Tiempo fuera: la regla de los tres

Capítulo 41

Cuando la madrugada empezó a enfriar el ambiente y los últimos invitados se fueron, la enorme casa quedó en un silencio absoluto. Cansados pero con la cabeza a mil, los chicos decidieron que no se iba nadie; necesitaban estar juntos para procesar todo lo que estaba pasando. Armaron una especie de campamento en la sala principal de Julián: arrastraron colchones, llevaron un montón de almohadones, mantas, y prendieron la chimenea para cortar el frío de la noche. Con los restos de comida y bebida que habían quedado de la fiesta sobre una mesa baja, se tiraron a descansar, transformando el lugar en un refugio para ellos solos.

Al principio, la charla fue tranquila y relajada, Se rieron reviviendo los mejores momentos de la noche y, a pesar de todas las cosas malas que sabían que hacía Vicente, tuvieron que reconocer que había sido una sorpresa total que contratara a la banda Pier para que fuera a tocar en vivo. Recordar el pogo y las canciones los hacía sonreír, pero la tranquilidad duró poco. Había un tema muy pesado flotando en el aire: la memoria portátil que habían traído con toda la información.

Bueno —arrancó Juancho, sentándose y mirando el fuego de la chimenea—. Tenemos carpetas enteras con audios, videos y ahora los archivos que le sacamos a Silvano. Venimos juntando todo, pero nunca hablamos de lo más importante: ¿qué vamos a hacer con toda esta información? Algo tenemos que decidir porque no nos podemos quedar de brazos cruzados. Además nos arriesgamos para guardarlos no es correcto tenemos que decidir

Se produjo un silencio muy pesado en la sala. Todas las miradas se posaron en Julián. Él miró las brasas del fuego, suspiró con el alma cansada y les habló con el corazón en la mano, siendo completamente honesto:

—Sinceramente, no sé qué hacer ni cómo hacerlo. Es mi papá. Sé perfectamente que en cuanto esto se sepa y se muestre la verdad, tanto la vida de él como la mía van a cambiar un montón. Se termina todo lo que conozco. Solo que ....no se llamenle egoísmo si quieren..... pero no sé.... no estoy preparado aun para meter a la cárcel a mi viejo

David lo miró con preocupación, pensando en el futuro de su amigo:

—Te entendemos, Juli. Da un miedo terrible pensar en lo que se te viene encima si tu viejo cae. Te vas a quedar solo a cargo de todo esto, o peor, podés llegar a perder la casa, quedarte sin nada en lo económico... La exposición social todo !!Es una situación re jodida para vos.

Julián negó con la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas, y decidió abrirse por completo con ellos:

—No, muchachos, si es por el miedo a quedarme en la calle o perder las cosas, quédense tranquilos. Yo tengo mi propia herencia, la que me dejó mi mamá cuando falleció. Mis bienes y mi plata están totalmente protegidos por ley, así que económicamente a mí no me va a perjudicar en nada lo que le pase a papá. Tengo mi futuro asegurado por fuera de las cosas turbias que hace él. La verdad es que la plata o la herencia me importan un carajo, no me interesa eso. El problema es que es mi papá. A pesar de que se fue por el mal camino y se volvió un monstruo desde que mamá murió... sigue siendo mi viejo. Él ya mandó a matar al fiscal anterior con su gente mientras estaba afuera del país para que no lo culparan de nada. Es durísimo saber que yo puedo ser el que firme su ruina definitiva. Y además no sé si estando preso con Silvano pueda hacer algo a ustedes sobre todo a Magui ...

Magaly le agarró la mano con mucha fuerza para darle apoyo, y Andrea se metió en la charla para aflojar un poco la tensión del momento:

—Nadie te va a apurar a entregar a tu viejo mañana mismo, Juli. Pero hay algo en lo que sí tenemos que ponernos de acuerdo ya. El archivo que encontramos recién en lo de Silvano. El lunes al mediodía van a matar a otra persona.

Ese era el peligro real que los unía a todos en esa habitación. Julián abrió el archivo en la computadora y leyó el renglón en voz alta. Se trataba del nuevo Juez que estaba investigando la muerte del fiscal anterior. Silvano ya tenía la orden de eliminarlo el lunes al mediodía para tapar los crímenes de Vicente.

Rocío, que siempre se mantenía al margen y era la que menos hablaba del grupo, se sentó de golpe en su colchón. Tenía una mezcla de miedo y determinación en la cara.

—Esperen un segundo —dijo Rocío, mirando la pantalla—. Si tenemos el nombre de este hombre, investiguemos quién es. Necesitamos saber a quién estamos tratando de salvar. Andrea, ayudame a buscar.

Andrea se pegó a la computadora y sus dedos volaron por el teclado buscando en las redes y en las noticias locales. En pocos minutos, la pantalla les devolvió la vida entera de aquel Juez, y el ambiente en la sala se volvió todavía más espeso.

—Miren esto... —susurró Andrea, con la voz apretada.

Todos se amontonaron para ver. En las fotos aparecía un hombre de unos cuarenta y pico de años, con una sonrisa transparente, abrazando a su esposa. Pero lo que les dio un golpe directo al estómago fue la imagen más reciente: el Juez aparecía sosteniendo a un bebé recién nacido en brazos. Había sido papá hacía re poquito. Era un jefe de familia que recién arrancaba esa etapa hermosa de la vida.

Un silencio cargado de angustia inundó el living. La realidad les pegó de frente. Ya no se trataba de salvar a un desconocido o a un cargo importante de la justicia; se trataba de un papá que tenía una familia esperándolo en su casa. La idea de que el padre de Julián y Silvano planearan destruir esa familia los llenó de un dolor insoportable, pero también de una fuerza nueva.

—No podemos dejar que lo maten —dijo Rocío, con los ojos brillosos pero firmes—. Más allá de que tenga familia o no, ver esto te parte el alma. Es un buen tipo, es un papá. No nos podemos quedar acá mirando cómo llega el lunes.

—Con lo de tu papá vemos más adelante qué hacemos y cómo lo manejamos —dijo Magaly con mucha firmeza, mirando a Julián y después a todo el grupo—. Pero con esto no hay ninguna duda. Tenemos menos de dos días. El acuerdo ahora es uno solo: como sea, el lunes hay que salvar a ese hombre




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