Silvano entró a su casa como un huracán. Pegó un portazo que hizo temblar los vidrios y, sin sacarse la campera empapada por la llovizna, empezó a descargar toda la furia que traía contenida desde la calle de adoquines. Estaba completamente ciego de la bronca. El plan perfecto, el que le iba a asegurar su lugar en la cima al lado de Vicente, se había ido al demonio por culpa de unos pibes encapuchados.
—¡¡Hijos de puta!! —rugió, tirando un florero de porcelana contra la pared, haciéndolo estallar en mil pedazos.-Hijos de putaaaaaa —no conforme tiro todo lo que tenía arriba de la mesada y la mesa ,las tazas estallaron contra la pared . No le importaba nada. Pateó una silla, tiró al piso los papeles del living y rompió un portarretratos contra el suelo, masticando insultos. La humillación le quemaba el pecho: alguien sabía su plan, alguien le había caminado la calle y lo había dejado en ridículo frente a Vicente
Respirando agitado, intentando calmar las pulsaciones para pensar con la cabeza fría, Una corriente fría le recorrió la espalda.Abajo, pegado al zócalo, el pestillo de la pequeña puerta de la gatera estaba abierto. Silvano se quedó helado, mirando el plástico entreabierto.
Él no tenía mascotas. Nadie usaba esa puertita.
Con el corazón latiéndole con una fuerza distinta, ya no por bronca sino por puro instinto o paranoia, Silvano se agachó despacio. Estiró la mano, empujó la tapa con el dedo y miró hacia el otro lado, dándose cuenta de que daba justo hacia el pasillo exterior. Al levantar la vista hacia la parte trasera del mueble de la computadora, descubrió lo peor: los cables del módem y del disco rígido secundario estaban movidos, y había marcas recientes de dedos sobre la tierra del piso.
El rompecabezas se armó en su mente en un segundo de terror. No había sido un virus, ni una filtración del gobierno. Alguien de adentro, alguien que conocía su casa y el tamaño exacto de esa gatera, se había metido arrastrándose para robarle toda la información de la red de trata y del atentado.
Esa gatera era un descuido inaceptable y lo ridiculizarla si alguien se enteraba
Silvano se levantó de un salto, con los ojos desencajados y una certeza absoluta clavándosele en el pecho: el traidor estaba en la casa grande.Sacó el manojo de llaves del bolsillo y abrió la puerta blindada que siempre mantenía bajo llave. Fue directo al escritorio, encendió los monitores y se metió de lleno a revisar las grabaciones de las cámaras de seguridad de los días anteriores. Necesitaba ver las caras de los que habían estado dando vueltas por el predio. Seguro aprovecharon la fiesta de los pendejos