En la habitación de Julián, el ambiente se sentía extrañamente liviano por primera vez en días. La tormenta seguía golpeando contra la ventana, pero adentro la adrenalina por fin estaba bajando, transformándose en una mezcla de alivio y felicidad pura. Lo habían logrado. Contra todos los pronósticos, un grupo de pibes de secundaria le había ganado de mano a una red mafiosa y el Fiscal estaba a salvo.
Maga estaba sentada en el borde de la cama, mirando de reojo hacia la puerta mientras Julián tecleaba rápido frente a la computadora de escritorio. Estaban desinstalando contrarreloj los programas espejo que habían usado para chupar la información de la casa de Silvano y borrando cualquier rastro del disco rígido.
—Listo, ya borré todo el historial de la de escritorio —dijo Julián, soltando un suspiro largo y pasándose una mano por la cara—. Dejar la información acá era un peligro si mi viejo o Silvano llegaban a revisar. En las netbook es mil veces más seguro. Las podemos esconder en cualquier lado y llevarlas encima. Además están los pendrive
Maga sonrió, guardando la netbook en su mochila y cerrando el cierre con fuerza
—Todavía no puedo creer que funcionó, Juli —susurró ella, con los ojos brillando de la emoción—. Cuando Andrea se metió en el auto pensé que nos matarían a todos. Pero lo salvamos. Salvamos una vida, boludo.fue tan emocionante
—Sí, la verdad que estuvimos impecables —coincidió Julián, sintiendo el orgullo que le inflaba el pecho.
Por una cuestión de pura seguridad y para no levantar sospechas , habían decidido separarse esa misma tarde. No era inteligente que los viesen a todos juntos después del revuelo de la mañana. Ya estaba todo coordinado: cada uno se iba a su casa a descansar, a actuar normal frente a sus padres y a esperar a verse mañana en la escuela
—Mañana nos reunimos con los chicos en la escuela y decidimos qué hacemos con los archivos —dijo Julián.
Justo cuando Maga se colgaba la mochila para despedirse, un estruendo terrible abajo los hizo saltar de la cama. Fue el sonido de una puerta pateada con furia, seguido inmediatamente por los gritos desaforados de Silvano.
—¡Viejo sorete! ¡Salí ! Salí de ahí si tenés huevos! —retumbó la voz de Silvano desde la oficina de Vicente.
Julián y Maga se miraron con el rostro pálido, mudos de terror. El corazón les empezó a golpear el pecho con una violencia salvaje. En lugar de escapar por la ventana, el miedo y el instinto los empujaron a abrir la puerta del cuarto apenitas y a deslizarse por el pasillo en puntas de pie. Se fueron acercando al descanso de la escalera, ocultándose detrás del gran mueble de madera tallada que decoraba el pasillo. Desde ahí, tapados por las sombras, tenían una vista perfecta de la planta baja.
La escena abajo era caótica. Silvano estaba completamente sacado, con los ojos inyectados en sangre y el arma en la mano, revoleando los papeles del escritorio de Vicente.
Vicente se había levantado de su sillón, intentando mantener la postura de jefe, pero el rostro se le desencajaba al ver la locura de su segundo al mando.
—¿Qué carajo te pasa, Silvano? ¿Te volviste loco? —le gritó Vicente, levantando las manos.
—¿¡Loco?!...¡Me mandaste a tu propio cachorro a clonarme la computadora por la gatera! —le escupió Silvano, ciego de odio —. ¡Me querías entregar para limpiarte las manos vos, viejo cagón! ¡Usaste al pibe por qué vos no tenes lo huevos hijo de puta!
—¿De qué.mierda estás hablando? ¡Yo no mandé a nadie! —alcanzó a defenderse Vicente, sin entender nada de la gatera , solo comprendió lo que decía de Julián y eso lo destabilizó por un momento
—para Silvano que paso con Julián explícame
—¡Que te explique que !?que ese Mamerto de tu hijo entro a mi casa con la estúpida esa y me clonaron la computadora !!!ah pero van a ver así ke no te hagas el desentendido !!
Silvano no quería razones. Para él, la traición ya era un hecho. Vicente intentó abalanzarse sobre él para sacarle el arma y se armó un forcejeo violento. Volaron carpetas, una lámpara cayó al suelo y estalló en mil pedazos. En medio del descontrol, Silvano se zafó, dio un paso atrás y apretó el gatillo dos veces.
Los disparos tronaron secos en toda la casa.
Vicente se llevó las manos al pecho, tambaleó un segundo con los ojos abiertos de par en par y cayó pesadamente sobre la alfombra, tiñéndola de sangre. Había muerto en su ley, justo el día en que en su interior planeaba cambiar de vida para recuperar a su hijo.
Atrás del mueble, Julián se tapó la boca con las dos manos para no gritar, mientras las lágrimas le inundaban la cara. Maga lo abrazó con todas sus fuerzas, temblando como una hoja, conteniendo la respiración para no emitir un solo sonido. El horror los paralizó
Abajo, Silvano respiraba agitado, mirando el cuerpo de Vicente. Guardó el arma en la campera y, en su afán de terminar el trabajo y eliminar al supuesto cómplice, subió las escaleras corriendo de a dos escalones directo al cuarto de Julián.
Los chicos, al escuchar los pasos pesados que subían, se deslizaron rápidamente por el piso y se metieron abajo de la larga mesa con mantel del pasillo, quedando completamente invisibles en la oscuridad.
Silvano pateó la puerta de la habitación de Julián y entró como un remolino. Miró para todos lados: la cama estaba deshecha, la computadora de escritorio apagada y el cuarto vacío. Al notar la ventana entreabierta por la llovizna, dio por hecho que el chico se había escapado asustado al escuchar los tiros.
—¡¡pendejo de mierda ya te voy a encontrar y no sabes lo que te espera a vos y esa zorra !!!— susurro lo suficientemente fuerte como para que ellos lo oigan
Justo antes de salir, Silvano vio la mochila de Julián tirada al costado de la cama. Sabía que los pibes guardaban la información en las netbooks de la escuela. Con una sonrisa de triunfo macabro, manoteó la mochila del piso. Estaba convencido de que les había ganado una a los chicos y de que recuperaba los archivos de la red de trata.