Tiempo fuera: la regla de los tres

Capítulo 53

La ambulancia los ingresó por la guardia trasera de una clínica médica privada, reservada para el personal de las fuerzas federales en las afueras de la ciudad. El despliegue de seguridad en las puertas era imponente; el papá de Juancho se había asegurado de que ningún cabo suelto de la organización de Silvano pudiera acercarse

A Maga se la llevaron de inmediato a un box de trauma para desinfectar profundamente la herida del muslo y darle los puntos de sutura necesarios, mientras que a Julián lo pasaron por el servicio de radiología para descartar una fractura en la mandíbula. Por suerte, los huesos habían aguantado el impacto, pero el corte interno en la encía requirió varias gasas y un vendaje compresivo que le cubría la mitad de la cara.

Dos horas más tarde, los acomodaron a los dos en una habitación de observación común, amplia y silenciosa, con las luces tenues para que pudieran descansar. Maga tenía una pierna levantada, conectada a un nuevo sachet de antibióticos, y Julián descansaba en el sillón de acompañante al lado de su cama, sosteniéndole la mano como si el mundo fuera a derrumbarse si la soltaba.

El picaporte de la puerta de madera se movió despacio, rompiendo el tenso silencio de la habitación. La puerta se abrió de par en par y los primeros en entrar, casi atropellándose por la desesperación, fueron los abuelos de Maga y su tía. Detrás de ellos, con paso firme pero con el rostro cargado de un cansancio histórico, ingresó el Fiscal, el papá de Juancho. No llevaba puesto el saco; la camisa blanca estaba arrugada, las mangas remangadas hasta los codos y las ojeras delataban que había pasado la peor noche de toda su carrera judicial.

Al ver a Maga con la vía del suero conectada y la pierna vendada, la tía soltó un grito ahogado. Se abalanzó sobre la camilla, envolviendo a su sobrina en un abrazo asfixiante .

—¡Ay, mi nena! ¡Mi vida, por Dios! ¡Qué te hicieron! —exclamaba la tía entre sollozos, besándole la frente—. Casi me muero cuando entró la policía a casa. Pensé lo peor.

El abuelo de Maga, un hombre de manos curtidas, y de pocas palabras se acercó por el otro lado de la cama. Le tomó la mano a su nieta y se la llevó a los labios, con los ojos nublados por las lágrimas, mientras la abuela se sentaba en el borde del colchón, acariciándole las piernas por encima de las mantas térmicas. Revisaban cada centímetro de la chica, atentos a cualquier dolor, respirando aliviados al ver que, a pesar de las vendas, estaba entera. Estaban ahí por el amor ciego a su nieta, pero también arrastrados por el peso de una noche de terror de la que recién se estaban enterando

Luego se asercaron a Julián y lo apapacharon con cariño sabiendo de su reciente estado de horfandad

El Fiscal observó la reunión familiar desde el pie de la cama, cruzado de brazos. Esperó unos minutos en respetuoso silencio hasta que los llantos se calmaron un poco. Luego, carraspeó y clavó su mirada severa primero en Magalí y después, con mucha más dureza, en Julián.

—Bueno... el médico me asegura que los dos van a estar listos para volver a sus casas en un par de horas —empezó diciendo el Fiscal, con una voz profunda que llenó la habitación—. Quiero que sepan qué es lo que va a pasar ahora. Silvano está muerto en la morgue judicial. Sus dos lugartenientes en la quema ya están incomunicados y la red criminal en el Norte está siendo desmantelada por las fuerzas federales en este mismo instante al igual el resto

El hombre hizo una pausa, acomodándose los anteojos.

— Chicos. No les voy a negar que lo que consiguieron es inmenso. Con los datos que rescataron de las netbook, con los servidores espejo y las rutas que desencriptamos a la madrugada, la justicia va a meter presos a tipos que eran intocables desde hacía años. Hicieron caer a un monstruo.....¡¡ Pero que sea la última vez en sus jodidas vidas que se les ocurre ocultar algo así. ¿Me escucharon? Jamás vuelvan a jugar a los detectives.

El Fiscal dio dos pasos al frente, plantándose justo al lado del sillón donde Julián descansaba con la mandíbula vendada. El tono del hombre cambió; ya no hablaba el funcionario público, hablaba el padre y el amigo de la familia de toda la vida. Miró a Julián con una mezcla de bronca y profunda pena.

—Sobre todo a vos te lo digo, Julián. Me dolió acá adentro enterarme de lo que hicieron —le recriminó el Fiscal, señalándose el pecho—. Vos me conocés desde que eras un nene que andaba en pañales. Sos el mejor amigo de Juancho desde chiquito, te cansaste de tomar la leche en el living de mi casa. Sabías perfectamente quién era yo, sabías a qué me dedicaba y sabías de sobra que tu papá y yo éramos conocidos del ambiente, que nos cruzábamos siempre.

Julián bajó la vista, sintiendo el peso de la culpa. Las palabras del Fiscal le calaban más hondo que el culatazo de Silvano.

—Por esa sola pauta, Julián, por la confianza de todos los años que llevamos encima, tendrías que haber venido a hablar conmigo primero —le espetó el Fiscal, con la voz quebrada por la frustración—. El primer día que sospechaste de los negocios de Vicente, el primer día que viste algo raro en esa computadora, tendrías que haber golpeado la puerta de mi despacho. Yo te iba a ayudar, Julián. Hubiéramos armado un operativo federal en silencio, hubiéramos buscado la manera de salvar a tu papá, hubiéramos sacado a Magalí de peligro sin necesidad de pasar por todo este infierno. No hacía falta que casi los mataran en un galpón abandonado para que confiaran en mí. La soberbia de creerse grandes casi nos cuesta la vida de mi hijo, de Maga y la tuya. En definitiva, la de casi todos.

Julián tragó saliva, sintiendo el sabor amargo de la sangre y las lágrimas en la boca. Miró al hombre que lo había visto crecer.

—Perdón... —alcanzó a balbucear Julián, arrastrando las palabras por la inflamación de la cara—. Tuvimos miedo.yo ..no se que decir —julian bajo la vista nublada por las lágrimas . ..…Escuché el noticiero, ... Dijeron ...que mi papá murió en una entradera, en un asalto a mi casa. ¿Van a tapar todo? ¿Qué va a pasar con él?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.