VALERIA
El lunes llegó con un cielo gris plomizo que parecía presagiar la gravedad de lo que estaba por ocurrir. El hospital privado de los Knicks estaba blindado por la seguridad que Silas había contratado; la prensa se agolpaba en las puertas, pero dentro, el silencio solo era interrumpido por el pitido rítmico de los monitores.
Dante ya estaba en la cama de pre-operatorio, vestido con la bata azul pálido que lo hacía ver inusualmente vulnerable. A pesar de la medicación previa, sus ojos buscaban los míos con una lucidez que me partía el alma.
—¿Lista para jugar el partido más importante de tu carrera, doctora? —bromeó con voz pastosa, intentando relajarme mientras yo revisaba por décima vez sus constantes vitales.
—Esta vez no hay prórroga, Dante. Solo una victoria limpia —respondí, besando sus nudillos—. Todo el equipo está listo. He seleccionado personalmente a los mejores cirujanos de Nueva York para que me asistan. Yo estaré a la cabecera, coordinando cada milímetro de la reconstrucción. No te va a pasar nada.
—Lo sé. Porque tú nunca me dejas caer —susurró antes de que el anestesista comenzara a administrar el sedante profundo.
Vi cómo sus ojos se cerraban lentamente y, en ese momento, la mujer que lo amaba tuvo que dar un paso atrás para dejar que la cirujana tomara el control. Salí de la habitación para lavarme, pero en el pasillo, Silas me interceptó con una urgencia que no podía ignorar.
—Valeria, Travis ha lanzado su última carta —dijo en voz baja, mostrando una notificación en su teléfono—. Sus abogados han presentado una moción para declarar que todas las decisiones médicas que tomaste con Dante fueron "influenciadas románticamente" y que, por tanto, son nulas. Están intentando invalidar la cirugía de hoy para que, si algo sale mal, el club pueda demandarte y él pueda usar ese caos para negociar su inmunidad.
Sentí una oleada de náuseas. Travis no solo quería salvarse; quería destruir mi reputación en el momento exacto en que yo intentaba salvar a Dante.
—Diles que presenten lo que quieran, Silas —sentencié, colocándome el gorro quirúrgico con manos firmes—. Mi padre tiene los registros de las amenazas de Travis, y Camila está aquí para testificar sobre cómo nos manipularon. Si Travis quiere guerra legal, la tendrá. Pero ahora mismo, mi única prioridad es que Dante Ricci vuelva a caminar sin dolor. No dejes que nadie, ni un abogado ni un mensajero de Jordan Miller, se acerque a esta planta.
Entré al quirófano. El frío de la sala me ayudó a enfocarme. La rodilla de Dante estaba expuesta, una articulación que había cargado con el peso de una ciudad y la ambición de hombres sin escrúpulos. Durante las siguientes cuatro horas, el mundo exterior dejó de existir.
—Bisturí —pedí.
El procedimiento fue una danza de precisión absoluta. Cada fragmento de cartílago que extraía era un pedazo de la toxicidad de Travis que eliminábamos. La rotura del menisco era más profunda de lo que mostraba la resonancia, pero logramos suturarla con una técnica innovadora que yo misma había perfeccionado en mis años de investigación. Mientras trabajaba, podía sentir la presencia de mi padre y de Camila en la sala de espera, rezando por nosotros. Podía sentir la bendición que Camila me había dado anoche, liberándome de la culpa de nuestro distanciamiento.
—Limpieza articular completada. Iniciando microfracturas para estimular la regeneración —informé al equipo.
Mi pulso no tembló ni una sola vez. No podía permitírmelo. Cada vez que el cansancio intentaba nublar mi vista, recordaba a Dante en el Madison Square Garden, sacrificando su cuerpo por el honor de mi familia. Esta era mi forma de devolverle el sacrificio.
Cerca de la quinta hora, cerramos la última incisión. Me quité la mascarilla, empapada en sudor, pero con una sensación de triunfo que no podía comparar con nada.
—La cirugía ha sido un éxito —anuncié al equipo quirúrgico. Hubo un suspiro de alivio colectivo.
Salí del quirófano y encontré a mi padre, a Camila y a Silas esperando en el pasillo privado. Mi padre se levantó de un salto, olvidando su bastón por un segundo.
—¿Cómo está él? —preguntó Camila, acercándose con los ojos empañados.
—Ha salido mejor de lo que esperábamos —dije, abrazándola—. El daño era severo, pero hemos logrado reconstruir la base. Ahora todo depende de la rehabilitación, pero les aseguro que Dante Ricci volverá a caminar con la frente en alto.
Silas se acercó, su expresión era más relajada. —Valeria, mientras estabas dentro, la liga emitió un comunicado. Tras ver las pruebas de espionaje médico de Jordan, han rechazado cualquier apelación de Travis. Su intento de sabotear la cirugía ha sido visto como una obstrucción a la justicia. El fiscal acaba de ordenar su detención oficial sin fianza.
Miré a mi padre y luego a mi hermana. El invierno de Alaska, el miedo en Queens y las sombras de la Quinta Avenida por fin estaban quedando atrás. Travis y Jordan estaban donde pertenecían: en el olvido y frente a la justicia.
—Camila —dije, tomando la mano de mi hermana—, gracias por venir. Tu presencia aquí hoy ha sido la medicina que Dante y yo necesitábamos para cerrar este capítulo.
—Me alegra haber estado aquí, Vale —respondió ella con una sonrisa triste pero llena de paz—. Pero ahora sé que están a salvo. Mañana, después de ver a Dante despierto, tomaré mi vuelo. Alaska me espera, y por primera vez, no huyo de nada. Voy hacia algo bueno.