Tiempo fuera: la regla de los tres

Capítulo 51

El frío se estaba volviendo insoportable en la casilla, y el dolor en la pierna de Maga ya era una puntada constante que la hacía respirar entrecortado. Julián se había sacado el buzo para envolverlo con fuerza alrededor del muslo; la bala por suerte había rozado, pero la pérdida de sangre y el shock de haber escapado de los tiros la tenían pálida, mareada y con una baja de presión que la hacía temblar de pies a cabeza. Estaba débil, pero con los ojos bien abiertos, aferrada a la mochila.

Julián sentía que el techo de chapa se le caía encima. El mensaje del papá de Juancho prometía una ayuda que nunca llegaba porque, lógicamente, nadie sabía dónde estaban metidos. Estaba por salir a la calle a ciegas a buscar algo para ayudarla cuando el celular de Maga vibró con fuerza sobre la tierra húmeda.

No era un mensaje de Instagram. Era un SMS común, directo a su línea. Julián lo manoteó con el corazón en la boca. Venía de un número desconocido.

“Sé que tenés la otra netbook con mis cosas, mocoso. Mirá lo que te digo: tengo tus amiguitos de la escuela. Si en cuarenta y cinco minutos no estás en la entrada de los galpones viejos de la quema con la computadora , doy la orden y los limpio a todos uno por uno y alas chicas bueno a ellas por ahí todavía no así que no juegues conmigo porque los quemó vivos”.

Era un chantaje desesperado, una amenaza directa a la banda. Para Julián y Maga, que ya habían visto de lo que era capaz Silvano después de lo que le pasó a Vicente, el mensaje era una verdad aterradora. No podían arriesgar la vida de sus amigos.

—Maga... —le dijo Julián, mostrándole la pantalla—. Silvano tiene a los chicos. Sabe de la otra netbook. Tengo que ir. Me tengo que presentar ya mismo.

Maga apretó los dientes, aguantando el dolor, y se apoyó contra la pared para ponerse de pie. La adrenalina le dio un golpe de energía

—No vas a ir solo, Julián —dijo, con la voz temblando por el frío pero con una firmeza tremenda—. Si vas solo, te mata en el acto. Armemos un plan. No nos podemos regalar.

Subieron a la moto y Julián manejó con un cuidado extremo, esquivando las avenidas principales, rumbo a los galpones viejos de la quema. En el camino, metidos en su propia lógica adolescente y creyendo que podían ganarle de mano a la mafia como si estuvieran en una serie de televisión, armaron su estrategia. No iban a entregar la netbook de una.

Una cuadra antes de llegar a la enorme estructura de chapas oxidadas, Julián frenó la moto entre los pastizales.

—Acá te quedás, Maga —le dijo en voz baja, serio—. Escóndete detrás de esos tanques de chapa viejos. Quédate con la mochila y la netbook . Yo voy a entrar a poner la cara y a negociar. Les voy a decir que te tengo oculta en otro lado de la ciudad y que si me pasa algo, la computadora se sube automáticamente a internet. Así los frenamos hasta que suelte a los chicos ,Si ved que todo marcha bien, salís caso contrario te vas y subís todo

Maga lo miró con miedo, pero asintió. Se arrastró con dificultad hacia el escondite entre los escombros oscuros, abrazando la netbook contra su pecho. Julián respiró hondo, se acomodó una mochila vieja que no tenía nada de valor adentro para usarla de anzuelo, y avanzó a pie hacia el centro del tinglado vacío. El silencio del lugar daba escalofríos

—¡Silvano! ¡Ya estoy acá! ¡Dejá a los chicos en paz! —gritó Julián, mandándose en medio del galpón, intentando que no se le notara el temblor en la voz.

De la penumbra del fondo, emergió la figura de Silvano. Tenía los ojos desorbitados, la ropa sucia y un arma pesada en la mano derecha. Miró a Julián de arriba abajo, arqueando una ceja con una sonrisa macabra.

—Viniste, soldadito... ¿Y la piba? ¿Dónde está la netbook? ¡Dame la mochila, pibe! —escupió Silvano dando un paso al frente

—La netbook no está acá, Silvano —le grito Julián, inflando el pecho, tratando de sostener la mentira que había armado con Maga—. Ella está lejos, oculta con la computadora . Llamá a tus matones ahora mismo y deciles que no toquen a mis amigos. Si les pasa algo a ellos o a mí, la netbook se activa y toda tu mierda se sube automáticamente a internet. Dejalos ir y negociamos.

Silvano soltó una carcajada ronca, psicópata, que rebotó en las chapas del techo. Se le reía en la cara por la ingenuidad.

—¿Negociar? ¿Te creíste que podés poner condiciones, pedazo de pelotudo? Tus amiguitos están con las horas contadas si no me das los discos ya. Pero me parece que te salió para el orto la jugada de hacerte el héroe de película.

Antes de que Julián pudiera reaccionar, un grito ahogado llegó desde la entrada del galpón. De la oscuridad de los tanques exteriores, uno de los secuaces de Silvano salió arrastrando a Maga del pelo. La chica intentaba patalear, pero el dolor en la pierna herida la vencía. El tipo la tiró al suelo arcilloso, en medio del galpón, y le arrojó la mochila con la netbook a los pies de Silvano. El mafioso ya tenía toda la zona rodeada y vigilada desde hacía horas; la jugada de los chicos no había servido para nada.

—¡Maga! —gritó Julián, desesperado, dándose cuenta de la tremenda ingenuidad de su plan.

Intentó correr hacia ella, pero Silvano fue más rápido. Avanzó con una velocidad salvaje y le pegó un culatazo tremendo a Julián en la mandíbula que lo hizo caer al piso de tierra, escupiendo sangre. Maga gritó, horrorizada, mientras Silvano levantaba la netbook del piso con una mano y, con la otra, agarraba a Julián del pelo y lo pateaba en las costillas

Luego le levantó la cabeza a la fuerza, apoyándole el cañón frío del arma directo en la frente. Los ojos del mafioso eran los de un tipo acorralado que ya no tenía nada que perder.

—Se te termino la gatera, pibe. Tu viejo se murió por traidor y vos vas al mismo pozo —rugió Silvano, destrabando el percutor de la pistola. Después, desvió la mirada desorbitada hacia Maga, que lloraba en el piso, y una sonrisa asquerosa le cruzó la cara—. A la piba no la voy a quemar todavía. Me va a venir bien para recuperar la plata que me hicieron perder. Va a ser una excelente esclava para mi .. hasta que me canse de ella y la descarte.




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