A la semana siguiente, la casa de los D'Cano ya no parecía un hogar; era sólo un enorme caparazón de ladrillos y recuerdos marchitos. Las camionetas del flete ya habían partido hacia la casa de de Maga, cargadas con los pocos muebles que Julián había decidido conservar. El eco de sus propios pasos rebotaba en las paredes desnudas del living, donde todavía se notaban las marcas circulares en el piso donde solían estar los sillones y la mesa ratona. Las ventanas sin cortinas dejaban entrar una luz cruda de septiembre que ponía en evidencia el polvo flotando en el aire.
Julián caminó despacio por el pasillo. Se detuvo un segundo frente a la puerta del despacho de su padre. Adentro ya no quedaba nada: ni carpetas, ni la computadora de escritorio que se había llevado la fiscalía, ni el portarretratos. Solo quedaba el olor a encierro y el vacío. Sintió un nudo en el estómago, pero ya no era esa angustia asfixiante de las semanas anteriores. Era una tristeza mansa, la aceptación de que una etapa de su vida se había terminado para siempre en ese lugar.
Regresó al living, donde Juancho lo esperaba apoyado contra el marco de la puerta de calle, con las manos metidas en los bolsillos del buzo del colegio.
—¿No te olvidás de nada, Juli? —preguntó Juancho en voz baja, respetando el momento de su amigo.
Julián miró a su alrededor por última vez. Miró el rincón del piso donde Vicente había caído aquella noche, el lugar donde se había desatado el infierno. Respiró hondo, llenándose los pulmones de ese aire rancio por última vez, y soltó un suspiro largo.
—No. Ya está todo acá adentro —respondió Julián, señalándole el pecho—. Vámonos.
Salió afuera y agarró el picaporte de bronce de la gran puerta de madera. La empujó despacio, escuchando el clic metálico de la cerradura al encastrar. El sonido del portazo retumbó dentro de la casa vacía y selló el pasado. Julián giró la llave dos veces, guardó el manojo en el bolsillo de la campera y caminó hacia el auto de Juancho sin mirar atrás. El sol de la tarde empezaba a calentar el asfalto. Estaba listo para empezar de nuevo.