Todas las formas de perderte

Cap 27

Capítulo 27

Seis meses.

Ese es el tiempo que ha pasado desde la noche en que el mundo se me vino abajo en aquel hospital de la Toscana. Al principio, el dolor era una masa densa que no me dejaba ni respirar, pero hoy, por fin, siento que el aire vuelve a entrar en mis pulmones sin quemar. No fue un proceso fácil, ni mucho menos rápido. Si logré salir de esa cama con la mente despejada fue porque Jade y el señor Leonardo me insistieron tanto que no me quedó más remedio que escucharlos. Me veían tan mal, tan perdida en mi propio laberinto de culpa y tristeza, que terminaron convenciéndome de ir a terapia psicológica. De verdad, la veían muy difícil conmigo.

Ir al psicólogo me salvó. Semana tras semana, fui soltando todo el veneno y la frustración que llevaba dentro. Logré asimilar que Emiliano ya no está aquí, que su luz se apagó en este mundo pero que ahora descansa en un lugar mejor. Entendí que martirizarme no lo traería de vuelta y que seguir haciéndome daño a mí misma solo destruía el futuro por el que él tanto se alegraba. Aprendí a recordarlo desde la paz: ahora sé que puedo rezar por él y, si me nace del corazón, llevarle rosas a su memoria de vez en cuando, pero sin que eso signifique seguir castigándome. He logrado estar mejor así.

Hoy, la oficina de la firma de consultoría corporativa en Milán vuelve a sentirse como mi territorio. Estar concentrada en mis responsabilidades como Asistente Ejecutiva Junior me devuelve el sentido de control que creí haber perdido. Al final de cuentas, me falta muy poco para terminar oficialmente mi carrera de Secretariado Ejecutivo de Alta Gerencia, y el señor Leonardo ha sido un pilar fundamental en todo esto.

Me trató sumamente bien durante todo mi proceso. Lejos de presionarme o exigirle de más a una mente que estaba rota, me dio mi espacio, demostrando una vez más la calidad de ser humano que es. Su paciencia y sus buenos consejos me ayudaron a reincorporarme a mi puesto de trabajo con total seguridad. Ahora puedo revisar los informes, organizar las agendas y manejar los casos corporativos con la misma destreza y excelencia que me trajeron a Italia. He vuelto a mi rutina, tengo estabilidad y, por primera vez en mucho tiempo, siento que vuelvo a tener las riendas de mi propia vida.




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