es nuestra noche

Julián la miró fijamente y luego la beso , sabiendo que ya no había vuelta atrás. La gente estaba por llegar.




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